viernes, 4 de agosto de 2017

“La vida que florece”, 2011. Martin E. P. Seligman

   Martin Seligman  es uno de los psicólogos más prestigiosos que se ha dedicado a profundizar en la “psicología positiva”, visión de la psicoterapia y de la misma vida cotidiana que ha recibido muchas críticas por sus supuestas exageraciones.

La psicología positiva hace más felices a las personas. (…) Los elementos de la misma –felicidad, fluir, sentido, amor gratitud, logros, crecimiento, mejora de las relaciones- constituyen la base del crecimiento personal. 

  En el momento de escribir este libro para el gran público, Seligman quería corregirse un poco a sí mismo, pues antes propugnaba la teoría de la “auténtica felicidad” y ahora sostiene la del “bienestar” o “crecimiento personal”. El error en la búsqueda de la felicidad (“auténtica” o no) estaría en la habitual complicación de la ética utilitarista (“el mayor bien para el mayor número”).

La visión de la felicidad basada en el estado de ánimo relega al 50 % de la población mundial que tiene “afectividad con baja positividad” al infierno de la infelicidad (…) La decisión de construir un circo en vez de una biblioteca basándose  en la felicidad que puede proporcionar tiene más en cuenta a quienes son capaces de disfrutar de un estado de ánimo alegre que a quienes no lo son tanto.

  La “afectividad con baja positividad” no es una enfermedad, y lo que se mantiene en toda visión de la “psicología positiva” es la intención de utilizar los conocimientos de la ya más que centenaria psicología académica para ayudar a todas las personas.

Este libro le ayudará a crecer a nivel personal. Ya está, por fin lo he dicho. En el ejercicio de mi profesión me he pasado la vida evitando hacer promesas imprudentes como ésta. 

   Nada que objetar a tan magnífica intención viniendo además de alguien que ha llegado a ser presidente de la asociación americana de psicología. E igual que el buen médico nos recomienda alimentarnos bien, hacernos nuestras revisiones y practicar un poco de deporte, lo que propone Seligman es que, a  fin de alcanzar el crecimiento personal y el bienestar, tengamos en cuenta

los cinco elementos [que] son la emoción positiva, la entrega [flujo], el sentido, las relaciones positivas y los logros 

  Estos elementos pueden agruparse en el acrónimo inglés “P-E-R-M-A” (Positivethinking-Engagement-Relationship-Meaning-Accomplishment):

Cada elemento del bienestar [PERMA] debe componerse de tres propiedades para contar como elemento: [contribuye]  al bienestar [obviamente]; muchas personas lo buscan por su valor intrínseco, no únicamente para conseguir alguno de los otros elementos; se define y mide de forma independiente del resto de los elementos (exclusividad)

  A esto se suman las veinticuatro “fortalezas” (algo así como “virtudes”) que apuntalan los cinco elementos.

Una fortaleza personal presenta las siguientes características: -la sensación de que se trata de algo propio y auténtico; -la sensación de emoción al mostrarla (…); -una curva de aprendizaje rápida cuando la fortaleza se practica por primera vez; -el anhelo de encontrar nuevas formas de utilizarla; -la sensación de inevitabilidad para emplear esa fortaleza(…); -al utilizar la fortaleza se siente más enérgico en vez de agotado; -la creación y búsqueda de proyectos personales que giran a su alrededor; -alegría, emoción, entusiasmo, incluso éxtasis al utilizarla

  La relación de las “veinticuatro fortalezas”:

Curiosidad/ Amor por el conocimiento/Pensamiento crítico/Originalidad/Inteligencia emocional/ Perspectiva/ Valor y valentía/ Laboriosidad/ Honestidad/Bondad y generosidad/ Amar y dejarse amar /Lealtad/ Imparcialidad y equidad/ Liderazgo/ Autocontrol/ Prudencia/ Humildad y modestia/ Disfrute de la belleza y la excelencia/ Gratitud /Optimismo/ Espiritualidad/ Perdón y clemencia/ Sentido del humor /Entusiasmo

  Todo esto parece complicado a primera vista (y recuerda un poco a las clasificaciones de las virtudes aristotélicas), pero se complica mucho más a la hora de emprender una tarea concienzuda de ejercitación psicológica en busca del bienestar.

Escriba tres cosas que salieron bien durante ese día [en el que se realiza un ejercicio para mejorar el bienestar] y por qué fue así.(…) Al lado de cada acontecimiento positivo,  responda a la pregunta “¿por qué se ha producido?” (…) Lo más probable es que se deprima menos, esté más contento y acabe siendo adicto al ejercicio en el plazo de seis meses.

Dedique un momento concreto para ejercitar una o más de sus fortalezas personales de una forma nueva, ya sea en el trabajo, en casa o en su tiempo libre (…) Por ejemplo: -si su fortaleza personal [más asequible] es la creatividad, una noche podría dedicar dos horas para empezar a trabajar en un guión; (…) –si considera que el autocontrol es una de sus fortalezas, podría ejercitarse en el gimnasio algún día por la tarde en vez de ver la tele

    Esto son solo ejemplos. Uno puede emprender, con la ayuda del terapeuta, toda una organización personal de actividades centrada en el desarrollo de sus “fortalezas” y los elementos del bienestar.

  Y no hay porqué dudar de que se obtengan buenos resultados…

[En] el estudio de “Consumer Reports” (1995) sobre la eficacia de la psicoterapia (…) empleando herramientas estadísticas complejas en un estudio multitudinario, [se] llegó a la conclusión de que la psicoterapia daba buenos resultados en general pero que, sorprendentemente, los beneficios no eran específicos de un tipo de terapia concreto ni de un tipo de trastorno especial.

  Así que casi todo vale, lo cual explica por qué coexisten tantos sistemas diferentes de terapia e incluso por qué funcionan tan bien muchos sistemas de ayuda psicológica no profesionales (por ejemplo, Alcohólicos Anónimos… o las congregaciones religiosas). Y a lo mejor Seligman es el mejor, pero desde luego no es el único que puede ayudarnos a buscar el bienestar.

  Sin embargo, Seligman ha sido atacado por fomentar en exceso el optimismo del “pensamiento positivo”, al que se atribuirían demasiados beneficios, por ejemplo, sobre la salud y el éxito social.

¿Hasta qué punto (…) el optimismo predice la mortalidad general, las enfermedades cardiovasculares, la función inmune y el cáncer? (…) Las personas más optimistas tienen mejores resultados, con un nivel de contraste sólido. (…) El pesimismo y la hostilidad cínica fueron indicadores importantes de cáncer. 

  Esto ha sido muy criticado, por ejemplo, por Barbara Ehrenreich. El peligro sería que se atribuyesen demasiados beneficios al optimismo y muchas personas descuidaran otros controles de su salud más efectivos.

  Y no podría tampoco quedar sin crítica la opinión de Seligman sobre la inesperada crisis económica del 2008, que se atribuyó a un exceso de optimismo ante el imparable crecimiento económico (la burbuja que luego habría estallado).

La afirmación de que el optimismo ha causado la crisis es una sandez. Lo que ha ocurrido es todo lo contrario (…) El pesimismo vírico provocó la crisis económica

  En cualquier caso, el éxito comercial de autores como Seligman (y otros de muchísimo menor prestigio profesional) se hace inevitable porque todos queremos ser felices o, cuando menos, mejorar nuestro “bienestar”. En su libro, se nos ofrecen algunas visiones del comportamiento humano en sociedad que parecen útiles para mejorar nuestra vida. Sobre todo lo parecen porque se relacionan con tendencias ya conocidas en otros tiempos.

Hay cuatro formas básicas de reacción, y solo una fortalece las relaciones (…) Activa y constructiva (…) Pasiva y constructiva (…) Activa y destructiva (…) Pasiva y destructiva

  La buena es, claro, la “activa y constructiva

Reaccionar de forma activa y constructiva (…) [consiste en que, por ejemplo,] escuche con atención cada vez que una persona que le importe le cuente algo bueno que le haya sucedido. Desvíese de su camino para reaccionar de forma activa y constructiva. Pida a la persona que reviva el acontecimiento con usted (…) Dedique mucho tiempo a reaccionar (ser lacónico es malo) (…) Si descubre que no se le da demasiado bien, planifíquelo con antelación

Las empresas con una ratio superior a 2,9:1 entre las frases positivas y negativas experimentan crecimiento económico. (…) [Por ejemplo,] los abogados [se pasan] el día peleando. Seguro que [sus] ratios son muy negativos, quizá de 1:3. Forma parte intrínseca de los litigios. (…) La abogacía es la profesión con los índices más elevados de depresión, suicidio y divorcio. (…) Las mismas estadísticas escuchando conversaciones de parejas durante fines de semana entero [dan los resultados de que ] un 2,9: 1 significa que están abocadas al divorcio. Se necesita una ratio de 5:1  para predecir un matrimonio sólido

    Ya existían manuales de urbanidad de hace varios siglos (de inspiración cristiana, impensables, por ejemplo, en el pensamiento grecolatino) que se referían a actuar de forma receptiva a las emociones ajenas (desarrollando el “ama a tu semejante como a ti mismo”). Quizá sea difícil controlar conscientemente la “ratio” que se refiere a las frases positivas y negativas (llamada “ratio de Losada”, y que ha sido objeto de fuertes críticas por otros especialistas), pero cualquiera puede observar estos fenómenos como síntomas evidentes de prosocialidad o antisocialidad (los vemos, por ejemplo, en el lenguaje agresivo de los delincuentes y en cómo contrasta con el lenguaje de las personas de amplia cultura y alto cociente intelectual). Y algo que nos descubre la psicología es que el cambiar los “síntomas” afecta al origen de estos. Sonreír, aunque sea forzadamente, ayuda al optimismo. Otra cosa es que sea suficiente para obtener cambios decisivos…

  Otra aportación valiosa de este libro es lo que se nos explica sobre la “indefensión aprendida”

Averiguamos que los animales (perros, ratas, ratones e incluso cucarachas) que se han visto indefensos en circunstancias perjudiciales luego se vuelven pasivos y se dan por vencidos en situaciones adversas. (…) Los animales humanos hacen lo mismo (…) En el experimento humano más paradigmático (…) los sujetos se dividen de forma aleatoria en tres grupos (…) Un grupo  (el evitable)  es víctima en una situación perjudicial pero no dañina, como por ejemplo un ruido ensordecedor. Cuando aprietan un botón que tienen delante el ruido desaparece, con lo cual su propio acto evita el ruido.  Un segundo grupo (el inevitable)  es impotente [para actuar y evitar el ruido] (…) La indiferencia aprendida se define por el hecho de que nuestros actos no cambian la situación. (…) El tercer grupo (el de control) no experimenta esa situación.  (…) En la segunda parte [del experimento] los tres grupos se encuentran con una “caja lanzadera”. Cuando una de las personas toca un lado de la caja, el ruido ensordecedor se activa. Si la persona desplaza la mano hasta el otro lado, el ruido se apaga. (…) Las personas del grupo inevitable tienden a permanecer inmóviles. Se quedan quietos y soportan el ruido hasta que se apaga solo.  En la primera parte habían aprendido que sus actos no cambiaban la situación así que en la segunda parte, creyendo que sus actos tampoco cambiarían nada, no intentan apagar el ruido.

  Este tipo de experimentos los podemos relacionar con la teoría del apego, e incluso con el surgimiento de muchos ritos religiosos, en los cuales el emprender cualquier acto deliberado e intencionado (una oración, un sacrificio, una liturgia) ya proporciona bienestar en el sentido de que se está convencido de que se ejerce control sobre lo que antes parecía incontrolable.

  Como anécdota, Seligman menciona que algunas de sus aportaciones sobre este tipo de comportamientos inducidos parece que fueron de aprovechamiento para los psicólogos que asesoraban a los torturadores de Guantánamo. Esto no debe sorprendernos mucho: la psicología es una técnica como otra cualquiera, a pesar de que Seligman parece un poco preocupado por no parecer demasiado conformista.

Impartir cursos de ética a los estudiantes de [economía y finanzas] (…) a quienes lo único que les importa es hacerse ricos rápidamente, no servirá de nada (…) Si se enseñara un curso nuevo (…) sería (…) sobre psicología positiva (…) Si buscamos el bienestar no lo conseguiremos si solo nos interesan los logros 

  Lo cual no resulta convincente. El ambicioso puede decir que sí que le interesan los valores de crecimiento personal, pero también los logros…

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