lunes, 16 de junio de 2014

“Historia del pensamiento antropológico”, 1973. Edward Evans-Pritchard

  En 1973 la antropología era una disciplina científica que incluso había ganado cierta popularidad. Era ya el momento de hacer una historia de sus primeros pensadores modernos, sobre todo de aquellos de finales del siglo XIX y principios del XX, como Emile Durkheim, Levy-Bruhl o James Frazier. Propiamente, el libro "Historia del pensamiento antropológico" está formado por una colección de diversas conferencias que Evans-Pritchard leyó en sus últimos años: sobre Montesquieu, Lord Kames, Ferguson, Millar, Condorcet, Comte, Mc Lennan, Robertson Smith, Maine, Tylor, Pareto, Levy-Bruhl, Frazier, Durkheim y Hertz. Como se verá, ni son todos hoy muy conocidos, ni son todos propiamente “antropólogos”, pues a Montesquieu y a Condorcet los relacionamos con los "“philosophes”" de la Ilustración y a Henri Comte se le recuerda como “padre de la sociología”. No aparecen nombres como Franz Boas ni Bronislaw Malinowski.

  Observemos cómo se planteaba el estudio del ser humano hace cien años

Kames escribió un libro que pretendía ser una historia del hombre en su avance desde el salvajismo hasta la más alta civilización y el progreso. Aceptaba, como Montesquieu, que el clima influía en el carácter de los pueblos, pero creía en las diferencias raciales innatas. Daba una gran trascendencia a la propiedad privada como medida de progreso social.  Dio una original importancia al progreso de las mujeres como medida de avance social. 

  No son cosas disparatadas. Es cierto que la influencia del clima se veía entonces de una forma simplista, pero el condicionamiento del entorno forzosamente había de influir en las reglas de la convivencia. El error acerca de las diferencias raciales innatas tardaría bastante en superarse.

  Otra idea que emerge con fuerza es la de la relevancia de la religión como referente último de las pautas culturales de una sociedad en concreto

Comte consideraba que la religión era la madre de la cultura y el orden social. El protestantismo y las concepciones metafísicas tuvieron que existir porque socavaron la sociedad católico-feudal y provocaron el surgimiento del nuevo orden positivista, al que había que considerar terminal como la dictadura del proletariado y la desaparición del Estado son consideradas por los marxistas como la situación final.
  
La idea de un movimiento continuo y concreto en una dirección fue provocada por primera vez, según Comte, por el cristianismo.

  Todavía hoy el concepto de religión de Emile Durkheim es considerado uno de los más acertados de todos

Seguramente fue de Comte de donde Durkheim derivó su teoría de la religión, de que es la sociedad lo que los hombres veneran cuando es a los dioses a quienes creen adorar. 

   Auguste Comte, que falleció en 1857,  influyó también en que

Durkheim adoptó en gran parte la misma posición de que no hay lugar para una ciencia intermedia entre la ciencia orgánica y las ciencias sociales

Lo que Comte quería decir principalmente con “filosofía positiva” era que al indagar la naturaleza de la vida social habíamos de ser rigurosamente científicos y basar nuestros procedimientos en el modelo de las ciencias naturales que ya estaban establecidas.

   Evans-Pritchard parece muy interesado en Comte, un personaje un tanto extraño a ojos de la mayoría de los críticos actuales. Él lo considera un estudioso de las ciencias sociales más propio del siglo XX que del XIX. Aunque sin duda era bastante del siglo XIX en sus ideales utópicos, como cuando diseñó su “Religión de la Humanidad”

Con su propio calendario litúrgico y sus sacramentos (para Comte, el culto precedía al dogma) que estaba copiada de la estructutra de la Iglesia de Roma. (…) Su nueva sociedad regida por industrialistas en vez de guerreros, y científicos en vez de sacerdotes, en representación de los poderes temporal y espiritual (otra de las nociones que Comte tomó de la época medieval), iba a estar regulada a una escala que los comunistas envidiarían.

   Veamos otro  caso: el estudio de las formas de la familia según otro autor del siglo XIX, Mc Lennan (muerto en 1881)

En su libro “Primitive Marriage”, Mc Lennan desarrolló la teoría de que el origen de la ceremonia matrimonial está en un rapto.  La forma simbólica es una supervivencia de la forma real primitiva. El rapto era una necesidad de la exogamia, el buscar mujeres fuera del propio grupo para evitar la endogamia.  La exogamia ha prevalecido por la práctica primitiva del infanticidio de las hembras, común entre los salvajes debido a las difíciles condiciones de subsistencia. Eso llevó al rapto de las mujeres de los pueblos con los que se mantenía una guerra constante y a la poliandria, por escasez de mujeres dentro del grupo. Pensaba que la poliandria quedaba probada por causa del parentesco a partir de las mujeres (una mujer puede ser madre de hijos de distintos hombres). Pero hoy sabemos que la poliandria es muy rara.  El levirato (casarse con la cuñada viuda), según Mc Lennan, es una supervivencia de la poliandria primitiva.

  No se equivocaba tanto Mc Lennan en la conexión con el levirato porque el más conocido de entre los raros casos de poliandria que se han registrado se trata precisamente de hermanos que comparten (en vida) a una misma mujer.… Y parece cierto que la comunidad de varones que buscan hembras fuera del grupo (algo muy raro en los mamíferos no humanos) es una de las características fundamentales del comportamiento social primitivo. Ahora sabemos que los Neandertales también construían sus grupos familiares a partir de varones emparentados que se procuraban mujeres forasteras (por intercambio o por violencia…).

  Ya entrando en los autores del siglo XX, aparecen las primeras reflexiones acerca del funcionamiento del procesamiento cognitivo como un hecho diferenciador del comportamiento humano en las distintas culturas

Levy-Bruhl creía que existía una mentalidad primitiva claramente diferenciada de la mentalidad civilizada.  Los civilizados estamos dirigidos por la lógica, en el sentido de que normalmente buscamos las causas de los fenómenos en los procesos naturales, e incluso cuando nos enfrentamos a un fenómeno para el que no tenemos explicación damos por supuesto que es porque carecemos de os conocimientos suficientes. En el pensamiento primitivo todo está dirigido por lo sobrenatural. Pero hoy no se acepta esta visión de dos tipos de mentalidades diferentes. Hoy se piensa que Levy-Bruhl presentó a los primitivos como más supersticiosos y místicos de lo que en verdad son.

  La descripción de la magia y el procesamiento de lo sobrenatural sería también realizada hace más de cien años y en buena parte sigue siendo válida hoy. Por supuesto, hoy sabemos más, porque hemos podido encontrar las raíces de la percepción de lo sobrenatural en nuestra propia naturaleza humana

Para Tylor y Frazer el hombre primitivo cree en la magia porque razona incorrectamente a partir de sus observaciones, para Levy-Bruhl razona incorrectamente porque su raciocinio está determinado por las representaciones místicas de su sociedad. El individuo aprende los modelos de pensamiento en los que se establecen las conexiones místicas.

Frazer describe cómo opera la magia en base a dos principios básicos: la de que lo semejante atrae lo semejante, y la de que todo lo que está en contacto sigue siempre en alguna medida en contacto.  Frazer incluirá la cuestión del tabú como “magia negativa”. 

Frazier se equivocaba al clasificar evolutivamente los pueblos más primitivos, evolucionando de la magia a la religión y después a la ciencia. Hoy vemos que hay pueblos primitivos que apenas conocen la magia y otros que, siendo muy primitivos, ya son animistas y creen en los espíritus.  La magia es un sistema de rituales más que una serie de asociaciones mentales entre los fenómenos. Pero sí podemos decir que la magia es una técnica propia de pueblos simples.

  En resumen, y según el prólogo del libro a cargo de André Singer, colaborador de Evans-Pritchard:

La importancia de esta revisión de Evans-Pritchard del pasado de la antropología, de estos ensayos sobre diversos antecesores, escritos o concebidos en momentos sumamente diferentes de su carrera y su desarrollo, consiste en que esclarecen su propio punto de vista sobre la relación de su trabajo con el desarrollo de la disciplina.

  Y nos plantea algunas de las cuestiones fundamentales que ocuparon al autor de esta recopilación de críticas a sus predecesores

¿Es la sociedad la consecuencia de nuestros rasgos individuales o al revés? ¿Pueden los seres humanos vivir sin el Estado? ¿Es universal la razón o está vinculada al orden social?

  Para el lector actual, leer sobre Comte, Condorcet o John Millar (éste, fallecido en 1801) nos retrotrae a una época  muy lejana en el tiempo, una etapa que nos parece incluso tenebrosa (con esclavitud, racismo, analfabetismo, maltrato legal a mujeres y niños) en la que una minoría de individuos, preservados en un entorno académico muy restringido (prácticamente, todos se conocían unos a otros), gozando de la protección de unos cuantos  privilegiados del poder político que habían visto algo en ellos, de acuerdo con una lejana tradición de respeto al conocimiento, aportaron una reflexión lúcida acerca de la naturaleza humana a fin de contribuir a la mejora y superación de las terribles contradicciones entre las flaquezas humanas (la parte “instintual” del ser racional) y sus posibilidades futuras de progreso (la parte “cultural” del ser humano).

  Algunos de entre estos hombres, como Comte o Condorcet, fueron apasionados idealistas que buscaron la utopía, otros, como Millar o Mc Lennan, fueron apacibles estudiosos de mentalidad progresista, un poco tal como imaginamos todos a Charles Darwin. Ellos cimentaron, artículo a artículo, libro a libro, una visión del ser humano como especie universal, sin distinción entre el “primitivo” y el “civilizado”, un estudio honesto y profundo del comportamiento humano mediante el almacenamiento de datos, la comparación, la inducción y la reflexión ponderada. Sus descubrimientos han llegado finalmente a los medios de comunicación de masas y en buena parte siguen siendo aceptados hoy por la gran mayoría de personas cultas.

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