lunes, 25 de abril de 2016

“No solo por los genes”, 2005. Richerson y Boyd

   Descubrimientos recientes han confirmado la importancia de la herencia genética también a la hora de determinar las pautas del comportamiento humano, tanto a nivel individual como de grupo, sin embargo, está claro que no se puede exagerar este hecho en absoluto, y no solo por lo políticamente peligroso que es, sino porque ignora los factores de cambio social más importantes.

Los genes son como una receta, pero una en la cual los ingredientes, la temperatura de la cocción y demás son establecidos por el ambiente.

  El ambiente es cambiante, y los genes tardan mucho en adaptarse a sus rápidos cambios. En el ser humano, la cultura (las peculiares pautas de comportamiento transmitidas de generación a generación) cumple mejor que la genética esa función de adaptación.  

En contraste [con los simios], hay mucha variación del comportamiento entre los grupos humanos. Tal variación es el motivo por el que tenemos cultura: para permitir a los grupos diferentes acumular diferentes adaptaciones a una gran cantidad de entornos. Por sí misma, tal variación no basta para dar lugar a la selección de grupo, para que la selección de grupo sea una fuerza importante debe operar algún proceso que pueda mantener la variación entre grupos. Pensamos que hay al menos dos organismos de ese tipo: el castigo moralista y el sesgo conformista.

  La selección de grupo (que se da en base a las variaciones culturales casi siempre, y casi nunca en base a las variaciones genéticas que puedan distinguir a un grupo de otro dentro de la misma especie) fue una idea de Darwin que, en términos generales, se ha visto confirmada por la ciencia actual: a medida que un grupo humano desarrolla mejores estrategias de supervivencia se apropia de los medios de vida de los grupos menos eficientes, desplazándolos y gradualmente eliminándolos. Para que tal fenómeno llegue a producirse es preciso que se dé una fuerte variedad de comportamientos en los individuos y que esta variedad se perpetúe en un grupo a lo largo de generaciones por transmisión cultural. Esto suele implicar que determinados individuos con determinada personalidad cobran mayor protagonismo en un grupo dado y que sus características acaban influyendo y predominando sobre los demás, creándose así el carácter específico de la cultura del grupo. Esta variabilidad en las tendencias se hace más evidente en la tecnología (que implica también la aceptación por la cultura del grupo de algunas innovaciones individuales).

   Los seres humanos somos el único animal cuyas estrategias de supervivencia varían por completo según las características culturales. Puede ser que un grupo de chimpancés utilice un palito para capturar termitas y que otro no lo haga, pero esta diferencia cultural carece de importancia en lo que se refiere a la capacidad de un grupo para imponerse a otro (en una guerra o, simplemente, privando al otro grupo de los recursos necesarios para la subsistencia). También puede ser que unas bandadas de pájaros canten de una forma y otras tengan una canción diferente, pero de la misma forma estas diferencias entre grupos no implican ventaja relevante alguna. En cambio, la diferencia entre una comunidad de cazadores-recolectores del Amazonas y la de los ingenieros y ejecutivos de Silicon Valley es abismal, siendo como son biológicamente el mismo tipo de ser humano. Entre los cazadores-recolectores la cultura resaltará la impulsividad y el valor en la batalla, haciendo que los individuos con estos rasgos de personalidad alcancen cierta supremacía. Entre los ejecutivos e ingenieros será muy diferente. Estas variaciones de rasgo de personalidad están detrás de las diferencias tecnológicas que también transmite la cultura, si bien la materialidad de los cambios tecnológicos son mucho más visibles que los cambios en las tendencias de la personalidad preferidas por el grupo cultural.

   La forma en que se llegan a producir estas mejores estrategias dentro del grupo y cómo se transmiten (dentro del grupo, a las generaciones futuras, y de uno a otro grupo) son las cuestiones determinantes que se abordan en este libro de Robert Boyd y Peter Richerson (antropólogo y biólogo, respectivamente).

  “El castigo moralista” y “el sesgo conformista” suponen que la comunidad humana persevera en el mantenimiento de las costumbres de una determinada cultura dada su utilidad social: quienes violan las costumbres son percibidos con rechazo (moral) y en consecuencia se les coacciona a que no vuelvan a hacerlo (castigo), pero la inmensa mayoría imita las pautas de comportamiento recibidas de sus mayores (sesgo conformista).

  Castigo moralista y sesgo conformista permiten mantener los éxitos alcanzados… pero a la vez implican resistencia para incorporar éxitos venideros.

   Los autores de este libro señalan que, aparte de mantenerse las características exitosas que marcan la diferencia entre grupos, también han de producirse, por supuesto, variaciones emergentes (sino, no podrian darse cambios), y aquí distinguen tres mecanismos posibles, uno de los cuales sería la ya mencionada selección de grupo (cuando se produce una variación que facilita la supervivencia y expansión del grupo), y los otros dos serían la variación por azar (que puede ser o no seleccionada más tarde) y la variación por la toma de decisiones. Sin duda, el mecanismo que merece más atención es el de toma de decisiones, pues en él podemos participar como individuos, lo que no sucede ni en el azar ni en la selección de grupo. Ahora bien, antes de que surgiera la misma idea cultural de “invención” (o las de “tecnología” o “ciencia”), los procesos de toma de decisiones innovadoras eran muy diferentes. Se distinguen dos formas de “toma de decisiones”: “variación guiada” y “transmisión sesgada”.

  La “variación guiada”, es lo que se parece más al proceso de invención moderno. Ciertamente, hubo de existir un primer hombre prehistórico que ató un palo a una piedra alargada para fabricar el primer hacha.

Variación guiada (…) Cambios no azarosos en las variantes culturales a cargo de individuos que son subsiguientemente transmitidos. Esta fuerza es el resultado de la transformación a lo largo del aprendizaje social, o del aprendizaje, invención o modificación adaptativa de las variantes culturales.

  El proceso de “transmisión sesgada” (el individuo selecciona las invenciones de otros), los autores del libro lo dividen a su vez en tres variantes: “contenido basado en el sesgo”, “sesgo basado en la frecuencia” y “sesgo basado en el modelo”

Contenido basado (o directamente tomado) en el sesgo (…) Los individuos es más probable que aprendan o recuerden algunas variantes culturales a partir de su contenido. El sesgo basado en el contenido puede resultar del cálculo de costos y beneficios asociado con variantes alternativas, o debido a que la estructura de cognición hace que algunas variantes sean más fáciles de aprender o recordar.

Sesgo basado en la frecuencia (...) El criterio de lo común o de la rareza de una variante cultural como base para elección. Por ejemplo, la variante más ventajosa es probable que sea la más común. 

Sesgo basado en un modelo (…) La elección del rasgo basado en los atributos observables del individuo que exhibe el rasgo. Las inclinaciones plausibles basadas en el modelo incluyen una predisposición a imitar a los individuos exitosos o prestigiosos, y una predisposición para imitar a los individuos similares a uno mismo

  En la transmisión sesgada, por tanto, se procede a la selección de determinadas variaciones culturales por los individuos. Como se ve, esta selección no se basa necesariamente en criterios racionales de utilidad. Esto no es “selección de grupo

La transmisión [cultural] sesgada ocurre porque la gente preferentemente adopta algunas variantes culturales más que otras, mientras que la selección ocurre porque algunas variantes culturales afectan las vidas de sus portadores de forma que hace a estos portadores más probable que se los imite.

  Al seleccionarse las variaciones simplemente porque su contenido sea más asequible, porque la nueva variedad sea recurrente por cualquier motivo (frecuencia) o porque se haya tomado a un individuo como modelo con independencia de la utilidad de su comportamiento está quedando claro que la acumulación de invenciones (variación guiada) solo muy poco a poco va dando lugar a mejoras. Ya hemos visto  que la gente no quiere cambios (castigo moralista, sesgo conformista), de modo que la transmisión cultural de innovaciones objetivamente provechosas ha sido prehistóricamente muy rara.

No hay evidencia de que los humanos hicieran herramientas tan complejas como lanzas con punta de piedra hasta hace alrededor de cuatrocientos mil años

  Y para pasar de las lanzas al arco y la flecha se requirieron muchos miles de años más. Solo a partir del momento en el que se guardó memoria y reconocimiento de la invención como invención –es decir, una idea cultural “positiva” del cambio- pudieron empezar a acumularse las innovaciones a mayor ritmo. El conformismo siempre ha sido la regla. Por lo menos, hasta tiempos muy recientes.

La transmisión sesgada depende de lo que está pasando en el cerebro de los imitadores (…) Mientras que la transmisión sesgada tiene importantes analogías con la selección natural, la variación guiada no. 

  Recordemos que la variación guiada es “la invención”: cambios no azarosos en las variantes culturales a cargo de individuos

  Estos fenómenos, todos basados en la imitación de conductas individuales (la “variación guiada” también es “imitación con modificación”-evolución), se dan en el ser humano y no en el chimpancé simplemente por la capacidad intelectual superior del humano, que le permite almacenar en su memoria rasgos, conductas y distinciones, y aplicarlos del tiempo pasado al presente y al futuro.

No afirmamos que la imitación sea única en los humanos. Sin embargo, la evidencia actual sugiere que la evolución cultural acumulativa es rara, y quizá esté ausente en otras especies, y que incluso nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, hacen uso de modos de aprendizaje social diferentes a los de los humanos

   El mecanismo de imitación no es muy racional, tal como hemos visto por el sesgo conformista y los muy divergentes criterios de la “transmisión sesgada”. Tengamos en cuenta sus consecuencias a todos los niveles:

La evolución también favorece una psicología que hace a la gente más inclinada a imitar individuos prestigiosos e individuos que son como ellos incluso si este hábito puede resultar fácilmente en hábitos no adaptativos. (…)Muchos experimentos psicológicos sugieren que estamos predispuestos a imitar a la gente exitosa y prestigiosa incluso en ámbitos que no están obviamente relacionados con su éxito.

  De forma que, por un conservadurismo ancestral o porque se imitan rasgos inútiles incompatibles con los que son útiles (el sesgo por imitación del modelo o el sesgo por frecuencia) se pueden rechazar cambios que serían convenientes.  También pueden desaparecer las invenciones provechosas por pura casualidad (“deriva”…). Nos consta que hay culturas que “olvidaron” tecnologías aparentemente tan prácticas como el arco y la flecha, o navegar en canoa:

Deriva cultural (...) Efectos causados por anomalías estadísticas en pequeñas poblaciones. Por ejemplo, en las sociedades sencillas algunas habilidades, como construir barcos, pueden ser practicadas por algunos especialistas. Si sucede que, por casualidad, en una generación en particular todos los especialistas mueren jóvenes o tienen personalidades que los incapacitan para ese trabajo, desaparecerá esa habilidad

  Estos son casos raros –extremadamente reveladores, pero raros-, pues en general

aunque las teorías unilineales de progreso humano han caído en desgracia, la tendencia general hacia una mayor complejidad no es puesta en duda

    Esto en cuanto a la tecnología material, pero ¿qué pasa con la “tecnología de la mente”? Para favorecer el progreso social, nada es más eficaz que descubrir fórmulas culturales que fomenten la cooperación entre los individuos y disminuyan la violencia. Es decir, fórmulas que, haciendo uso de nuestros instintos más prosociales, contrarresten nuestros innegables instintos egoístas y agresivos. Por ejemplo, la invención de la justicia imparcial, del perdón o de los derechos humanos. Aquí entra la selección de rasgos de personalidad que hemos comentado antes. Las culturas pueden primar los rasgos de individuos que pueden ser buenos guerreros frente a las que priman los rasgos de individuos que pueden ser buenos trabajadores intelectuales, así como preferir la benevolencia a la ferocidad en el combate (que suele ir aparejada con la malevolencia)... los rasgos propios de los guerreros no suelen favorecer la cooperación armoniosa dentro de grandes grupos, aunque esto no siempre ha estado tan claro (en la Antigüedad, Platón creía que el sabio contaba con cualidades propias del noble soldado).

Creemos que los procesos culturales evolutivos construyeron un entorno social que causó que la selección individual natural favoreciera el altruismo empático

  También aquí los viejos hábitos culturales de tipo social son difíciles de sustituir por las nuevas invenciones. Los autores de este libro sacan varios ejemplos de la antropología acerca de la resistencia a los cambios.  Uno es el de las “culturas del honor” del sudeste de los Estados Unidos.

El sur [de EEUU] es más violento que el norte porque la gente del sur ha adquirido culturalmente creencias acerca del honor personal que son diferentes de las de sus equivalentes del norte. Los del sur creen más fuertemente que los del norte que la reputación de una persona es importante y vale la pena que sea defendida incluso a gran coste. (…) Los ganaderos irlando-escoceses fueron los principales pobladores del sur, mientras los granjeros ingleses, alemanes  y holandeses poblaron el norte. Históricamente los estados han tenido considerable dificultad en imponer el poder de la ley en las regiones poco pobladas donde la ocupación dominante es la ganadería. De ahí que en las sociedades ganaderas frecuentemente aparezca una cultura del honor debido a la necesidad de cultivar reputaciones

 Generaciones después sus conductas siguen siendo más violentas que las de los habitantes del norte. También son más pobres, debido a que hoy estas conductas son contraproducentes y no generan beneficio social alguno.

Esto no quiere decir que las culturas sean inmutables; existen situaciones en las cuales el deseo de asimilación excede la lealtad a la tradición

  De no ser de otra forma, no se hubiera acabado por dar el “progreso social” (más producción económica, más tecnología, menos homicidios y guerras). De lo que se nos avisa es de las inevitables resistencias que encuentran los cambios, y la misma dificultad para que tales cambios surjan. Por eso el “proceso civilizatorio” que  atestigua la historia ha sido tan intrincado.

  Todo parece indicar que los cambios culturales que tienen que ver con las relaciones sociales han tomado inicialmente la forma de cambios religiosos.

Las innovaciones religiosas son como mutaciones y las religiones exitosas están adaptadas en formas sofisticadas más allá del saber de los innovadores individuales.

  Igualmente, el cambio religioso ha de expandirse mediante procesos de selección individual (transmisión sesgada) y de selección de grupo, y aquí también entraría en juego lo que hemos visto de la imitación de conductas individuales de prestigio. Supongamos que el jefe de una tribu se muestra inesperadamente cruel y el jefe de otra tribu se muestra inesperadamente compasivo. El prestigio del jefe hará que los de la primera tribu imiten su crueldad y los de la segunda su compasión. A lo largo de las generaciones podrían o no conservarse estas tradiciones, y la selección dirá cuál tribu es más exitosa.

No tenemos idea de cuántas distintas variedades de imitación selectiva basadas en el prestigio puede haber. 

    De todas las invenciones a ser seleccionadas, las más valiosas serán siempre las que fomentan estrategias psicológicas de grupo a favor de la prosocialidad. Puede sernos muy útil comprender el sesgo conformista y la necesidad de superarlo, y comprender las dificultades a las que siempre se enfrentarán las innovaciones, por muy racionalmente beneficiosas que puedan parecer. El proceso civilizatorio no puede estar acabado, simplemente porque queda claro que muchas cosas siguen funcionando mal en nuestra especie, a pesar de nuestra casi milagrosa tecnología y de nuestra sorprendente capacidad para la cooperación…

3 comentarios:

  1. Hola Idea 21, encantada de conocer tus blogs. Di con ellos buscando información sobre Lucien Lévy-Bruhl y en especial eso que el llama alma primitiva. Tan solo hacia unos días que había terminado de leer Religión para ateos de Alain de Botton. Y, dado que mi alma por lo visto tiene mucho de primitiva, termino que por supuesto me parece de lo más inadecuado, me sorprendió la coincidencia.

    Me gusto leer el libro de Alain, pero no su propuesta, es más en una de sus paginas hasta me dejo escandalizada. Pero lo que usted se propone me parece aun más ambicioso que la propuesta de él pero a la vez, también, más serio y mejor fundamentado. Su concepto de la última religión me parece a la vez de aplicación innecesaria pero de estudio interesante para mí y su blog, Un poco de sabiduría, contiene un montón de información que seguro me será muy útil. Por ello espero que continué usted con él mucho tiempo y yo poder seguir pasandome por aquí.

    Por cierto esas palabras suyas con las que termina este articulo yo las remarcaria:

    “El proceso civilizatorio no puede estar acabado, simplemente porque queda claro que muchas cosas siguen funcionando mal en nuestra especie, a pesar de nuestra casi milagrosa tecnología y de nuestra sorprendente capacidad para la cooperación… “

    En eso siempre estaré de acuerdo con usted.

    Y, paso a dejar ahora un boceto de mi opinión sobre su propuesta de última religión en su otro blog.

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  2. Muchas gracias por el comentario. Todavía no he leído el libro de Alain de Botton, pero siempre me lo sugieren cuando hago algún comentario sobre la necesidad de una "religión racional". Por lo que me he informado, su propuesta parece referirse a lo externo de las religiones (ritos, ceremonias), y en ese sentido ya es algo que se intentó en tiempos de la Revolución Francesa y hoy hay también otras propuestas por el estilo, como lo del "naturalismo religioso" http://www.tendencias21.net/Es-posible-un-naturalismo-religioso_a6592.html No me parecen avances significativos. En mi lista de "Mis favoritos" tengo al profesor Loyal Rue http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2013/04/la-religion-no-es-acerca-de-dios-2005.html cuya descripción del fenómeno religioso desde el punto de vista psicológico me parece muy útil, pero su propuesta personal va en el mismo sentido, básicamente educativa, lo que está muy bien, pero cuando se trata de "educar las emociones" (y la auténtica religión trata de eso) parece demasiado leve. "Religión" es por encima de todo un conjunto de estrategias psicológicas efectivas para inculcar "instintos morales artificiales" con participación del sujeto. El ejemplo que siempre pongo de "religión atea" es el comunismo soviético, que en ese sentido logró actuar como religión (la gente "creía" en el comunismo, "sentían" como comunistas). Sé que todo esto tiene pinta maligna, de "lavado de cerebro", pero si lo vemos en perspectiva, nuestros condicionamientos culturales actuales (cómo aceptamos la competitividad, la violencia, la desigualdad) son también malignos, y para mejorar tendríamos que tomar decisiones realistas y a la vez imaginativas.

    Mi conclusión es que solo una formulación monástica y prosocial hasta lo anticonvencional, racionalmente organizada y con una fuerte motivación emocional podría significar un cambio social no político relevante. Por lo menos, me parece una propuesta coherente y novedosa, cuya mera discusión ya podría ser de ayuda.

    En cuanto a este mi blog "de sabiduría", espero seguir con él muchos años y lamento no haber empezado antes. Sé que lo consulta bastante gente, sobre todo las reseñas de los autores clásicos, pero a mí mismo me es también muy útil para extraer conclusiones y refrescar información sobre todo de autores recientes.

    Además, siempre puedo considerar que la sabiduría se justifica por sí misma... Antes de la filosofía y la ciencia ya existió la sabiduría... La idea la conocí por el libro de Harold Bloom "¿Dónde está la sabiduría?"

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  3. “Muchas gracias por el comentario. Todavía no he leído el libro de Alain de Botton, pero siempre me lo sugieren cuando hago algún comentario sobre la necesidad de una "religión racional". Por lo que me he informado, su propuesta parece referirse a lo externo de las religiones (ritos, ceremonias), y en ese sentido ya es algo que se intentó en tiempos de la Revolución Francesa y hoy hay también otras propuestas por el estilo, como lo del "naturalismo religioso" http://www.tendencias21.net/Es-posible-un-naturalismo-religioso_a6592.html No me parecen avances significativos.”

    Exacto, Botton propone retomar ritos y ceremonias al estilo más o menos de Comte, me disgusta profundamente ese libro, pero quizá usted sea capaz de filtrar y extraer alguna de sus propuestas como provechosa para su propio proyecto, no sé, yo desde luego no.


    “En mi lista de "Mis favoritos" tengo al profesor Loyal Rue http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2013/04/la-religion-no-es-acerca-de-dios-2005.html cuya descripción del fenómeno religioso desde el punto de vista psicológico me parece muy útil, pero su propuesta personal va en el mismo sentido, básicamente educativa, lo que está muy bien, pero cuando se trata de "educar las emociones" (y la auténtica religión trata de eso) parece demasiado leve. “

    O.K , lo leeré entonces con atención, un par de relecturas incluidas con tiempo entre lecturas para pensar y digerir.


    "Religión" es por encima de todo un conjunto de estrategias psicológicas efectivas para inculcar "instintos morales artificiales" con participación del sujeto. El ejemplo que siempre pongo de "religión atea" es el comunismo soviético, que en ese sentido logró actuar como religión (la gente "creía" en el comunismo, "sentían" como comunistas). Sé que todo esto tiene pinta maligna, de "lavado de cerebro", pero si lo vemos en perspectiva, nuestros condicionamientos culturales actuales (cómo aceptamos la competitividad, la violencia, la desigualdad) son también malignos, y para mejorar tendríamos que tomar decisiones realistas y a la vez imaginativas.

    ¿El comunismo una religión?

    Cada cual usa las palabras como considera oportuno, pero a esa en concreto le doy otro sentido bien diferente. Pero si lo que quiere decir es que el comunismo, como el nacismo o ciertos fenómenos ligados al futbol pueden actuar socialmente como religiones y cumplir su misma función social estoy de acuerdo. Pero no veo nada bueno en que la ideología o la afición a un espectáculo deportivo degeneren en eso.

    “Mi conclusión es que solo una formulación monástica y prosocial hasta lo anticonvencional, racionalmente organizada y con una fuerte motivación emocional podría significar un cambio social no político relevante. Por lo menos, me parece una propuesta coherente y novedosa, cuya mera discusión ya podría ser de ayuda.”

    No voy decir que lo entiendo pues no lo entiendo. Si me dice que una formulación monástica ayudaría entonces sí lo entiendo. Pero me dice “solo”. ¿Las religiones que nunca han contado con eso no pueden influir de modo relevante en la sociedad?


    “Además, siempre puedo considerar que la sabiduría se justifica por sí misma... Antes de la filosofía y la ciencia ya existió la sabiduría... La idea la conocí por el libro de Harold Bloom "¿Dónde está la sabiduría?"

    No he leído a Harold Bloom, ni conocía su nombre me parece, pero en eso estoy totalmente de acuerdo con ustedes.

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