lunes, 7 de octubre de 2013

“Las estructuras elementales de parentesco”, 1949. Claude Lévi-Strauss

  Este libro es el que se considera que dio lugar a la llamada escuela de la “antropología estructural”. Para el lector no especializado, el asunto se vuelve complejo a medida que tratamos de comprender lo que para el científico social venía a ser una eficaz sistematización, es decir, ir de lo complejo a lo simple.

Entendemos por estructuras elementales del parentesco los sistemas cuya nomenclatura permiten determinar en forma inmediata el círculo de los parientes y los allegados. (…) Hay dos categorías: cónyuges prohibidos y cónyuges permitidos. (…) Estructuras elementales podría equivaler a lo que otros denominan habitualmente “matrimonio preferencial”.

  ¿Por qué es tan importante para el hombre primitivo determinar con quién y cómo puede uno casarse?

La exogamia es el único medio que permite mantener el grupo como grupo, evitar el fraccionamiento y el aprisionamiento indefinidos que acarrearía la práctica de los matrimonios consanguíneos: estos matrimonios podrían hacer estallar el grupo social en una multitud de familias. El vínculo de alianza con una familia diferente asegura la primacía de lo social sobre lo biológico, de lo cultural sobre lo natural. La exogamia es un esfuerzo permanente por lograr una mayor cohesión, una solidaridad más eficaz y una articulación más ágil.

 El estructuralismo va más allá de describir la necesidad de la organización matrimonial como base de la vida social: se trata de un método de estudio de la condición humana a través de determinadas funciones en la vida comunitaria. Estas funciones, cuyos patrones estarían presentes en toda forma social, reflejarían una naturaleza humana común.

La estructura consiste en un conjunto simbólico que puede expresar significaciones diferentes sin que se pueda negar por ello que existe siempre una correlación funcional entre el significante y el significado. El paso del estado de naturaleza al del estado de cultura se define por la aptitud, por parte del hombre, de pensar en las relaciones biológicas bajo la forma de sistemas de oposiciones: hombres propietarios/mujeres apropiadas, mujeres adquiridas/mujeres cedidas, vínculos por alianza/vínculos de parentesco. (…) La dualidad, la alternación, la oposición y la simetría constituyen datos fundamentales e inmediatos de la realidad mental y social. El papel primordial de la cultura es asegurar la existencia del grupo, sustituyendo el azar por la organización.

   La pluralidad de formas sociales no supone, para el estudioso, un obstáculo al hallazgo de fórmulas estructurales.

La supervivencia de una costumbre o creencia puede explicarse de dos maneras: es un vestigio sin otra significación que la de un residuo histórico o sobrevivió porque, a través de los siglos, continúa desempeñando un papel que no difiere, en esencia, de aquel que explica su aparición inicial. Los intercambios matrimoniales y los intercambios económicos forman, en la mente indígena, parte integrante de un sistema fundamental de reciprocidad.

   Las alianzas de cooperación que suponen una consecuencia de las estructuras fundamentales de parentesco también se reflejan en los conflictos.

Existe una vinculación, una continuidad, entre las relaciones hostiles y el abastecimiento de prestaciones recíprocas: los intercambios son guerras resueltas en forma pacífica; las guerras son el resultado de transacciones desafortunadas.

  Se ha dicho que la dependencia del “sujeto” frente a un sistema de sentido social que siempre existe antes que él es la aportación más perdurable del estructuralismo de Lévi-Strauss. La prohibición del incesto tendría su origen en los instintos y a la vez se determinaría por el carácter coercitivo de las leyes sociales, de modo que supondría una especie de bisagra entre el mundo natural y el cultural (ciertos instintos habrían surgido, a la larga, como consecuencia de una necesidad social). Pero su función sería claramente de tipo social: permitir el establecimiento de alianzas más allá del vínculo de parentesco.

Hay una regla de reciprocidad en el incesto: a partir del momento en que me prohíbo el uso de una mujer, que así queda disponible para otro hombre, hay, en alguna parte, un hombre que renuncia a una mujer que por este hecho se hace disponible para mí. En las sociedades primitivas el intercambio se presenta no tanto en forma de transacciones como de donaciones recíprocas.(…) Este principio impregna todas las operaciones rituales o profanas, durante las cuales se dan objetos o productos. 

   Claude Lévi-Strauss ha prestado atención al comportamiento infantil para intentar demostrar que las actitudes de apropiación y reciprocidad son innatas.

El pensamiento infantil proporciona a todas las culturas un fondo común e indiferenciado de estructuras mentales y de esquemas de sociabilidad. (…) Hay un deseo, común a todos los niños, de tener posesión exclusiva de todo objeto que les interese, así como una amarga tristeza al comprobar que otros tienen más. (…) Entre los niños sólo se desea el arbitraje después de realizar la experiencia de la imposibilidad práctica de alcanzar sus fines por propia voluntad. 

Los niños oscilan de modo perpetuo entre el amor sin límites y el odio descarnado. (...)  La relación de amistad sólo comienza con la instauración de un odio estable hacia algún otro. La hostilidad siempre permanece como la actitud primitiva y fundamental.

    Pueden parecer exageradas algunas de estas afirmaciones, pues hoy sabemos que los comportamientos afectivos unilaterales se basan en principios biológicos bastante firmes relacionados con la maternidad (el amor madre-hijo como la fuente de toda forma de amor posterior). Lo que parece más artificioso, más “cultural”, es la amistad entre iguales, basada en el intercambio recíproco. Que uno necesite de los demás no quiere decir que sienta afecto por estos. En cualquier caso, el interés particular exige algún entendimiento con el extraño por la seguridad común.

No hay contradicción entre propiedad y comunidad sino diferentes modalidades de una única necesidad primitiva de seguridad.

   En esencia, lo que encontramos en esta teoría estructural es un principio económico de la existencia humana: se desea poseer, esa posesión exclusiva se ve frustrada por la hostilidad de otros aspirantes a poseedores, de modo que el resultado de este deseo-frustración es una actitud de reciprocidad basada en “principios estructurales” como donaciones recíprocas, dualismo y prohibiciones. El libro de Lévi-Strauss está lleno de esquemas que muestran las complicadas combinaciones matrimoniales en diversos pueblos a partir de los diferentes grados de parentesco, clases sociales o subdivisiones arbitrarias. Los mismos hombres primitivos comprenden racionalmente la necesidad de estas complejidades para cimentar sus relaciones de alianza que para ellos garantizarían la seguridad de su supervivencia en medio de un entorno hostil.

Un sistema complejo de clases matrimoniales puede tomarse en préstamo de una tribu a otra.(…) La tribu puede considerar a uno de sus miembros más inteligentes como experto, y éste viaja a tribus extranjeras donde se lo instruye con paciencia. (…) Los nativos llegan a hacer diagramas de relaciones matrimoniales posibles.(…) Los primitivos son capaces de llevar a cabo un pensamiento abstracto de un grado muy elevado. El matrimonio de cada uno de los hombres constituye una ganancia, y el matrimonio de cada mujer supone una pérdida y abre un periodo de compensación.

   Un factor muy importante es el del dualismo:

La regla de exogamia no es suficiente para descartar del todo el peligro de división dentro de la tribu en base a intereses familiares enfrentados, pero con la organización dualista el riesgo de ver a una familia biológica erigirse en sistema cerrado está definitivamente eliminado. La expresión “organización dualista” define un sistema en el que los miembros de la comunidad –tribu o aldea- se reparten en dos divisiones, las cuales mantienen entre sí relaciones complejas que van desde la hostilidad declarada hasta una intimidad muy estrecha y donde, en general, se encuentran asociadas diversas formas de rivalidad y de cooperación.

Las organizaciones dualistas no se encuentran en todos los pueblos, pero sí en todas las partes del mundo, y en general están asociadas con los niveles culturales más primitivos.  El matrimonio entre primos cruzados (hijo de hermana con hija de hermano) ocupa un lugar único entre las instituciones matrimoniales. (…) Este tipo de matrimonio establece una conexión entre la prohibición del incesto y la organización dualista.

  En “Las estructuras fundamentales de parentesco” se dedica muchísimo espacio a la descripción de sistemas matrimoniales en sociedades primitivas del mundo entero, y buena parte de esta prolija exposición está dedicada a los diferentes tipos de matrimonios "de primos cruzados".

La unión preferencial entre los pueblos primitivos es el matrimonio con la hija del hermano de la madre. El matrimonio entre hija de hermana e hijo de hermano suele constituir un riesgo siempre presente, pero también la tentación irresistible de un “incesto social” que es, para el grupo, más peligroso que el incesto biológico. El matrimonio entre primos cruzados ocupa un lugar único entre las instituciones matrimoniales. (…) Este tipo de matrimonio establece una conexión entre la prohibición del incesto y la organización dualista. (…) Se trata de una categoría de parientes que descarta que las prohibiciones matrimoniales tengan un origen biológico. 

  Claude Lévi-Strauss critica, pues, que el incesto sea por completo una regla de origen  biológico, instintiva. Los partidarios de la postura contraria al "incesto biológico" dan especial importancia a la prohibición del incesto concebida como una institución social que prohíbe relaciones sexuales entre un vasto número de personas con o sin relación de consanguinidad, o al menos con relaciones de parentesco muy lejanas, pero hoy está sobradamente comprobado que los matrimonios entre personas de distinto sexo que han compartido la infancia (exista entre ellos cualquier tipo de vínculo consanguíneo o no, y aunque vivan en cualquier tipo de entorno cultural favorecedor de la costumbre contraria) resultan psicológicamente indeseables. Las pruebas son abrumadoras, desde los matrimonios entre hermanos adoptivos de hecho que se practican en algunas sociedades arcaicas, que suelen acabar en conflictos psicológicos, hasta los casos de niños criados juntos en los kibbutzim israelíes. A esto se le llama “el efecto Westermarck": el rechazo instintivo a mantener relaciones sexuales entre aquellos que conviven con nosotros durante los primeros tres o cuatro años de vida.
 
Si el horror al incesto resultase de tendencias psicológicas o fisiológicas congénitas, ¿por qué se expresaría con la forma de una prohibición que es al mismo tiempo tan solemne y esencial? No habría necesidad. (…) Es cierto que se ha hecho la comparación con el suicidio. Pero la analogía no es correcta. En el caso del incesto se trata de un fenómeno natural que se realiza habitualmente entre animales, en el del suicidio es un fenómeno extraño por completo a la vida animal. (…) La sociedad no prohíbe más que lo que ella misma suscita. (…) Toda sociedad prohíbe el incesto, no hay ninguna que no haga lugar al suicidio. 

   Obsérvese el error de considerar que el incesto se da habitualmente entre animales, lo que sólo sucede en animales en cautividad (también la homosexualidad permanente es muy rara en los animales). Por lo demás, sí existen sociedades que no toleran el suicidio, y éstas suelen ser precisamente las más evolucionadas. Hay otras prohibiciones por el estilo, como la de mantener relaciones sexuales con animales.

  Para Lévi-Strauss la prohibición del incesto constituye el movimiento fundamental gracias al cual se cumple el pasaje de la naturaleza a la cultura. En un sentido pertenece a la naturaleza por tener su mismo carácter formal, que es la universalidad, pero también en cierto sentido es ya cultura, porque actúa e impone su regla pública y solemnemente. Freud se equivocaba por completo al hablar de una tendencia instintiva al incesto.

   Pero el libro de Lévi-Strauss sí nos expone que numerosas perversiones obedecen a necesidades subordinadas a intereses sociales más amplios

Al reconocer el privilegio de la poligamia del jefe, el grupo cambió los elementos de seguridad individual relacionados con la regla monogámica por una seguridad colectiva que deriva de la organización política. Las implicaciones sexuales de la poligamia son secundarias. La sociedad primitiva dispone, aun más que la nuestra, de múltiples recursos para resolver ese aspecto del problema, como la homosexualidad, la poliandria, el préstamo de mujeres. (…) La importancia del matrimonio no es erótica, sino económica. (…) La satisfacción de las necesidades económicas descansa totalmente sobre la sociedad conyugal. Una alimentación completa depende de una cooperativa de producción de la pareja. 

   ¿Nos da la perspectiva teórica del estructuralismo algún tipo de información valiosa en cuanto a la naturaleza humana y su futuro?

   Para empezar, hemos de precavernos ante cierta exageración en lo referente a la relevancia de las relaciones económicas, puesto que se remarcan los problemas psicológicos que determinadas estructuras suponen. Por ejemplo:

Una sociedad matrilineal ha de tener una exogamia de aldea, la mujer se irá a la casa del marido, donde seguirá siendo una extranjera. Si la sociedad es matrilineal y matrilocal el marido será siempre despreciado como aquel que está allí por derecho de matrimonio.

  (Matrilineal: uno se considera descendiente de la estirpe de su madre, no de la de su padre; matrilocal: las hermanas permanecen en la aldea, donde contraen matrimonio con extraños, los hermanos han de buscar novia fuera, y allí se convierte en el extraño casado con una mujer local)

   Es un error la visión de las sociedades ancestrales como estables y armoniosas. En realidad, se producen numerosas tensiones internas, y traumáticos cambios cíclicos. Las estructuras no son soluciones permanentes y parece claro que algunas acaban siendo superadas en cualquier sociedad, con el paso del tiempo.

En sociedades en que el poder político toma la delantera sobre otras formas de organización, no puede dejarse subsistir la dualidad que resultaría del carácter masculino de la autoridad política y del carácter matrilineal de la filiación. El estudio de una sociedad matrilineal representa la promesa de una organización social complicada, rica en instituciones singulares e impregnada totalmente de una atmósfera dramática, diferente de una sociedad patrilineal. 

  De esa forma, la sociedad matrilineal sería más propia de culturas primitivas, e, igualmente, la monogamia sería más propia de culturas modernas. Esto nos demuestra que hay ciertos cambios que muestran una evolución de las estructuras. La creación y elaboración de estos sistemas estructurales supondría una primera aproximación consciente de los individuos a la resolución de problemas sociales al diseñar sistemas de alianzas. Pero estos sistemas nunca serían estables del todo, evolucionarían, y de esto se nos dan numerosos ejemplos en este libro: de matrilineal a patrilineal, de intercambio restringido a intercambio generalizado, de poligamia a monogamia…

 El objetivo siempre es el mismo: facilitar fórmulas más eficientes de cooperación social. Y a la vista de la evolución de las culturas a lo largo de cientos de generaciones, todo indica que la desaparición de los vínculos familiares y la gradual irrelevancia de las relaciones de parentesco están relacionadas con sociedades más avanzadas, es decir, con las más cooperativas.

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