lunes, 27 de enero de 2014

“Dios no es bueno”, 2007. Christopher Hitchens.

A la religión se le han agotado las justificaciones, ya no ofrece ninguna explicación de nada importante.

Necesitamos una Ilustración renovada que se fundamente en la proposición de que el objeto de estudio adecuado de la humanidad es el hombre y la mujer.

Tenemos que superar nuestra prehistoria y huir de las nudosas garras que acechan para arrastrarnos de nuevo a las catacumbas, los altares hediondos y los placeres culpables de la sumisión y la abyección

  Todos los libros cuyo tema central es la defensa del ateísmo son, en principio, buenos, ya que, puesto que la mera existencia de un libro ya presupone un estímulo a la racionalidad, un deseo de averiguar y explicar el entorno, esto también exige la remoción de cualquier obstáculo psíquico de tipo irracional, como es la creencia en seres sobrenaturales.

  Sin embargo, esto debe llevarnos, a su vez, a ser rigurosos en cuanto a la expresión racional en sí, trátese de este o de cualquier otro asunto. No deberíamos defender criterios racionales cayendo en incongruencias.

  Por ejemplo, cuando el gran divulgador Christopher Hitchens escribe en su libro que hay que “superar nuestra prehistoria”, convendría tener en cuenta que la prehistoria fue, de hecho, ya superada gracias, entre otras cosas, al desarrollo del pensamiento religioso en el pasado (el cual, a su vez, llevaría, mediante el inevitable proceso de herejías, al proceso gradual de superación del teísmo).

  Ahora, lo que nos tocaría, si acaso, sería superar la historia misma, algo a lo que puede ayudar no solo el deshacernos del irracionalismo de las creencias en lo sobrenatural, sino reflexionar agudamente acerca de su pasada necesidad, tanto como reflexionar acerca de la naturaleza de la religión, que no coincide en modo alguno con la naturaleza de la supuesta percepción (ilusoria) de los "fenómenos sobrenaturales"..

  Estamos seguros de que se puede vivir una ética sin religión.(…) La ética y la moral son bastante independientes de la fe y no se pueden deducir de ella.

  Es de desear que se pueda vivir una ética sin religión más allá de algunos casos particulares, pero ¿es esto tan fácil?, ¿no tendremos que afrontar para ello algunas necesarias innovaciones culturales más? La fe, de hecho, consiste en atesorar convicciones que no han sido contrastadas por los hechos, y el caso es que una elección ética siempre es arriesgada por falta de pruebas de la bondad de sus efectos a corto, medio o largo plazo, de modo que hemos de confiar en criterios dados, aún no contrastados con los hechos o, en caso contrario, abstenernos de actuar.

  La única opción sensata, si queremos actuar, es, por tanto, tener fe en algo: en el juicio de nuestros mayores, en los libros que hemos leído, en nuestra experiencia, en la sensatez de las autoridades… o -sobre todo durante el pasado de nuestra civilización- en las revelaciones de brujos, sacerdotes y profetas.

  Si nos trasladamos al terreno de lo psicológico, parece posible que las personas puedan encontrarse mejor creyendo en algo que no creyendo en nada,  por falso que ese algo pueda ser. Algo de esto siempre será objeto de disputa entre los antropólogos y otros científicos.

  Desde luego, si las elecciones éticas dependieran de la deducción racional de las certezas, llevaría años alcanzar criterios específicos para cada caso fuera de toda duda -y aun así, nunca serían seguros-, de modo que ése es uno de los motivos por los cuales las religiones han sido necesarias durante bastante tiempo para desarrollar la ética y la moral (entre otras cosas).

  No hemos de perder de vista que

  En la naturaleza, es un hecho que desde el punto de vista biológico la especie humana es racional solo en parte. 

 Y ahora veamos un asunto sobre el que Hitchens se equivoca totalmente:

La religión ha sido un inmenso multiplicador de la desconfianza y el odio tribales.

  (Y, por cierto, es interesante que se tenga en cuenta y que se mencionen la “desconfianza y el odio tribales” porque, aunque en los primeros años de este siglo han surgido algunos buenos libros de divulgación que, como “Dios no es bueno,” han logrado difundir los ideales del ateísmo, siguiendo una antigua pero no demasiado larga tradición, se echan en falta todavía libros contra “el odio tribal”, que es un fenómeno distinto y no mejor que el teísmo)

  Las posibilidades de que una opinión  secular o librepensadora impulsara a alguien a denunciar una injusticia absoluta eran muy altas. Las posibilidades de que la fe religiosa impulsara a alguien  a adoptar una postura contra la esclavitud y el racismo eran bastante reducidas desde el punto de vista estadístico.

  La caridad y la ayuda humanitaria, aunque puedan atraer a creyentes bondadosos, son herederas de la Edad Moderna y de la Ilustración. Antes de ese momento, la religión no se propagaba mediante el ejemplo, sino que era un método auxiliar de otros más anticuados: los de la guerra santa y el imperialismo.

  En realidad, la “Edad Moderna y la Ilustración”, tanto como  las opiniones seculares o librepensadoras, son el producto de un largo proceso de definición ideológica cuyo origen se encuentra en las herejías religiosas. No se pueden producir procesos de esclarecimiento racional (por ejemplo, contra “la desconfianza y el odio tribales”) si no tiene lugar primero la discusión y la correspondiente sistematización cognitiva a partir de la experiencia. En el pasado, el vehículo de tales discusiones y sistematizaciones fue el pensamiento religioso, el rasgo cultural más revelador del carácter o ethos de los diversos pueblos.

  La evolución cultural humana no es un proceso simple, ni mucho menos simplista. Al principio había brujos, luego sacerdotes de muchos dioses de exigencias sanguinarias, luego solo quedó un Dios y éste se hizo menos aterrador, incluso compasivo, así como sus profetas se hicieron más sabios, luego “Dios” se hizo “deísta” y objeto de reflexión de los filósofos, y finalmente “Dios” desapareció y surgió así la ciencia social moderna como reflexión explícita acerca de la naturaleza humana y su destino.

  Ese proceso no vino solo, sino acompañado de otros cambios culturales, de tipo ético, estético, de costumbres, económicos, legales, etc. El “libre pensamiento” no surge de la nada, no es natural en el ser humano (la superstición y la religión sí que lo son), y es por eso que la religión y el teísmo jamás se han impuesto a nadie en un principio, sino que han sido requeridos para satisfacer una necesidad universal de pensar y conocer (otra cosa es que una religión en particular se haya impuesto sobre otra a lo largo de los procesos históricos). La naturaleza humana, como se ha afirmado, es irracional y supersticiosa, y llegar a la reducción final del “libre pensamiento” ha llevado siglos. Sin Lutero no hubieran existido ni Marx ni Freud.

  Mi ateísmo en particular es un ateísmo protestante. 

  Y, por supuesto, sin las religiones compasivas tipo budismo o cristianismo, jamás hubiéramos descubierto la caridad y la ayuda humanitaria laicas.

    La religión proviene de un periodo en la prehistoria de la humanidad en el que nadie tenía la menor idea de lo que sucedía.

  No, no sabían mucho de lo que sucedía, pero querían saber. Y fue por ese deseo de saber que comenzaron a buscar explicaciones acerca de dioses antropomorfos que seguían determinados criterios éticos aplicables también a los hombres. Ninguna invención religiosa surge porque sí, sino que forma parte de la demanda social.

  Por ejemplo:

  Para poder obtener el beneficio de la maravillosa ofrenda del cristianismo tengo que aceptar que soy responsable de los azotes, las burlas y la crucifixión, algo en lo que no tuve ni arte ni parte, y aceptar que cada vez que declino esta responsabilidad o que peco de palabra u obra, incremento la agonía de Cristo.

  El cristianismo parte de una historia mítica (que es la forma dramática esencial de todo mensaje religioso en la Antigüedad) acerca del sufrimiento de un sabio inocente y bondadoso a manos de aquellos que creyeron en él pero que después desconfiaron y lo abandonaron. Es una de las mejores fábulas morales jamás creadas y su dramatismo nos permite comprender la doblez y debilidad de la irracionalidad humana así como el terrible obstáculo que para la vida social suponen la agresividad y la ignorancia. El triunfo del Evangelio no fue una casualidad, sino que hace dos mil años se  había llegado a una excepcional formulación ética que, mediante símbolos y mitologías, continuó un larguísimo trabajo de transformación psicológica que habría de culminar en una alternativa cultural de tipo completamente racional. La interpretación de la mitología cristiana como un mensaje racional de tipo moderno es absurda: se trata de un mensaje de hace dos mil años que, a diferencia de las no siempre tan acertadas filosofías eruditas de su época, logró impactar a las masas, a los iletrados, a sociedades enteras.

Tratar a los demás como hubiéramos deseado que nos trataran ellos: este precepto sobrio y racional que podemos enseñar a cualquier niño con su innato sentido de la justicia, queda perfectamente al alcance de cualquier ateo.  

  Claro que podemos enseñarlo a cualquier niño, pero ¿lo comprenderá? Será un precepto racional en la medida en que podemos llegar a él mediante la razón, pero la razón debe ser informada mediante la experiencia personal y la experiencia del entorno, y el hecho es  que no existe tal “innato sentido de la justicia” en “cualquier niño”, ni tampoco en cualquier cazador-recolector: ¿por qué motivo no voy a aprovechar una posición de ventaja para beneficiarme a costa de los demás y, en lugar de eso, esforzarme en tratar a los demás como desearía que me tratasen a mí?, ¿cómo puede llegar a hacerse evidente que eso también va a conllevar ventajas para mí mismo, cuando mi experiencia me indica todo lo contrario?

  La religión es una creación del ser humano.  

  La honradez humana no se deriva de la religión. La precede.

   En el ser humano, nada precede a la religión (no es una "creación" en el mismo sentido en el que se crearon, por ejemplo, el dinero o la escritura), y mucho menos un concepto tan elaborado y complejo como la “honradez” (¿”honradez”, con respecto a qué y con qué fin?, ¿con objeto de conseguir prestigio ante los demás?, ¿no se obtiene también prestigio mediante la riqueza y la violencia?). No se conocen pueblos, por muy primitivos que sean, que no tengan religión. Es una ficción suponer que haya comportamiento social humano alguno (excepto, por supuesto, las funciones más animales y, por tanto, pre-humanas) que haya precedido a la religión.

  La codicia y la avaricia son los acicates del desarrollo económico. (…) Por definición no se nos puede obligar a ser altruistas.

  Es por eso que el “Tratar a los demás como hubiéramos deseado que nos trataran ellos” no tiene mucho sentido para aquellos a quienes no se puede obligar a ser altruistas y que además experimenten deseos de codicia y avaricia.

  Actuando egoístamente, tal vez a la larga el codicioso sufra represalias por ello, pero también es posible que la jugada le salga bien y entonces tendría mucho que ganar (solo se vive una vez, ¿no es cierto?)… todo depende de la ventaja que se crea poder obtener y de las circunstancias particulares que lo rodeen a uno a la hora de tratar a los demás o no “como hubiéramos deseado que nos trataran ellos”.

   Se trata de demostrar de forma concluyente que la utilidad de la religión pertenece al pasado

   No solo pertenece al pasado, sino que gracias a la evolución cognitiva que transforma los idearios religiosos, quizá podamos tener en el futuro un mundo sin religión, pero puesto que ahora se reconoce una “utilidad” a la religión (lo cual, por cierto, contradice algunas de las afirmaciones anteriores), hasta que no sepamos en qué consiste ésta no podremos estar seguros aún si necesitaremos o no algún tipo de modelo religioso durante la transición final a un mundo por completo racional. Y hay que tener en cuenta que las religiones adoptan muy variadas formas a lo largo del desarrollo histórico:

  Entre las filas bolcheviques, al igual que entre las jacobinas de 1789, también había quien consideraba que la revolución era una especie de religión alternativa con vinculación con los mitos de redención y mesianismo.

  Todos los horrores del jacobinismo (el núcleo de cuya doctrina estaba, por cierto, en el “libre pensamiento”) y el bolchevismo fueron, a la larga, acicates del desarrollo cultural, experiencias históricas que han marcado (a veces, mediante la reducción al absurdo) avances cognitivos a la hora de afrontar nuevos desafíos a la convivencia.

  Sin la “dimensión religiosa” jamás hubieran llegado a desarrollarse todas las posibilidades de innovación social de la Ilustración y el socialismo.

   Igual que el ser humano ha de ser aceptado con todo lo bueno y lo malo que conlleva su naturaleza instintual, también el desarrollo de las culturas que implica la religión en sus numerosas formas ha de ser considerado con todo lo bueno y lo malo que conlleva: las tendencias de innovación social difícilmente pueden repercutir en las masas alterando su conducta social si no se expresan mediante movimientos ideológicos con un contenido simbólico de alto poder emocional… y es en eso en lo que consiste la religión.

  Veamos ahora algunas críticas al cristianismo, la religión que, supuestamente, ha fundamentado el mundo de donde a su vez han surgido el humanismo, la ilustración, el librepensamiento y el ateísmo modernos (hubo ateísmo también en las antiguas religiones indias, por cierto):

Siempre hubo un terror impuesto por parte de la religión sobre la ciencia y el estudio durante los primeros siglos de cristianismo

  Esto no parece exacto, pues durante los primeros siglos del cristianismo fue cuando surgieron los sabios cristianos y los “doctores de la Iglesia”: personajes como Agustín, Clemente u Orígenes que, lejos de despreciar la ciencia y el estudio paganos, pretendieron demostrar que su propia versión de las disciplinas eruditas heredadas superaba a la de sus predecesores. Teniendo en cuenta que el cristianismo había surgido de las clases populares, bien podía haber destruido todo el saber antiguo que era propio de las clases pudientes paganas, pero en lugar de eso lo que hizo el cristianismo fue dar valor religioso a la ciencia y el estudio, seleccionando lo correcto o incorrecto que convenía a la fe con objeto de alcanzar fines éticos. Hay que decir, por lo demás, que la represión religiosa del conocimiento “inconveniente” ya se practicaba en otras civilizaciones no cristianas, tal como fue el caso de la condena a Sócrates. Hay una diferencia entre el “conocimiento puro”, libremente especulativo, y el “conocimiento religioso”, que apunta a determinados fines sociales y que por ese motivo limita la libertad aunque intensifica el proceso de búsqueda de la verdad (la especulación intelectual deja de ser ociosa, para convertirse en "comprometida"... con todas sus ventajas y sus inconvenientes).

  Lo más importante es que, desde el primer momento, el cristianismo eligió el camino del desarrollo doctrinal y no se conformó con la revelación divina de las doctrinas éticas, tipo “Tablas de la Ley”. Surgieron escuelas de teólogos, a imitación de las escuelas filosóficas griegas, y de los teólogos surgió el debate intelectual e, inevitablemente, las herejías que acabarían llevando al ateísmo al cabo de muchos siglos. Nos habría gustado sin duda que este proceso hubiera sido más rápido, más pacífico, más tolerante y menos contradictorio, pero, lamentablemente, la naturaleza humana no está diseñada de ese modo…

El humanismo ha cometido muchos delitos de los que debe disculparse. Pero puede disculparse por ellos y enmendarlos dentro de sus propios márgenes y sin tener que sacudir ni poner en cuestión los fundamentos de ningún sistema de creencias inalterable.

  Esto tampoco es exacto. En el Evangelio, Jesús mismo corrige el Antiguo Testamento, lo hace explícitamente, en abierta contradicción con otros llamados suyos al respeto estricto a la enseñanza religiosa previa. También apela a la razón y al juicio recto, en abierta contradicción con sus propios llamados a la pura fe. Apela igualmente a los sentimientos puros (los propios de la amistad, de la infancia, de la paternidad), en abierta contradicción con sus propios llamados al rigor de la ley. Estas contradicciones no solo eran inevitables, sino también necesarias. Sin contradicciones a modo de concesiones, la nueva realidad cognitiva jamás se hubiera abierto paso en un entorno culturalmente hostil.

  San Pablo, por ejemplo, alienta a obedecer a las autoridades terrenales al tiempo que determina que existe una ley del alma superior a la terrenal; también admite la esclavitud, pero establece la igualdad de las almas ante Dios. Si hubiese predicado directamente que no hay más ley que la del alma bondadosa y que todos somos iguales, ¿hubiera sido posible que se expandiese su doctrina en aquella época? Es muy posible, de hecho, que alguien predicase en aquellos tiempos la bondad absoluta y el libre pensamiento, pero, sencillamente, no guardamos registro de profeta semejante porque un mensaje así no habría sido comprendido.

   Por cierto que, en lo referente a “poner en cuestión los fundamentos de ningún sistema de creencias inalterable”, tenemos el dato de que cuando el cristiano griego Marción (siglo II) propuso que la nueva religión renunciase por completo a su pasado judío, esta tendencia fue vencida por los que consideraban que toda religión de prestigio requería remitirse a una antigua tradición.

  Podemos concluir que la lectura crítica de la revelación divina llevaba también a correcciones (más o menos veladas), y esta tensión entre las correcciones y la fidelidad a la revelación originaria se mantendría durante toda la civilización cristiana. Ya en el siglo XIX había sectas cristianas que cuestionaban la literalidad de las Escrituras y no ya solo su interpretación.

  En el libro de Hitchens hay algunas otras observaciones curiosas al respecto del cristianismo:

  El cristianismo está demasiado reprimido para prometer sexo en el paraíso (de hecho, nunca ha conseguido construir un cielo que resulte tentador en algún aspecto)

  Si el cielo cristiano no resulta tentador, ¿no es quizá una demostración de que su éxito no tiene tanto que ver con las fantásticas promesas de vida eterna? Y, por otra parte, el hecho de que no haya sexo en el paraíso cristiano es bastante coherente con la represión sexual misma, puesto que el deseo sexual se considera una fuente de conflictividad. Más grave parece que haya religiones que predican la castidad en la tierra a la espera de darse al libertinaje en el cielo.

   Por lo demás, una sublimación del sexo en otro tipo de experiencias humanas más profundas, universales y trascendentes demuestra un avance psicológico (el Evangelio habla de que, en el paraíso, “seremos como ángeles del Cielo”).

   Y un detalle de tipo histórico (historia contemporánea):

  La iglesia católica simpatiza con el fascismo de Mussolini porque encuentra al antiguo enemigo judío en las filas  más veteranas del partido de Lenin

   En realidad, el fascismo de Mussolini no era antisemita. Los judíos italianos fueron activos partidarios del fascismo ya que ellos se encontraban justo en una clase social de pequeña burguesía que siempre ha sido la más proclive a ese tipo de movimientos en todos los países del mundo. El fascismo italiano solo se hizo antisemita cuando cayó bajo la influencia política del poder nazi en Europa. Los nazis, por otra parte, promovían la persecución a los judíos para justificar los conflictos sociales como derivación racional de la ciencia biológica que ellos promovían: lucha de razas, en sustitución a la lucha de clases de la ciencia social marxista: es decir, ciencia en lugar de religión, lo cual no deja de ser una perspectiva pretendidamente racional.

  En suma, ni debemos confundir el teísmo con la religión, que son cosas distintas (hay fenómenos religiosos, como el budismo o el marxismo, que carecen de contenidos de tipo “sobrenatural”), ni tampoco debemos despreciar un uso futuro de la religión misma (obviamente, se trataría de una religión atea y racional) como factor de progreso a fin de superar los factores irracionales en la vida social que dificultan aún alcanzar el pleno desarrollo humano. Un mundo sin religión es tal vez un ideal lejano, tanto como para el marxismo lo era una sociedad sin Estado.

   El que existan hoy personas individuales sin religión e incluso sociedades (precisamente las más avanzadas) que carecen de religión oficial, donde avanza la irreligiosidad y no se da mucha conflictividad social no debe hacernos pensar que el recurso religioso sea ya innecesario bajo nuevas formas. De hecho, estas sociedades más prósperas y menos religiosas son casi todas procedentes de una pasada tradición teísta en particular (cristianos protestantes) cuyos efectos culturales aún persisten. ¿Sería conveniente la aparición de nuevas tendencias ideológicas que den una última vuelta de tuerca en el sentido del humanismo y el libre pensamiento?, ¿y qué pasa con las sociedades para las cuales ya es tarde para pasar por ese tipo de tradiciones religiosas que en su época ayudaron inadvertidamente a expandir el pensamiento laico?, ¿bastará para que se alcancen las deseables metas humanistas con la emulación de modelos culturales extranjeros, la propaganda, el desarrollo tecnológico, la abundancia de bienes industriales y la educación?

  La utilidad de la religión en el pasado ha sido tan grande que no se debe descartar una adaptación racional de ésta en los tiempos venideros. Y, puesto que la religión siempre ha sido un vehículo para el razonamiento, no hay contradicción alguna entre religión y razón. Tampoco hay contradicción entre fe y razón, pues la razón nos hace ver nuestra propia naturaleza irracional y nos urge a actuar incluso aunque solo contemos con justificaciones provisionales.

2 comentarios:

  1. Muy buen artículo por la profundidad del análisis, la claridad en la exposición de las ideas, y sobretodo la buena pluma. Es un gusto detenerse de vez en cuando en este rincón de sabiduría.

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  2. Gracias Pepe, por tu apoyo. Por lo visto no se grabó un comentario anterior mío en este sentido: es muy importante para mí que alguien lea las reseñas, aunque solo sea porque eso me invita a releerlas y a añadir alguna corrección...

    Lectores como tú son los que me hacen falta...

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