miércoles, 25 de noviembre de 2015

“Sobre la agresión”, 1963. Konrad Lorenz

Bien puede predecirse que las verdades sencillas relativas a la biología humana y las leyes que rigen su comportamiento se convertirán a la corta o a la larga en bien común, aceptado por todos 

El comportamiento social del hombre, lejos de estar dictado únicamente por la razón y las tradiciones de su cultura, ha de someterse a todas las leyes que rigen el comportamiento instintivo de origen filogenético; y esas leyes las conocemos muy bien por el estudio del comportamiento animal.

  Estas opiniones del etólogo y Premio Nobel de Medicina Konrad Lorenz han de ser tenidas en cuenta. Si bien se han extraído precipitadas conclusiones de la observación de la naturaleza en relación con la vida social humana –la siniestra idea del “darwinismo social”, por ejemplo-, de lo que no cabe duda es de que debemos actuar informados por los conocimientos más evidentes –“verdades sencillas”- en lo relativo a estos asuntos.

  El tema que aborda principalmente Lorenz en este libro es el de la agresividad animal –y por tanto humana-. Una preocupación ancestral.

Todos los sermones ascéticos que nos previenen contra los impulsos instintivos y la doctrina del pecado original, que nos dice que el hombre es malo desde niño, tienen el mismo contenido cierto: la idea de que el hombre no puede seguir ciegamente las inclinaciones heredadas y que debe aprender a dominarlas y a comprobar de antemano sus efectos mediante la auto integración responsable.

   Pero Konrad Lorenz pretende también desmitificar la agresión entre los seres vivos. Básicamente, su conclusión es que la agresión supone un instinto cuya relevancia en los seres vivos ha permitido desarrollar en el caso humano en particular ciertas experiencias psicológicas de las más valiosas

El vínculo personal, la amistad entre individuos sólo aparecen en los animales de agresividad intraespecífica muy desarrollada.(…) El mamífero de agresividad proverbial, la bestia senza pace del Dante, o sea el lobo, es el más fiel de los amigos

La agresión intraespecífica es millones de años más antigua que la amistad y el amor personales.

  La definición de agresión (“agresión intraespecífica”) es:

el instinto que lleva [tanto] al hombre como al animal a combatir contra los miembros de su misma especie.

  Aunque Lorenz insista en el valor evolutivo de la agresión intraespecífica, no olvida de señalar que en el caso del ser humano civilizado esto ya no tendría que ser igual que en el de las especies precedentes

Tenemos buenas razones para pensar que la agresión dentro de la especie, en la situación cultural, histórica y tecnológica de la humanidad, es el más grave de todos los peligros.

  Hecha esta salvedad, tenemos un relato acerca de la agresión y la teoría evolutiva, empezando, como siempre, por Darwin

Darwin (…) se había planteado el problema del valor que tiene para la supervivencia de la especie la agresividad, y había hallado una respuesta satisfactoria: siempre es ventajoso para el futuro de la especie que sea el más fuerte de dos rivales quien se quede con el territorio o la hembra deseadas.

  Igualmente a nivel de grupo

El peligro de que en una parte del biotopo disponible se instale una población demasiado densa, que agote todos los recursos alimenticios y padezca hambre mientras otra parte queda sin utilizar, se elimina del modo más sencillo si los animales de una misma especie sienten aversión unos por otros. Esta es la más importante misión, dicha sin adornos ni rodeos, que cumple la agresión para la conservación de la especie. 

  Las repercusiones sociales del refrendo científico a la competitividad dentro de la misma especie (individualmente y por grupos) llegó en el peor momento histórico posible: justo cuando se venía abajo la justificación sobrenatural de la moralidad y fraternidad humanas (“Muerte de Dios”). Eso dio lugar a que surgieran voces  angustiadas (“si Dios no existe, todo está permitido”) que señalaban a nuestra naturaleza meramente animal, a la reivindicación filosófica del instinto (“irracionalismo”).

  La ciencia nos debía, por tanto, una ulterior explicación que refrenara un poco a los oportunistas partidarios de la agresión y competitividad mutuas… La idea de “evolución impropia” es válida a este respecto:

La vida apresurada que nos ha hecho nuestra civilización industrializada y comercializada es efectivamente un buen ejemplo de evolución impropia, debida exclusivamente a la competencia entre congéneres. El hombre contemporáneo padece de la enfermedad de los gerentes, hipertensión arterial, atrofia renal, úlcera de estómago y neurosis torturantes; vuelve a la barbarie porque ya no tiene tiempo que dedicar a empeños culturales. Y todo ello sin necesidad, ya que nada le impide entenderse con sus congéneres para trabajar con más calma, sin dejar por eso de ganarse la vida. Nada se lo impide en teoría, porque en la práctica le es tan imposible renunciar a esa vida como al faisán a sus plumas.(…) El hombre está particularmente expuesto a los nefastos efectos de la selección intraespecífica.

   Lorenz encuentra una “evolución propia” en el comportamiento de los animales no civilizados…

los machos de estas especies [bisontes] luchan ardiente y dramáticamente entre ellos, y no cabe dudar de que la selección resultante de ese comportamiento agonístico produce grandes y firmes defensores de las familias y los rebaños. Pero tampoco puede dudarse de que la función conservadora de la especie que cumple la defensa del rebaño ha contribuido bastante a favorecer los combates despiadados entre rivales por selección. (…) La defensa de la familia (una forma de confrontación con el mundo extraespecífico) dio origen a los duelos entre rivales

  ¿Y no podría darse también una “evolución propia” entre los humanos derivada asimismo de los combates entre rivales por selección? Ciertas costumbres, ciertos propagandistas, incluso ciertas ideologías (el “irracionalismo” ya mencionado), parecen ir en ese sentido. Los duelos por honor, por ejemplo, eran tradición entre los nobles…

Los duelos entre rivales (…) sólo realizan una selección útil si producen luchadores no solamente aptos para la pelea con sus congéneres, sino también capaces de vérselas con enemigos de otras especies. Su función más importante es, pues, la selección de un campeón que defienda efectivamente a las familias, y esto presupone otra función de la agresión intraespecífica: la defensa de los pequeñuelos, tan evidentemente necesaria que no insistiremos en ella.

  También los demagogos pudieron argumentar esto: fomentamos la competitividad no por el mero egoísmo (“selección impropia”), sino por el bien común ("defensa de los pequeñuelos": “selección propia”) que requiere de la selección de los más aptos mediante duros procesos por el estilo de los de los duelistas…

  Lorenz parece decir que no…

Lo más probable es que esta nefasta dosis de agresividad que llevamos en los huesos como una herencia malsana se deba a un proceso de selección intraespecífica que operó en nuestros antepasados durante decenas de miles de años, durante el neolítico. Apenas llegó el hombre a dominar (…) gracias a sus armas, sus vestimentas y su organización social los peligros externos del hambre, el frío y las fieras devoradoras (…) intervino sin duda una selección intraespecífica perjudicial. El factor selectivo fue a partir de entonces la guerra que se hacían entre sí las hordas vecinas de gentes hostiles. Sin duda se produjo una selección muy rigurosa de todas las llamadas «virtudes guerreras»

  Pero ¿son o no en verdad “virtudes”, tales “virtudes guerreras”?, ¿es todo un lastre del pasado?

Todo cuanto el hombre venera y tiene por sagrado en la tradición no representa un valor ético absoluto, sino dentro de los límites de una cultura determinada. Mas todo esto no implica nada contra el valor y la necesidad de la resuelta lealtad con que el hombre bueno se apega a las costumbres que su cultura le ha trasmitido. Podría parecer que su lealtad es digna de mejor causa, pero no hay muchas causas mejores. 

   Esto parece una contradicción. Si partimos de que la agresividad humana es una “selección perjudicial” , deberíamos contar con una creencia, una ideología, capaz de oponerle una alternativa, pues el caso es que las tradiciones culturales agresivas, de lealtades pasionales, son muy abundantes y resulta que Lorenz, a pesar de sus buenas intenciones, cree que la agresividad merece cierta expresión, y no cree, en cambio, que podamos educar a los jóvenes sin experimentar frustraciones y sufrimiento…

En principio, todo verdadero movimiento instintivo al que se niega del modo dicho la posibilidad de una abreacción o descarga tiene la propiedad de inquietar todo el animal y hacerlo buscar los estímulos que la desencadenan.

Para [Kant] es evidente que un ser dotado de razón no puede querer hacer daño a otro ser de la misma especie. (…)Para Kant resulta así evidente e incontrovertible lo que para el etólogo necesita explicación, o sea, el hecho de que una persona no pueda hacer daño a otra.

El conocimiento de que la tendencia agresiva es un verdadero instinto, destinado primordialmente a conservar la especie, nos hace comprender la magnitud del peligro: es lo espontáneo de ese instinto lo que lo hace tan temible. Si se tratara solamente de una reacción a determinadas condiciones exteriores, como quieren muchos sociólogos y psicólogos, la situación de la humanidad no sería tan peligrosa como es en realidad, porque entonces podrían estudiarse a fondo y eliminarse los factores causantes de esas reacciones. 

Han sacado muchos maestros norteamericanos la falsa consecuencia de que bastaría evitarles todas las frustraciones o decepciones y darles gusto en todo para que los hijos fueran menos neuróticos, mejor adaptados al medio y, sobre todo, menos agresivos. Pero un método norteamericano de educación basado en una de tales hipótesis sirvió únicamente para demostrar que la pulsión agresiva, como tantos instintos, surge «espontáneamente» en el corazón del hombre. Así se formaron innumerables niños desvergonzados y cabalmente insoportables; cualquier cosa menos no agresivos. 

     Y luego tenemos esto:

En todo amor verdadero entra una buena cantidad de agresividad disimulada por el vínculo y que al romperse este se revela en ese espantoso fenómeno que llamamos odio. No hay amor sin agresividad, pero tampoco hay odio sin amor.

  Lo de que “no hay amor sin agresividad” parece una afirmación bastante aventurada (a menos que se esté refiriendo al sentimiento pasional): no se nos proporciona argumento alguno que confirme semejante cosa. Claro está, podemos considerar que para experimentar amor hemos de vencer primero la agresividad y el odio. Lógicamente, para que sean reprimidos primero tendrían que existir… pero eso no quiere decir que la agresividad “se disimule”. No es lo mismo disimular algo que reprimirlo.

  Recapitulando: por una parte se nos informa de que los mamíferos superiores desarrollan la agresividad intraespecífica por el bien del grupo, para generar nuevas generaciones de individuos más capaces de contribuir al bien común (duelos constantes que permiten que el más fuerte predomine y tenga más descendencia capaz de seguir la trayectoria duelista de los progenitores…); por otra parte, se nos dice que esto nos ha dejado una “nefasta dosis de agresividad que llevamos en los huesos como una herencia malsana”,  y finalmente resulta que los que niegan la existencia de tal agresividad innata (¿de verdad alguien la niega?, la doctrina del “pecado original” desde luego no la niega…) está llevando a una falsa idea de “evitarles todas las frustraciones o decepciones” a los niños que, según Lorenz, que no era un experto en este campo, estaría formando innumerables niños desvergonzados y cabalmente insoportables

  Su juicio acerca de la importancia de la agresión para desarrollar la personalidad propiamente humana  hace muy sospechosa y hasta poco creíble su crítica a la “herencia malsana” de nuestros lejanos antepasados

La caballerosidad o «limpieza» del juego deportivo, que se ha de conservar en los momentos más excitantes y desencadenadores de agresión, es una importante conquista cultural de la humanidad. Además, el deporte tiene un efecto benéfico porque hace posible la competencia verdaderamente entusiasta entre dos comunidades supraindividuales. No solamente abre una oportuna válvula de seguridad a la agresión acumulada en la forma de sus pautas de comportamiento más toscas, individuales y egoístas, sino que permite el desahogo cumplido de su forma especial colectiva más altamente diferenciada. 

La reorientación de la agresión es el camino más prometedor (…) No debe confundirse la sublimación con una sencilla reorientación. 

  Lo grave sería que la “sencilla reorientación” supusiera la continuidad de las manifestaciones esenciales del hecho agresivo y el cultivo de sus pautas de conducta derivadas que siempre se hallarían a punto para desarrollarse y transformarse…

El amor y la amistad caracterizan mucho mejor todo lo que es bondad que la agresión todo lo que es maldad, ya que sólo por error se la considera una pulsión destructora y mortífera.

  Cuesta trabajo entender que la maldad pueda existir sin agresión. En realidad, de la observación del comportamiento animal uno concluye que, si el origen de la agresión es probable que se encuentre en las funciones mencionadas de “selección útil”, no parece tanto que el amor y la amistad tengan el mismo origen. El origen de estas emociones altruistas, cooperativas y benevolentes parece estar más bien en la maternidad. Una cosa es decir que la agresión fue importante para la mejora de la especie en mamíferos anteriores al ser humano, y otra decir que hoy sea algo más que un estorbo, sobre todo cuando se ha tenido que reconocer que la agresión en el ser humano se ha manifestado como una selección intraespecífica perjudicial.

   Otros biólogos consideran que el surgimiento en los seres vivos del afecto y el amor están relacionados con el cuidado parental propio de los mamíferos, mientras que la agresividad ya existía en los seres vivos más primitivos, como los reptiles.

    La alusión a la “reorientación” de la agresividad en lugar de la “sublimación” ya compromete los buenos propósitos iniciales. ¿Por qué no reconocer, sencillamente, que la agresión es una herencia del pasado que carece de utilidad alguna en nuestra forma de vida actual?

  Si justificamos la existencia de una “agresión buena” estamos confundiendo a quienes toman la información científica como referente en la búsqueda de nuevas soluciones. No hay agresión buena, reorientada o controlada. Pero hay agresión, y la cultura se construye precisamente creando controles a ésta.

  Lo sospechoso del planteamiento de Lorenz se hace más evidente por algunas de las observaciones que da por sentadas y que han sido cuestionadas más tarde

Nunca hemos observado que el objetivo de la agresión sea el aniquilamiento de los congéneres

Uno puede imaginarse como si lo estuviera viendo lo que sucedería si, por un fenómeno natural que nunca se ha dado, la paloma adquiriera de repente el pico de un cuervo. Parecida es la situación del hombre al descubrir que una piedra afilada puede servirle de arma cortante o contundente. 

  En realidad, los chimpancés en libertad han demostrado que son capaces de matarse unos a otros, sin necesidad de inventar armas. Y, por cierto, también se ha comprobado que no es cierto que

cuando un hombre inventa el arco y las flechas o las toma de un pueblo culturalmente más adelantado, no sólo su descendencia sino toda la sociedad de que forma parte poseerá tan firmemente, esos instrumentos como si se tratase de órganos que le hubieran crecido en el cuerpo por mutación y selección. Y el modo de usarlos no se olvidará ya, del mismo modo que no puede volverse rudimentario un órgano de importancia vital.

   Se han encontrado pueblos de los que hemos llegado a saber que han perdido habilidades de ese tipo, probablemente al desarrollar prohibiciones de tipo cultural

El demagogo conoce bien la acción inhibidora de la agresión que produce el contacto personal y, como es natural, trata de impedir que se encuentren en sociedad aquellos a quienes quiere mantener enemigos. 

  Desgraciadamente, esto tampoco es cierto. El conflicto entre grupos muchas veces es exacerbado por el contacto personal (por eso ha sido un hallazgo cultural tan valioso la aparición de la privacidad familiar, que elude situaciones de conflicto), de la misma forma que los deportes u otros fenómenos de supuesta catarsis agresiva activan la psicología de la violencia en los individuos más que apaciguarla.

  No parece el camino hacer concesiones a la agresividad “reorientándola”, sino más bien fomentar los mecanismos de comportamiento opuestos (igual que existe “agresividad” también existe “antiagresividad”). En lo que sí todos hemos de estar de acuerdo es en que la agresión existe, que nacemos con ella (unos con más, otros con menos)… y que si alguna vez logramos controlarla hasta niveles mínimos entonces habremos alcanzado la meta que ha sido una aspiración universal desde el descubrimiento de las religiones “compasivas”, las mismas que resultaron ser la base de los mayores logros de la civilización.

13 comentarios:

  1. Pienso que los seres nacemos esencialmente BUENOS.Me atrevo a decir que los niños con reacciones violentas,imperiosas, son la excepción.Niños pequeños son capaces de obsequiar a otro golosinas, un juguete,etc. Hay algo que no parece estar presente en las consideraciones de las mentes científicas: el poder del Amor. Y este poder permea a toda la Naturaleza. Hay que darse tiempo para observar el mundo vegetal, que es el más generoso de todos.Luego los animales que viven en contacto con las personas, están teniendo rasgos de puro amor y solidaridad. Cualquier gata, o perra, es capaz de aceptar otros bebés que ella no ha Apenas se percatan de la existencia de unos cachorros con hambre, ya los están rescatando y llevándoles a su madriguera. En cuanto a nosotros los humanos, también nos vamos entregando a un imperioso deseo de Bien que trascienda por doquier.Sociedades que han sido compulsivamente divididas por preferencias políticas, inducidas al antagonismo, son capaces de convivir sobre una base de respeto pluralista.

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    1. El mundo vegetal no es generoso en absoluto. La competencia entre las plantas por ocupar el suelo y captar la luz del sol es más salvaje aún que la que se da entre los animales. Una selva (o el monte) no es en absoluto una relación armoniosa entre especies, sino la más despiadada lucha por los recursos disponibles, y quien diga lo contrario es que no tiene la menor idea de lo que está hablando, o no ha observado nunca la naturaleza (un parque de una ciudad no es campo, sino una disposición de plantas absolutamente artificial).
      Yo no creo que los seres humanos nazcamos esencialmente BUENOS, sino que nacemos esencialmente MONOS, y que las motivaciones de un niño son simplemente las de nuestra parte emocional, que coincide con la mente de todos los mamíferos: sentimos amor sexual por nuestra pareja, amor familiar por nuestra familia, amistad por los individuos cercanos con los que hemos compartido momentos agradables, odio hacia los miembros de otros grupos y hacia los que han hecho mal,... y siempre, si tenemos posibilidad, rivalizamos unos con otros por llegar a ser el macho o la hembra alfa de nuestro grupo.
      La parte intelectual y cultural varía de unos individuos a otros, pero, si fuéramos capaces de aislarla por completo, la parte emocional sería muy similar en todos nosotros, y casi idéntica a las de los monos y el resto de mamíferos.
      Tan natural es el amor como el odio, porque, salvo trastorno neurótico grave, todos somos tan capaces de sentir amor como de sentir odio.
      No nacemos esencialmente buenos ni nacemos esencialmente malos, pero sí nacemos con la capacidad para ser buenos y también con la capacidad para ser malos. Serán las circunstancias las que hagan que predomine una o la otra.
      La mente de un mamífero (y no digamos ya la humana) es demasiado compleja como para resumirla con un único adjetivo. Las religiones, pseudociencias, seguidores del pensamiento positivo y parte de los científicos sociales se empeñan en simplificar algo tremendamente complejo a una premisa simple, que en absoluto explica la realidad observable.

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  2. "los animales que viven en contacto con las personas, están teniendo rasgos de puro amor y solidaridad."
    Eso se debe a que estos animales han sido seleccionados -domesticados- por el hombre para que se acomoden a muchas de sus necesidades afectivas. Los animales salvajes no siempre demuestran un comportamiento tan humanitario.

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  3. "las motivaciones de un niño son simplemente las de nuestra parte emocional, que coincide con la mente de todos los mamíferos"

    "Mente inquieta", aquí sobre los niños

    http://unpocodesabiduria21.blogspot.com.es/2016/03/solo-bebes-2013-paul-bloom.html

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    1. Gracias por el apunte, aunque ya había leído ese resumen. Descubrí tu blog hace casi un mes y ya llevo leídos 109 de los 157 artículos que has publicado (y tengo intención de leer los 48 que me faltan cuando tenga tiempo).
      Muchas gracias por compartir todo ese conocimiento. Me has ahorrado muchas horas al poder tener acceso a las ideas fundamentales de cada libro sin tener que leerlo completo. La mayoría de los autores que escriben sobre estos temas dedican decenas o cientos de páginas a darle vueltas y más vueltas a unas pocas ideas básicas que muchas veces ni siquiera tienen nada de original, y uno termina el libro con la sensación de haber perdido buena parte del tiempo empleado en su lectura.
      Tengo que reconocer que, en la mayoría de los casos, me están gustando más tus observaciones y críticas que las ideas de los autores.
      Sobre el libro de Paul Bloom, pues no es que aporte mucho, la verdad. El tema central (que parte de la moralidad es innata) es una cuestión que puede parecer de lo más interesante a priori, pero viendo lo que dice, a mí apenas me aporta nada. El propio concepto "moralidad" o "ética" son puramente artificiales. Juzgar si una cosa es buena o mala es algo que obsesiona a las religiones, a los gobernantes y las propias sociedades, pero si Dios no existe (y si existe no tiene nada que ver con el Dios cristiano), si las religiones son un insulto a la racionalidad y si las sociedades son simples rebaños de personas que deben obligatoriamente fijar leyes y costumbres que hagan la convivencia fácil,o al menos posible, no entiendo como alguien pude pensar que la moralidad o la ética pueden ser una cuestión importante para comprender lo que somos, de dónde venimos y hacia donde vamos. El propio enfoque de la cuestión me parece bastante desatinado, la verdad.

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  4. Gracias, Mente Inquieta, por tu juicio favorable a mis reseñas. Comencé hace tres años (ojalá hubiese empezado mucho antes), a modo de "fichero" de mis lecturas, con fines prácticos y por coleccionismo, pero también interesado en compartir puntos de vista sobre la "sabiduría" (es decir, el conocimiento práctico y comunicable sobre "el problema humano", informado por la ciencia). Recibo ahora un promedio de doscientas visitas diarias, que no sé si es mucho o poco, pero es más que las que recibía el año pasado. Algunos de los libros que aparecen aquí no están traducidos al español ni tampoco reseñados, así que puedo pensar que hago alguna aportación objetiva al conocimiento. Espero continuar unos años más.

    "si las sociedades son simples rebaños de personas que deben obligatoriamente fijar leyes y costumbres que hagan la convivencia fácil,o al menos posible, no entiendo como alguien pude pensar que la moralidad o la ética pueden ser una cuestión importante para comprender lo que somos, de dónde venimos y hacia donde vamos."

    La psicología de la moralidad y las estrategias para "mejorar" la moralidad (especialmente lo referido a la religión) son quizá los temas centrales de la "sabiduría" tal como la enfoco yo aquí. Puesto que el progreso tecnológico -al menos- se basa en la cooperación, es la moralidad la que facilita su desarrollo, pues trata de minimizar el permanente conflicto de intereses particulares, potenciando la consecución del bien común. A estas alturas, yo ya estoy convencido de que "progreso de la civilización" equivale a "progreso de la moralidad", e incluso me he atrevido a elaborar al respecto una propuesta -que creo original- que es el texto que aparece abajo del todo en esta página.

    El truco consiste en que asumamos la parte irracional de nuestro comportamiento (sobre todo la agresividad) y le demos un tratamiento psicológico adecuado conforme a nuestra naturaleza. Nuestra sociedad actual apuesta sobre todo por la educación (el cambio político está cada vez más desacreditado), pero a mí me parece que se podría hacer algo más actualizando y racionalizando los viejos mecanismos religiosos. Entiendo la religión sobre todo como cierto proceso organizado de interiorización de pautas morales en un contexto cultural determinado. Lo ideal sería una cultura pacífica, cooperativa y emocionalmente gratificante a nivel planetario. Y me parece que actualmente no se están aprovechando todos los recursos a nuestro alcance, me temo que por prejuicios y por falta de imaginación para superar los límites convencionales.

    Si crees que la moralidad no es importante para comprender la naturaleza humana y las posibilidades futuras, entonces ¿qué alternativa se te ocurre entonces a la moralidad?

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    2. Creo que estás haciendo una magnífica labor con estos resúmenes que publicas. Cualquiera que se adentre en la apasionante labor de tratar de comprender la naturaleza humana se topa inevitablemente contra el muro de la saturación. Hay tantos autores, tantos libros escritos, tantos enfoques diferentes, que una vida humana no es suficiente para revisar lo que han concluido los que, antes que nosotros, han pensado sobre estos temas. En ese sentido, cualquier labor que resuma, sintetice y relacione ideas de unos autores con las de otros es una labor útil para el progreso del conocimiento humano. Yo te animo que continúes con tus artículos, y no te preocupes de si tus lectores son muchos o pocos. Seguro que con el tiempo serán más. Piensa que lo importante, más que la cantidad, es la calidad de los lectores. El 40% de los españoles lee menos de un libro al año y el 85% menos de un libro al trimestre, por lo que interesarse por estos temas, que a ti y a mí nos resultan tan apasionantes, ha sido siempre algo propio de un porcentaje muy pequeño de la población. Con tu trabajo estás contribuyendo a la formación intelectual de los pensadores de la siguiente generación, y es muy probable que entre tus lectores actuales se encuentre alguno de los grandes pensadores de habla hispana del futuro.
      Yo descubrí este blog por casualidad, buscando un resumen sobre un libro que no me apetecía leer entero, y tras ver la enorme cantidad y calidad de los resúmenes publicados, no puede dejar de interesarme por el autor, y descubrir tu otro blog, el de “La última religión”, cuyos artículos leí con el mayor interés. Me llamó bastante la atención la ambición de tu propuesta, y pensé que bien merecía la pena leer todos los artículos que has publicado en este blog y que sería enriquecedor para mí asimilar el curso de tus razonamientos y las conclusiones que has extraído de cada libro.
      De entre los temas que tratas, a mí los que me interesan son el funcionamiento de la mente y el proceso de evolución, de todos los seres vivos en general, pero por supuesto del ser humano y de las sociedades. El tema de la moralidad, en cambio, no me resulta especialmente interesante, y creo que es un asunto enormemente sobredimensionado en la historia del pensamiento humano. Filosofía y religión se entrelazan e incluso se fusionan a lo largo de la historia del pensamiento, por eso la mayoría de los pensadores han dado un lugar importante al tema de la moralidad, y, debido a claras influencias religiosas, muchos llegan a dar por sentado que lo que nos hace humanos, es decir, lo que nos distingue de los monos, es principalmente la moralidad.
      Yo creo que es un enfoque demasiado antropocéntrico. La moralidad preocupa mucho al hombre de todas las épocas y de todas las culturas, porque la falta de ella provoca graves trastornos sociales. Pero yo creo que para comprender la realidad que nos rodea no debemos mirar las cosas desde el punto de vista humano, sino mirarlas desde el centro del Universo. Aunque el ser humano no descubrió la existencia del átomo hasta hace poco, los átomos ya existían millones de años antes de que el hombre apareciese. De la misma forma, no es nuestro pensamiento lo que decide la forma en la que funciona nuestro cerebro, sino que es la arquitectura de nuestro cerebro la que hace posible que nuestro pensamiento se produzca, y que funcione de la forma en la que lo hace. Nosotros no hemos creado la Naturaleza, sino que la Naturaleza nos ha creado a nosotros, por lo que todo lo que hay en nosotros (incluido cualquier pensamiento que pueda pasar por cualquier mente humana) debe encajar con el resto de la Naturaleza, regirse por las mismas normas y por el mismo impulso evolutivo.
      La clave de todo está en descubrir lo que es X en la ecuación:
      Mono + X = Hombre
      Muchos dicen que esa X, es decir, lo que hace humanos, es la moralidad. Yo discrepo completamente, porque “moralidad” no es un concepto que pueda encajarse con la disposición de la Naturaleza, en la que todo está dispuesto siguiendo una forma increíblemente pragmática y bien organizada.

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    3. Yo lo veo así:
      La mente del mono está regida por emociones, y nuestras emociones son simplemente el sistema de toma de decisiones que hemos heredado del mono que fuimos. En mi ecuación, todas las emociones forman parte del mono, y lo que forma la X, en cambio, no contiene ninguna emoción de ningún tipo. En mi opinión, la X, lo que nos hace humanos, son cosas como la creatividad, el ingenio, el pensamiento abstracto,… Todas esas cosas son incompatibles con las emociones, porque cuando sentimos emociones no podemos pensar óptimamente de forma racional. El pensamiento puro se da en momentos en los que las emociones están complemente ausentes de nuestra mente.
      Moralidad es un término que puede descomponerse en otros, y algunos de ellos son emociones, que están presentes también en la mente del mono. Por eso (¿a diferencia de ti?) pienso que la comprensión de la moralidad no es un enfoque adecuado para comprender la cuestión humana. Yo creo que la moralidad debe descomponerse en sus elementos constituyentes, y dejar a un lado todos esos elementos que sean emociones, porque las emociones también están presentes en la mente de un mono.

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  6. "La clave de todo está en descubrir lo que es X en la ecuación:
    Mono + X = Hombre"

    "En mi ecuación, todas las emociones forman parte del mono, y lo que forma la X, en cambio, no contiene ninguna emoción de ningún tipo. En mi opinión, la X, lo que nos hace humanos, son cosas como la creatividad, el ingenio, el pensamiento abstracto,… "

    Según me parece entender, tu planteamiento sigue un poco la tradición "ilustrada", a lo Kant, al que siempre se menciona cuando se habla de moralidad (sean filósofos o cientificos quienes se pronuncien). Para Kant, el comportamiento humano debía de regirse por la razón, y el individuo debía actuar moralmente en tanto que informado por la razón de cuáles son los comportamientos más beneficiosos para el bien común. De ahí sus máximas de "obrar de forma que pueda ser un modelo universal" y "tomar al individuo siempre como fin y nunca como medio".

    Nosotros, como Kant, nos sentamos y filosofamos acerca de cómo alcanzar el bien común, que tan productivo sería para nosotros mismos: vamos a ser honrados, inteligentes y trabajadores, y todo se solucionará. Somos seres racionales, no animales a los que empujan los instintos.

    No sé si éste es más o menos tu planteamiento, Mente Inquieta, pero si has leído mis reseñas (por ejemplo, las de Jonathan Haidt) quizá te hayas dado cuenta de que los psicólogos hoy dudan de que solo mediante la mera razón, el sentido común y la guía de la ciencia podamos enfrentarnos a nuestros instintos en acción que, como muy bien dices, vienen del "mono", más propiamente del "Homo Sapiens", cazador-recolector en la sabana, que solo muy recientemente ha descubierto la racionalidad y la ciencia.

    Precisamente por eso es tan importante la psicología. La psicología es una disciplina -tipo de ciencia social- que estudia el comportamiento irracional. Parte de asumir nuestra irracionalidad: la fuerza del instinto, las trampas del inconsciente, la incapacidad o inexistencia de nuestra libre voluntad.

    A mi modo de ver, necesitamos aplicar la psicología a nuestra sociedad, una sociedad que debería ser regida menos por tradiciones o por política, y más por una comprensión lúcida (lúcida hasta lo anticonvencional) de nuestras debilidades. La psicología es racionalizar nuestra irracionalidad.

    Por eso, abogo por poner en marcha estrategias de mejora social basadas en mecanismos culturales psicológicos por el estilo de las antiguas religiones. Podemos empezar por comprender que cuando un individuo tomaba la decisión de hacerse cristiano, musulmán o budista estaba reconociendo la impotencia de controlar sus instintos y su entorno, poniéndose entonces en manos de una organización social de mejora de la conducta. Este planteamiento es parecido al del sujeto que va al psicoterapeuta, admitiendo su derrota a la hora de enfrentar sus propios impulsos. O -en el ejemplo que suelo poner- el adicto que va a "Alcohólicos Anónimos" u otra asociación parecida.

    Aquí reinan las emociones, y tenemos que aprender a manejarlas (la moralidad es vital en eso), pero no conviene minusvalorar su poder.

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  7. Tengo que confesar que no conozco bien los planteamientos de Kant, pero no me refería a eso.
    Lo que trato de explicar (necesitaría al menos dos o tres capítulos de un libro para explicarlo bien, así que un comentario es un poco corto) no tiene nada que ver con la forma de decidir como debemos comportarnos. Yo sólo hablo de comprender lo que somos, de dónde venimos y hacia donde vamos. Hasta que no sepamos eso, cualquier intento de definir lo que es bueno y lo que es malo será impreciso, y estará errado en parte.
    Te lo explico con un ejemplo:
    Imagina que Dios existe, pero que no tiene nada que ver con el Dios cristiano, y lo que realmente desea es que los débiles sean sacrificados, y se dé todo el poder y todo el dinero a los más ambiciosos de cada sociedad. Si eso fuera así, al seguir los valores cristianos estaríamos pecando contra el Dios verdadero, que tal vez nos está castigando con todos los males del mundo actual, que podrían desapacer de un día para otro si hiciéramos lo que ese Dios quiere, es decir, matar a todos los pobres y fracasados del mundo. ¿Te imaginas que fuera así? Ya sé que suena un poco fuerte, pero haz un ejercicio de imaginación e imagina por un momento que fuera así. ¿Qué filósofo, o moralista, o religión, o tradición social del mundo actual estaría acertando en sus planteamientos? Yo creo que ninguna.
    Por eso mi planteamiento es:
    Primero comprendamos bien lo que es el Universo, lo que es la vida, y lo que es la mente humana, y como funciona cada uno de ellos, y luego, cuando lo hayamos comprendido, procuremos alinear nuestro comportamiento con el impulso que rige todo eso. Cómo no tenemos demasiada idea de lo que somos, de dónde venimos ni hacia dónde vamos, no podemos saber con certeza lo que es bueno y lo que es malo, por eso yo no juzgo nada como bueno o malo, ni creo que la moralidad sea un enfoque adecuado en la comprensión de la realidad.
    Yo pienso: "Lo que es, es, y por algo será". Pienso que cada comportamiento, cada impulso instintivo, cada acto agresivo, cada capacidad de nuestra mente, cada trastorno del comportamiento o de la cognición, cada forma de generar ideas creativas,... si es así, por algo será. Primero comprendamos y luego juzguemos. A día de hoy no hemos comprendido ni la mitad de la mitad de como se produce el proceso evolutivo ni de como funciona realmente la mente. Lo que sabemos es una gota, y lo que ignoramos el océano. Todo el que se atreva a decir qué es bueno y que es malo está pecando de soberbia, y probablemente los habitantes del mundo futuro se reirán de su desatino, cómo nosotros nos burlamos de algunas de las supersticiones del mundo antiguo.
    ¿Y cómo nos comportamos hasta que lo comprendamos? Pues cumpliendo las leyes y las costumbres sociales, que, si son las que son, por algo será. Y cuando estemos descontentos con alguna, ya la iremos cambiando.

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  8. "Todo el que se atreva a decir qué es bueno y que es malo está pecando de soberbia"

    Por supuesto, alcanzar el conocimiento exacto en cualquier materia es muy difícil. Pero el problema con la moral es que no podemos permitirnos el lujo de esperar a tener las respuestas exactas. Los problemas se presentan ahora, y hemos de afrontarlos ahora con el conocimiento que podemos permitirnos.

    "¿Y cómo nos comportamos hasta que lo comprendamos? Pues cumpliendo las leyes y las costumbres sociales, que, si son las que son, por algo será. Y cuando estemos descontentos con alguna, ya la iremos cambiando."

    Estoy en desacuerdo con ese conformismo. La moralidad evoluciona constantemente, y lo que tenía sentido hace cien años hoy ya no lo tiene, y para que ese cambio se produzca tenemos que tomar partido y actuar. La moralidad de hace quinientos años nos sirve de poco, y muchísimo menos la "moralidad natural" del cazador-recolector cuya herencia genética portamos.

    "Primero comprendamos bien lo que es el Universo, lo que es la vida, y lo que es la mente humana, y como funciona cada uno de ellos,"

    Las "Grandes Preguntas" yo creo que no son tan urgentes. De hecho, hoy por hoy, los conocimientos de Física Teórica requieren de una tecnología avanzadísima que no puede salir adelante sin grandes inversiones económicas. Y eso implica trabajo. Así que averiguar los misterios de la Naturaleza nos exige primero resolver los problemas de convivencia (¡aunque solo sea por motivos prácticos!). A lo mejor cuando el dinero que nos gastamos en armamento lo podamos dedicar a investigacion científica tenemos la oportundidad de averiguar más cosas.

    En cualquier caso, yo creo que a nivel de desarrollo de la civilización (lo que implica el desarrollo de la moralidad) ya sabemos algunas cosas. Sabemos que la agresividad es un obstáculo, por ejemplo. Sabemos que el egoísmo y ciertos deseos naturales desaforados son también un obstáculo. Que nos conviene -como siempre ha sido desde que hay civilización- controlar nuestros instintos. Y que hay muchas formas de ser feliz.

    De todas las formas en que se puede ser feliz, yo apuesto por aquellas que no generen conflictos de intereses individuales. En mi opinión, cultivar los bienes afectivos propios de las relaciones personales de extrema confianza, es el mejor medio de obtener bienes abundantes, baratos y tremendamente fructíferos para la convivencia y la cooperación económica.

    ¿Cuál es el camino para conseguir eso? Hay varios. Unos están ya en marcha, y otros, sorprendentemente, no. Eso es todo. Y, para las Grandes Preguntas, siempre habrá ocasión...

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