domingo, 5 de noviembre de 2017

“Religión y antropología”, 2006. Brian Morris

Este estudio se [centra] específicamente en la antropología social de la religión (…) combinando (…) la interpretación de las creencias y prácticas religiosas, con un enfoque sociológico que sitúa la religión en su contexto sociohistórico

Este estudio [intenta] describir la diversidad de formas religiosas que se dan en todo el mundo como instituciones sociales (…)[situando] estas instituciones, ya [sean] tradiciones culturales, iglesias o movimientos, en su contexto sociohistórico específico,y (…) [centrándose] principalmente no en los textos religiosos, sino en los estudios etnográficos

La religión es (…) esencialmente, un fenómeno social. La religión es una institución social, un sistema sociológico; y, por tanto, es mal comprendida cuando simplemente se la considera como una ideología o como un sistema de creencias

   Normalmente, a la hora de abordar una cuestión tan compleja, profunda y equívoca como la religión, al científico social no le queda más remedio que elegir una de las dos opciones generales: la religión como causa o la religión como consecuencia.

    La consideración del “contexto sociohistórico” sugiere que es una consecuencia. Está claro que las culturas evolucionan por las circunstancias del entorno, sobre todo las económicas. Pero, al mismo tiempo, de todas las instituciones sociales afectadas por los cambios del entorno, es siempre la religión la más significativa. De hecho, sabemos que un cambio ha sido profundo y que tendrá consecuencias por cómo cambia la religión en una cultura determinada. La caracterización más marcada en una comunidad extensa de individuos –una nación, un pueblo- suele ser su religión, y la mayor resistencia a los  cambios derivados del cambio en el entorno, la mayor capacidad de supervivencia de una cultura como tal cultura específica ante los nuevos desafíos, la encontramos siempre en su religión.  Sabemos que una cultura ha cambiado verdaderamente sobre todo porque su religión ha cambiado, y muchas veces es el cambio que mueve todos los demás cambios, porque una vez vencida la resistencia que presenta la religión los demás factores se mostrarán cada vez más dóciles. Por lo menos, en las civilizaciones históricas…

[Hay] dos funciones básicas de la religión, la trascendental (preocupada del bienestar a largo plazo y los fines últimos de la salvación) y la pragmática (centrada en asuntos terrenales y problemas personales o locales)

    Las religiones “pragmáticas” (la que recurre a sacrificios al dios para tener una buena cosecha, por ejemplo) son las propias de las culturas más tradicionales –o primitivas-. Esas culturas se hayan de alguna forma estancadas en procesos de cambios rápidos pero no decisivos que van y vienen por caminos ya trillados… y de los cuales sus participantes no son conscientes porque no suelen tener memoria exacta del pasado. No conocen la historia. Son prehistóricos.

La mejor manera de describir el chamanismo es como un complejo de diversas creencias y prácticas dentro de una religión y no como una religión en sí mismo

   Muchos estudiosos han considerado que el chamanismo es el origen de la religión. ¿Es posible que antes de que el chamanismo complementara la religión no hubiese religión? Está claro que la brujería y la creencia en los seres sobrenaturales está en el origen cognitivo del ser humano, puesto que tales fenómenos se dan en todas las culturas conocidas. Se trata de una consecuencia social de la superstición, que puede definirse en general como la atribución sistemática de falsas causas a muchos de los efectos que se producen entre la totalidad de sucesos que se dan en el medio humano (para el individuo rara vez es tolerable que queden fenómenos sin ser explicados). Y es fácil hacer creer a un individuo supersticioso que ciertas personas son capaces de utilizar en su provecho egoísta las fuerzas de lo sobrenatural –de lo inexplicado.  

El brujo (…) es la encarnación del mal en África

Los melanesios no establecen una distinción radical entre religión y magia –el empleo de poderes ocultos con propósitos instrumentales-

 
En circunstancias normales la detección de la brujería y las contramedidas son la principal ocupación de los adivinos

  Así que, a la vista de este panorama de las creencias a partir de la etnografía, podríamos hacernos a la idea de que algo parecido a la religión habría comenzado a surgir de la urgencia de crear contramedidas para la brujería. 

  Incluso en una religión moderna como el Islam persiste la idea de los espíritus malignos

Los espíritus [jinn] tienen una justificación espiritual y son mencionados en el Corán. Estos espíritus, de carácter antropomórfico, son considerados como esencialmente malignos. El hecho de que en último término se los considere como bajo el control de Dios lleva (…) a pensar que indican el carácter ambiguo de la divinidad

    Frente al caos tenebroso y peligroso de la magia y la brujería, las primeras religiones habrían ofrecido cierto amparo y seguridad. Y las cosas ya no quedan ahí.

El término vudú (…) significa espíritu, deidad o “fuerza mística”: esto claramente significa que el culto vudú ha de verse positivamente como una forma de religión, más que como un sistema de magia

  Estas religiones primitivas pero ya más desarrolladas pueden documentarse en la etnografía mediante el estudio de las religiones sincréticas de los antiguos esclavos africanos en América… un buen ejemplo de la persistencia de la cultura propia mediante la religión.

La participación en el candomblé  procura a sus devotos (…) una sensación de orden, significado, esperanza y control en lo que de otro modo constituye un modelo de persistente adversidad y marginalidad socioeconómica y política.

  Una vez la sociedad cuenta con una institución tan simbólicamente poderosa como es la religión, su utilidad pronto va mucho más allá de combatir la brujería. La religión sirve para cohesionar la sociedad a fin de alcanzar fines comunes. La religión sirve para asentar principios éticos cada vez más avanzados que garanticen la seguridad de los individuos y promuevan la cooperación eficiente.
 
Como entre [algunos pueblos tradicionales] no hay autoridades diferenciadas investidas de poder (…) la conformidad con las convenciones culturales está asegurada, o al menos estimulada, por su santificación mediante el ritual. De manera que la santidad es (…) una alternativa funcional al poder político.

  Aunque Brian Morris tiene claro que el origen de la religión está en un determinado contexto social, al mismo tiempo acepta que estos fenómenos locales dan lugar a invenciones culturales que los trascienden.

En un sentido no desdeñable los sistemas religiosos más importantes –el islam, el budismo, el hinduismo, el africano, el melanesio- son fenómenos regionales, por más que puedan tener tendencias universalizadoras. 

 La religión se convierte en una especie de escuela del comportamiento ético. Las primeras religiones podían proporcionar cohesión social al enfrentarse a la malignidad (igual que se obtiene cohesión social de la lucha contra cualquier enemigo común o para alcanzar cualquier objetivo económico común), pero las religiones más evolucionadas proporcionan algo más: la posibilidad de superar los impulsos antisociales dentro del grupo… y finalmente dentro de la misma psique individual.

  Observemos cómo coexisten dentro de la religión hindú  actitudes religiosas diferentes: por una parte, la menos evolucionada del sacrificio al dios como forma de pedirle amparo, por la otra, la que implica el autocontrol de la agresividad mediante los sacrificios incruentos y los rituales éticos, antiagresivos (no violencia y vegetarianismo).

La tradición brahmánica insiste mucho en la no violencia, el vegetarianismo y la puja o los rituales devocionales. (…) Sin embargo (…) a pesar de la oposición a este tipo de ritual, el sacrificio de animales sigue practicándose profusamente en la India y constituye un aspecto importante del hinduismo popular.  (…) Los dioses mismos reflejan en sus relaciones la estructura del sistema de castas (…) El [dios] Aiyanar (…) es un dios vegetariano puro, mientras que su sirviente Karuppan, el dios negro, es consumidor de carne y se le propicia mediante sacrificios sangrientos.
 
   Hasta hoy, la mejor invención cultural a partir de la religión han sido las llamadas “religiones compasivas” que enseñan las difíciles estrategias del comportamiento antiagresivo y gratificantemente cooperativo. Primero el budismo, y después el cristianismo

La pobreza, el celibato y la no violencia constituyen (…) los tres rasgos esenciales de la vida monástica [budista], pero significativamente, a diferencia de lo que sucede con la mayoría de monjes cristianos, no se hace ningún hincapié en el trabajo manual ni en la obediencia. 

  Sin compartir estas ideas, Brian Morris refleja opiniones que apoyan la idea de trascendencia cultural de la religión

[Según Rappaport] es la religión, y no las relaciones empíricas de las personas con el mundo natural, la que ha constituido la base sobre la que la vida humana se ha erigido desde que los humanos son humanos
 
Rappaport define lo sagrado como un concepto discursivo que implica certeza absoluta

 
  Y, por otra parte, la influencia de la religión en la vida cotidiana no debe exagerarse

Yo me inclino (…) a pensar, como Clifford Geertz, que nadie, ni siquiera los místicos o santos ni los sacerdotes católicos, vive en el “mundo” que los símbolos religiosos operan durante todo el tiempo, y que la mayoría de los humanos lo viven solo en determinados momentos, o en ninguno en absoluto

    Quizá la religión pueda avanzar más allá de las religiones compasivas. Dado que contamos con precedentes de religiones ya más o menos ajenas al mundo de lo sobrenatural –budismo, taoísmo, confucionismo-, podrían también elaborarse otras religiones más allá del mundo de lo tradicional que sean más completas en tanto que compendio coherente y actual de estrategias psicológicas de la prosocialidad.

  De lo que este trabajo de base etnográfica nos informa es, sobre todo, de la evolución de las religiones como fenómenos con utilidades muy diferentes, pero de su omnipresencia, cuando menos, como manifestación cultural trascendente que motiva a una sociedad y cuya cohesión fomenta y que, por lo general, reverencia el mundo de lo asombroso y sobrenatural. Asombrarse primero, porque sin el asombro inicial no pueden surgir las respuestas emocionalmente pujantes posteriores.

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