jueves, 25 de mayo de 2017

“Empatía en el contexto de la filosofía”, 2010. Lou Agosta

   Lou Agosta es un filósofo y psicólogo que decide abordar una cuestión en la que es posible aunar el humanismo y la neurociencia: la empatía.

En general, la empatía es una consciencia de y una respuesta a el otro en tanto que otro.

  Si para el psicólogo o el antropólogo el concepto de empatía es básico por tratarse de la expresión mínima de relación entre individuos propiamente humana, el filósofo tiene que reflexionar sobre tal concepto de forma particular porque todos sabemos que el filósofo es el prototípico “pensador solitario”.

La meta aquí es desbloquear nuestro acceso a la empatía al poner en marcha las posibilidades de una investigación sobre la empatía

  Agosta repasa las concepciones de la empatía de filósofos como Heidegger o Husserl, “pensadores solitarios” que vivieron ya en la época de la psicología y el pensamiento social avanzado. Llega hasta el moderno John Searle. Pero la empatía no somete a los filósofos a las ciencias sociales, sino que más bien sirve de enlace entre ambas visiones del problema humano.

Además de la situación límite de la posibilidad de la propia muerte, la situación extrema de la pérdida del otro por la muerte del otro radicaliza el proceso de humanización, pero estos no son los únicos casos paradigmáticos. Tal humanización ocurre también en los ejemplos de comprometerse en la “emergencia crónica” de asistir a un recién nacido; al rescatar o ser rescatado en el escenario del buen samaritano; o en la lucha poco común de comprometerse con un amigo auténtico en lo que la amistad significa

  Para la filosofía existencialista (Heidegger), el conflicto se encuentra en la búsqueda de “autenticidad” de la vida humana. Desaparecido Dios y apabullados por las brutales revelaciones de la ciencia (Darwin), los filósofos se inclinaron por una concepción solitaria del individuo que busca su “autenticidad” en el existir. Pero es inevitable entonces que la necesaria dimensión ética de la existencia humana se apoye en algún hecho incontrovertible. Ese hecho es la relación con el “otro”, y de ahí la necesidad de reconocer el fenómeno de la empatía.

Lo desconcertante de la empatía –de hecho, lo que incluso podría ser llamado su misterio- es que el individuo empático obtiene su propia humanidad (el hacerse humano) de aquel con quien tiene lugar la empatía

La búsqueda mutua del uno al otro forma una comunidad humanizadora cuyo ámbito y límites son determinados por la empatía

  Se muestra el fenómeno de la empatía como revelador de la existencia individual… de forma parecida a como en la metafísica cumplía esta función el supuesto fenómeno de la divinidad. Sin embargo, la existencia social es conflictiva y por lo tanto las relaciones empáticas no siempre suponen la plenitud y “autenticidad” del individuo (tampoco en toda la tradición de la antigüedad era la divinidad siempre benévola). Para que las relaciones empáticas signifiquen la plenitud y autenticidad del individuo sería necesaria una concepción de la empatía indiscutiblemente benévola y enriquecedora. Ninguno de los filósofos a los que se hace referencia en este libro abordan esta cuestión.

  Pero la reflexión siempre es útil. Por ejemplo, se analizan distinciones entre las diferentes concepciones de la realidad “del otro” con respecto a nuestra propia existencia. Tenemos el “sentimiento vicario” y el “contagio”, que no son exactamente “empatía”.

El contagio emocional no es empatía, sino más bien subyace en un mecanismo que también proporciona impulso para el proceso empático

  El contagio emocional lo conocen los animales y los bebés más pequeños: si uno llora, todos llorán.

La experiencia vicaria es diferente del sentimiento compartido. En el sentimiento vicario uno experimenta, en un sentimiento cualitativamente similar y numéricamente diferente, lo que el otro siente. (…) La experiencia vicaria lleva al individuo a experimentar aspectos de la situación en una forma desinteresada en comparación con compartir el sentimiento en el cual el individuo es participante

     El decir, la "experiencia vicaria" es cuando, por ejemplo, leemos una novela que nos narra sentimientos, mientras que la empatía propiamente es lo que se denomina aquí el “sentimiento compartido

[La empatía] requiere una representación del sentimiento, sensación y afecto del otro. Esto es lo que la empatía comparte con el contagio emocional. [Pero] la introspección vicaria requiere una representación del otro como la fuente de la primera representación. Por supuesto, esto último es lo que falta en el contagio emocional (…) La introspección vicaria es una manera de elaborar la experiencia capturada y hecha mía por medio de la receptividad empática

En los sentimientos compartidos, uno reconoce que la situación requiere más que la receptividad. Uno participa, se implica. Por ejemplo, el labrador que va al teatro por primera vez y ve a Bruto y los asesinos que van a matar a César en la obra, y salta a la escena [para impedirlo]

Uno hace la introspección de un sentimiento, sensación o experiencia vicaria, despertada en uno mismo por la expresión animada del sentimiento de otro (…). Uno dirige  la conciencia atenta a un sentimiento, sensación o experiencia que aparece en uno mismo, determinando que es de uno mismo y, sin embargo, reconociendo que representa una experiencia causada por la experiencia de otro. En la introspección uno llega a darse cuenta de que este sentimiento no es un sentimiento endógeno, que surja de un proceso puramente endógeno en uno mismo, sino que es un sentimiento vicario que parte de ser receptivo a la autoexpresión animada del otro. Usando la primera persona por claridad, soy yo mismo, no el otro, el que es el blanco de mi introspección. El otro es el blanco de mi empatía y yo soy el blanco de mi introspección

  El individuo existe diferenciado netamente de los otros. Esta “ilusión biográfica” del individuo que se siente diferenciado de sus semejantes, un tanto desdeñada por la neurociencia actual  -que considera que el “yo” consciente tiene un papel no tan importante en la toma de decisiones-, es necesaria para crear el vínculo (es lo que se vincula). El problema es que la fuerza con la que se enfatiza la diferenciación da lugar a fenómenos solipsistas que obstaculizan las posibilidades de la empatía. El amor propio sería uno de estos fenómenos, la “asertividad” sería otro…

  Y, sin embargo, los hechos señalan que la empatía es inherente a nuestra condición individual misma.

Los seres humanos son los seres para los cuales su existencia es su función. La estructura de esta función la designamos como “cuidado mutuo” (…) Cuidado mutuo indica que los humanos son la clase de seres para los cuales su propio ser es una función. Esto incluye la distinción entre uno mismo y el otro. En consecuencia, la estructura del cuidado mutuo señala directamente a la empatía como que es una entidad para la cual el ser es una función para uno mismo y para el otro

  La ciencia social reconoce la función benéfica de la empatía:

La famosa “cura del habla” fue el regalo de Breuer a la empatía, la cual no debería ser subestimada dada la visión autoritaria estereotipada de las características de la medicina en aquel momento y lugar. Obviamente, esto no es el primer uso de la empatía que todo padre, maestro y ser humano conoce. Más bien es el primer uso disciplinado, científico de la empatía

  La ciencia psicológica nos informa de cuáles son las capacidades para enriquecernos en la unión empática.

Hay toda un área de investigación, indicada por Darwin y seguida por Ekman, en la cual la receptividad empática a las microexpresiones de emociones expresadas y no expresadas funcionan para informar y sustanciar una continuidad de la comprensión empática

  Es probable que una humanidad futura alcance la familiaridad con estas capacidades para la comprensión empática mediante el desarrollo de una cultura simbólica menos centrada en el individualismo y más en los mecanismos objetivos de vinculación mutua. Las bases filosóficas para ello ya no se encontraran en el ámbito de autores clásicos como Heidegger o Husserl, sino, casi con seguridad, en una concepción racionalista de la religiosidad a la que habremos llegado gracias a la asimilación de las concepciones psicológicas actuales. La religiosidad es, entre otras cosas, el uso de recursos simbólicos para generar vínculos afectivos entre individuos, y éste ha sido en el pasado el mayor recurso objetivo de “comprensión empática”, sobre todo a partir de la aparición de las llamadas “religiones compasivas”, que propagaban estrategias de consuelo y afección. La propagación de nuevas estrategias de receptividad emocional gracias a la psicología podría contribuir grandemente a una eficaz racionalización de estos recursos religiosos.

    Al desaparecer las religiones de lo sobrenatural, la humanidad, guiada por los valerosos y solitarios filósofos, ha caído en la desorientación. Se ha concluido que la soledad era garantía de individualidad y por tanto de existencia auténtica, si bien por otra parte hemos ganado la certidumbre de la ciencia, que incluye la asunción racional de la experiencia social (aprendemos del pasado). La reflexión sobre la empatía debería hacernos volver hacia una nueva concepción de la religión, ya no sometida a las tradiciones de lo sobrenatural, sino expandida a partir del reconocimiento de la necesidad psicológica de la vida en común.

Sin empatía, la misma idea de vida mental en el ser humano es impensable

  El viejo cristianismo tiene la clave: el amor mutuo, la inculcación de la benevolencia, la erradicación del amor propio y el control total y excluyente de la agresividad pueden beneficiarse de una visión racional de la empatía y desarrollarse mediante estrategias útiles informadas por la ciencia social.

  Son posibilidades psicológicas, fenómenos científicamente reconocibles. Opciones religiosas. Renuncia y descanso de la filosofía…

lunes, 15 de mayo de 2017

“La amplitud potencial de la naturaleza humana”, 1971. Abraham H. Maslow

  Abraham Maslow está considerado -quizá junto a Carl Rogers- el principal impulsor de la “psicología humanista”. Cuando menos, fue el más difundido en su tiempo, y su éxito se evidencia en que algunos de los términos que popularizó  se siguen utilizando en el habla cotidiana. Una de las principales aportaciones a nuestra civilización contemporánea de los autores de psicología ha sido precisamente la creación de conceptos que hoy forman parte de nuestro lenguaje universal, enriqueciendo la capacidad simbólica para afrontar nuestras inquietudes existenciales y nuestras relaciones personales. En el caso de Maslow, “jerarquía de necesidades”, “necesidades de deficiencia” o “necesidades del ser” quizá no nos sean tan familiares, pero sí lo es, desde luego “autorrealización” y probablemente también “experiencias cumbre”.

El término “experiencias cumbre” se refiere a una generalización para los mejores momentos del ser humano, para los momentos más felices de la vida, para experiencias de extasis, arrebato, dicha o de la mayor alegría

Prácticamente todo el mundo tiene experiencias cumbre, pero no todo el mundo lo sabe.(…) Ayudar a la gente a reconocer estos pequeños momentos de éxtasis cuando suceden es una de las tareas del consejero o metaconsejero

  (El término “metaconsejero” hace referencia a la trascendencia propia de los fines últimos de la psicología humanista)

  En cierto modo, podemos decir que la “psicología humanista” es una psicología moralmente comprometida en una serie de valores que contribuirían a hacer un mundo mejor. Eso muestra cierta seguridad por parte del especialista

El (…) Gran Problema es hacer buena a la persona. Debemos tener mejores personas o de lo contrario podemos ser aniquilados o incluso, si no aniquilados, ciertamente vivir en tensión y ansiedad a nivel de especie (…) La buena persona puede igualmente ser llamada la persona autoevolucionada, la persona responsable para sí misma y su propia evolución, la persona iluminada o despierta o perspicaz, la persona completamente humana, la persona que se autorrealiza (…) La autorrealización implica experimentar por completo, de forma vívida, desprendida, con total concentración y absorción.

La autorrealización quiere decir usar la propia inteligencia. No quiere decir hacer cosas extraordinarias necesariamente, pero quiere decir pasar por un periodo de preparación ardua y exigente a fin de poner a prueba las propias posibilidades. La autorrealización puede consistir [simplemente] en hacer ejercicios de dedos en el teclado de un piano. La autorrealización quiere decir trabajar para hacer bien lo que uno quiere hacer


  Que tengamos buenas personas y personas felices. Lo que el psicólogo debe hacer entonces es determinar cuáles son las cualidades que merecen nuestra atención y potenciarlas. Maslow parece que siempre lo tuvo claro: lo que hace feliz al ser humano es desarrollar su potencial.  La persona más capacitada es la más feliz, y la comunidad humana integrada por las personas más capacitadas será la más armoniosa y próspera.

Los niños elegidos por ser superiores en inteligencia [son] superiores también en todo lo demás.

La filosofía de la ciencia, libre de valores, [es] inaplicable a las cuestiones humanas, donde los valores, propósitos y metas personales, los intenciones y los planes son absolutamente cruciales para la comprensión de cualquier persona, e incluso para las metas clásicas de la ciencia, predicción y control.


Hemos aprendido muy bien que es mejor considerar la neurosis más bien relacionada con los desórdenes espirituales [más que con equivalentes a las enfermedades fisiológicas]: la pérdida de significado, dudar acerca de las metas de la vida, dolerse o enfurecerse respecto a un amor perdido, ver la vida de una forma diferente, perder el valor, (…) no gustarse a uno mismo, reconocer que la vida ha sido desperdiciada o que no existe posibilidad de alegría o esperanza, etc. Estas son caídas de la humanidad completa, del florecimiento completo de la naturaleza humana

El ser humano tiene necesidades más elevadas que las instintuales, que son una parte de su equipamiento biológico –la necesidad de ser dignificado, por ejemplo, de ser respetado, y la necesidad de ser libre para su autodesarrollo
 
  Todo esto tiene aspectos muy positivos. Al fin y al cabo, el psicólogo puede y en cierto modo debe ir más allá del ámbito de la cura de la enfermedad. Toda civilización necesita sabios que orienten en la búsqueda de salidas a las contradicciones propias de una forma de vida en la que hemos necesariamente de negar parte de nuestros instintos y negociar con nuestros semejantes la prioridad de satisfacer los intereses de cada uno.

Comenzamos a hablar del saludable inconsciente, de la regresión saludable, instintos saludables, saludable irracionalidad e intuición saludable

  La detección del comportamiento agresivo también es importante.

Hay varias formas de juzgar el nivel motivacional de la vida. Por ejemplo, uno puede juzgar el nivel al que vive la gente por el tipo de humor que les provoca risa. La persona que vive en los niveles de necesidad más bajos es apto a encontrar muy divertido el humor hostil y cruel.

  Al cabo de los años, la psicología humanista, bajo diversos nombres, sigue prosperando. Todos queremos ser felices y estimados dentro de una sociedad próspera. Pero aparecen objeciones y si uno lee lo que Maslow escribió al final de su vida, hacia 1969, comienza a encontrar algunas incoherencias.

Mirar dentro de uno mismo para muchas de las respuestas implica tomar responsabilidad. Esto es en sí mismo un gran paso hacia la realización(…) Uno no puede elegir sabiamente en una vida a menos que se atreva a escucharse a sí mismo, a su propio yo, en cada momento de su vida

  Hoy es difícil encontrar psicólogos que recomienden la introspección: sabemos que uno mismo no es observador objetivo de su propia condición psicológica.

  Después, tenemos la cuestión del contenido de la actividad propia de la persona que se autorrealiza.

Hasta ahora, he encontrado que estas experiencias cumbre [en la música y el arte] son referidas a lo que podríamos llamar “música clásica”. No he encontrado experiencias cumbre de John Cage o de una película de Andy Warhol, de tipo de pintura expresionista abstracta o cosas así. No lo he encontrado. La experiencia cumbre que ha referido la mayor alegría, el éxtasis, las visiones de otro mundo u otro nivel de la vida, ha llegado de (…) los grandes clásicos

  El que Maslow opine sobre gustos artísticos puede más o menos ser comprensible.  El problema es que Maslow se precipita en general a la hora de elegir determinados valores. Y que su error parece encontrarse en que quiere conciliar lo convencional con la certeza de unos valores objetivos que, se ponga como se ponga, acaban por revelarse como rupturistas con nuestra forma de vida actual. El término medio en el que cae resulta demasiado oportunista y los errores se hacen evidentes.

Se ha demostrado claramente que los criminales sexuales tienen reacciones sexuales muy débiles, no fuertes

  Hoy no parece tan demostrado, pero hacia 1960 era lo aceptable, pues reconocer que el instinto sexual también puede ser destructivo hubiera resultado insoportable en una sociedad que acababa de liberarse de las represiones del puritanismo sexual.

La mayor parte de nosotros hemos aprendido a evitar la autenticidad. Puedes estar en medio de una pelea y tus entrañas hierven de ira, pero si te llaman por teléfono tomas el auricular y decir hola dulcemente.

  Evidentemente, no podemos dar rienda suelta a la “autenticidad” cuando implica dejar incontrolada la ira, pero considerar que la espontaneidad equivale a abrir paso a la natural armonía de nuestros “instintos buenos” (lo mismo que hemos visto con la sexualidad) era lo propio en la época en que Maslow escribió los textos de este libro.

Mi definición de Eupsiquia es claramente una subcultura seleccionada, esto es, compuesta solo de gente saludable o madura psicológicamente, o gente autorrealizada y sus familias. (…)La comunidad científica puede ser considerada como un ejemplo de una subcultura eupsíquica sin liderazgo: descentralizada, voluntaria pero coordinada, productiva y con un código ético poderoso y efectivo (que funciona)

  La idea de “subcultura” es valiosa, en tanto que la subcultura supone una unidad de selección que permite expandir valores culturales innovadores. La aparición del monasticismo hace más de dos mil años fue consecuencia de la emergencia de éticas muy exigentes que no podían expandir sus nuevas invenciones cognitivas sin el paso previo de ponerlas a prueba dentro de experiencias comunitarias aisladas, altamente seleccionadas y controladas. Los monjes experimentaban estrategias de autocontrol del comportamiento que en mayor o menor medida podían acabar siendo asimiladas por la sociedad convencional, permitiendo así su reforma psicológica, que es el fundamento de todo cambio cultural. Por lo tanto, la idea de “subcultura” para permitir la innovación y mejora de la sociedad sigue siendo necesaria, así como lo es la sugerencia de tomar como inspiración (más que como modelo) a la “comunidad científica”. Pero llevar a cabo esta iniciativa es más difícil de lo que parece.

   La aspiración de Maslow a la “eupsiquia”, la utopía psicológica, le llevó a respaldar proyectos dudosos e incluso peligrosos. Tras alabar la novela utópica “La isla” de Aldous Huxley (que desde luego es mucho peor como utopía de lo que “Brave New World” fue como distopía), dedica varios párrafos a valorar positivamente también la comunidad terapéutica de Synanon, a pesar de que juzga un tanto extremas algunas de sus estrategias. Por fortuna, Maslow ya había fallecido cuando Synanon acabó revelándose como una secta destructiva…

  Su crítica al existencialismo también parece insuficiente

El hombre tiene una naturaleza más alta y trascendente, y esto es parte de su esencia, esto es, su naturaleza biológica como miembro de una especie evolucionada. Esto quiere decir para mí algo más, [implica] un rechazo al existencialismo tipo Sartre, esto es, la negación de la naturaleza biológica humana y su rechazo a afrontar la existencia de las ciencias biológicas.

  Y en medio de todo esto, aparecen algunas pinceladas de opinión realmente chocantes.

Debo decir que me siento menos seguro al hablar de la autorrealización en las mujeres 

Ser violado (en cualquier sentido) es menos psicológicamente dañino para las mujeres que para los hombres. Las mujeres son más capaces que los hombres de “relajarse y disfrutarlo”.


  En suma, no debemos rechazar el concepto de utilizar la psicología, la racionalización sobre nuestra propia naturaleza informada por la ciencia, para llevar a cabo la función civilizatoria que antes ha sido propia de los profetas religiosos. El psicólogo debe ser sabio, es la persona que se halla en el lugar adecuado para ello. La actitud de Maslow y los psicólogos humanistas a este respecto es acertada.

La trascendencia se refiere a los más altos e inclusivos niveles de la consciencia, comportamiento y relacionidad humanas, como fin más que como medio, para uno mismo, para los otros que nos importan, para los seres humanos en general, para otras especies, para la naturaleza y para el cosmos

Para los que trascienden, las experiencias cumbre y meseta [“experiencia cumbre” continuada] se convierten en lo más importante en sus vidas, los aspectos más preciosos de la vida (…) Les permiten comprender mejor las parábolas, figuras de expresión verbal, paradojas, música, arte, comunicación no verbal (ésta es una proposición fácilmente verificable) (…) Pueden sacralizar todo a voluntad, percibirlo bajo el aspecto de la eternidad

  Pero quizá sea aún más difícil. Quizá haya que cambiar el entorno humano en su conjunto y no solo al individuo con la ayuda del terapeuta y unos libros de autoayuda. Maslow y la “psicología humanista” probablemente se equivocan al pretender conciliar la utopía y el conformismo con respecto a la vida convencional, pero en cualquier caso está claro que el psicólogo puede cumplir una función específica diferente y complementaria de la del literato, el artista, el sabio…

viernes, 5 de mayo de 2017

“La evolución de Dios”, 2009. Robert Wright

Según el Génesis, “Dios creó al hombre a su imagen”. Según Aristóteles, “los hombres crean a los dioses siguiendo su propia imagen”. 

  Sin duda que el Dios omnipotente del Génesis en la realidad es más bien un objeto maleable de la imaginación humana que no otra cosa. Y, al igual que muchas otras creaciones de la sociedad humana (como el matrimonio, la monarquía, la guerra, la agricultura…), ha ido evolucionando a lo largo de cientos de generaciones.  El autor de este libro, el sociobiólogo y divulgador Robert Wright, nos informa de que, en un principio, los cazadores-recolectores tenían muchos dioses, o espíritus (y a veces “tótems” de apariencia animal), después aparecerá el politeísmo clásico del mundo grecolatino o de la India actual, hasta llegarse finalmente al Dios único, numinoso y metafísico de los cristianos…

  ¿Cómo de importante es este asunto, también para los que no albergan creencias acerca de lo sobrenatural?

El Dios que aparece en las Escrituras –exista o no- tiende a desarrollarse moralmente. Esta progresión, aunque en ocasiones  sea muy crípticamente y superficialmente aleatoria, se corresponde con la revelación del orden moral que subyace en la historia.

La evolución cultural empuja poco a poco a la divinidad, y en consecuencia a la humanidad, hacia la iluminación moral.

  La humanidad protagoniza una evolución moral. La evolución moral es la que nos aporta los criterios de selección de individuos con fines asociativos que a la vez nos permiten mejorar en la vida social: menos violencia y más cooperación. ¿Y son las religiones el principal impulsor de esta evolución? ¿Lo han sido en el pasado, al menos?

Muchas personas (…) se comportan mejor, incluso son más felices,  al pensar en un Dios consciente de su lucha diaria mientras les ofrece consuelo, afirmación o reprimendas. (…) Es bueno que haya quien  se comporte modélicamente  sin recurrir a ese tipo de asistencia, pero en cierto modo es sorprendente. El comportamiento humano, desde un punto de vista puramente natural, depende  de su relación con el resto de sus congéneres.

  Y los dioses son entidades personificadas –por lo tanto, hasta cierto punto “congéneres”- que aparecen como autoridades morales. Pero antes de convertirse en tales autoridades morales, la autoridad de Dios o los dioses tenía que ver con la inquietud trascendente de todo ser humano.

El sentimiento inherente del ser humano  por encontrar un sentido a su existencia acechaba en todo momento (…) En todas las sociedades siempre hay alguien dispuesto a ganar reputación convirtiéndose en experto religioso. (…) Las sociedades sin expertos religiosos son una auténtica excepción, prácticamente una anomalía

    Un ser imaginario, originado en principio para dar cohesión al grupo que comparte las inevitables inquietudes existenciales, acaba por servir de orientador moral. Este cambio probablemente comenzó en el Neolítico, y más adelante aún, en las religiones “de Escrituras” (posteriores a las más antiguas que se construían en torno a una tradición oral que narraba mitologías), las divinidades se convierten en el vehículo de todo tipo de historias, ejemplos, proverbios y mandamientos morales.

Las Escrituras tienen tanta importancia que si pudiéramos reemplazar mágicamente el Corán (o la Biblia) por un libro de nuestra elección podríamos probablemente hacer que musulmanes, judíos y cristianos fueran mejores personas.

  Tendemos al progreso moral y determinados individuos, impulsados por las circunstancias sociales, crearían nuevas ideas morales que eran plasmadas en las religiones. Así puede que hayan evolucionado los dioses en tanto que entidades imaginarias inmensamente atractivas que dan soporte a nuestra actitud moral.

Podemos considerar que a lo largo de la historia de la humanidad se ha producido una especie de progreso moral, aunque solo sea porque la imaginación moral hoy abarca de forma inconsciente a círculos más amplios que los de cualquier pueblo cazador-recolector. Y seguramente la religión ha desempeñado un papel en este progreso. 

La extensión de la imaginación moral nos obliga a ponernos en el lugar de los demás (…) y nos hace conscientes de que existen parecidos notables con nosotros mismos. 

A medida que la empatía aumenta nos acercamos al amor, que podríamos definir como la apoteosis de la imaginación moral pues fomenta la identificación más íntima y la más intensa apreciación moral con quienes nos rodean. 

  Robert Wright identifica, pues, el progreso moral con el desarrollo de la “imaginación moral”, es decir, la capacidad para empatizar con nuestros semejantes. Y esta capacidad se ha ido incrementando a medida que Dios nos ha alentado a hacerlo.

La imaginación moral fue construida para ayudarnos a discriminar entre aquellos con los que podemos asociarnos de aquellos con los que no

  En términos generales, la moral consiste en asignar reputaciones de fiabilidad a los diversos miembros dentro del grupo, pero la imaginación moral permite precisar cada vez más esa fiabilidad. El ponernos en lugar del otro nos permite comprender mejor los criterios de actuación ajenos y de ahí nuestro conocimiento profundo acerca de lo que podemos esperar de nuestros semejantes. La moral se hace así más sofisticada, más psicológica. Y hace dos mil años comienza a aplicarse la razón en la interpretación de las emociones morales como consecuencia de la racionalización de nuestro mismo concepto de la naturaleza humana

La parte de la mente que es una extensión directa del Logos es la mente racional. Para Filón, ésta lucha constantemente con los impulsos animales que, en el caso de que prevalezcan, pueden deformar nuestra visión y corromper nuestra motivación. Cuanto más dominados se encuentren los impulsos por la mente racional, más cerca de Dios estaremos.

  Filón de Alejandría, un erudito judío contemporáneo de Jesús y Pablo, es un personaje histórico cuya relevancia justamente subraya Robert Wright. El Dios que evoluciona a partir de esta unión entre la doctrina griega del alma vinculada a la razón y el Dios único judío es el que acabará triunfando –con el cristianismo- en la Roma clásica.

Puede que (…) la presencia griega alentase el monoteísmo de Israel en un plano menos político, más cerebral. (…) El monoteísmo griego surgió de una de las grandes aspiraciones culturales de Grecia: el ajuste intelectual de las ideas religiosas.

  Evolución de Dios relacionada con la evolución de la moralidad (“imaginación moral”) y, por tanto, con el progreso de la civilización hacia mayores cotas de cooperación y autocontrol de la agresividad. Esta teoría en cierto modo optimista acerca de la religión es bastante antigua en las ciencias sociales…

La escuela funcionalista [Durkheim] contempla la religión como una herramienta al servicio de la sociedad

…pero no es aceptada por todos. Algunos autores defienden la idea de religión como un subproducto, o incluso un parásito, del desarrollo social. No es ése, evidentemente, el punto de vista de este libro.

¿Se dirige la historia de la humanidad, impulsada por su propia naturaleza, hacia algo que podríamos llamar el bien moral?

  Y, en cualquier caso, no se contempla el progreso moral –social, cultural, civilizatorio- como directamente vinculado a los descubrimientos éticos de un Zaratustra, un Buda, un Filón o un Pablo. En este libro se considera el progreso moral como un fenómeno más bien de origen  político.

El monoteísmo surgió como una forma de entender la catástrofe de Jerusalén [la conquista de Jerusalén por los babilonios].

Las decisiones tácticas y el progreso moral no son mutuamente excluyentes. Lo que empieza siendo una simple estrategia (…) puede evolucionar a algo más genuino. 

  Ahora bien, también podemos interpretar que los acontecimientos políticos (como la pérdida de Jerusalén) impactan a las autoridades que es entonces cuando simpatizan más con determinados profetas o pensadores religiosos, y ahí estaría “lo genuino”: de repente –por circunstancias sociales ajenas a la “búsqueda espiritual”-, el profeta es escuchado por los poderosos y eso permite que su doctrina se extienda… en un principio interpretada en sentido político. Éste sería el mecanismo clave, fundamental, en el proceso de evolución moral. Al rey le interesan determinados aspectos de la doctrina (como que la nación israelita sobreviva a la catástrofe de la pérdida de Jerusalén), pero no ignora las consecuencias psicológicas de la doctrina cuyos profetas protege.

  Y puesto que esta doctrina casi siempre se desarrolla en el sentido de promover la pacificación de la vida cotidiana y de lograr que los súbditos sean menos conflictivos, el gobernante tampoco es indiferente a ella. Ya lo decía Napoleón: “un cura me ahorra diez gendarmes”.

  Sin duda, a nivel histórico la transformación más importante dentro de tal proceso de evolución religiosa ha sido la conversión del Imperio Romano al cristianismo. Muy pocos discuten hoy que se divida la historia entre el “antes” y el “después” de Cristo.

Aunque el imperio romano ya acumulaba casi un siglo de existencia, ninguna otra religión se había propagado como el cristianismo

  Wright considera que el éxito del cristianismo se debe a que Roma demandaba una religión unificadora de un conjunto tan diverso de pueblos que componían el imperio  (de nuevo se subraya el factor político).

Es muy difícil saber  con seguridad cuál fue el elemento diferenciador que hizo que Pablo tuviese éxito (…) [En cualquier caso] extendió el amor fraternal más allá de las congregaciones locales y de las fronteras étnicas 

  Aquí caben, sin embargo, algunas objeciones. Para empezar, Wright no menciona ni el platonismo ni el estoicismo, escuelas de pensamiento cuyas doctrinas pacificadoras y racionalizadoras se extendieron entre las clases cultas del mundo grecolatino y que sin duda influyeron a Pablo tanto como a Filón. Se trataba, por tanto, de algo más que de superar las fronteras étnicas y, sobre todo, es preciso recordar que Roma no fue el primer Imperio de la Antigüedad, y que todos los imperios se enfrentaban al problema de las divisiones étnicas, ¿por qué no surgió entonces el cristianismo, o su equivalente, entre los persas, los chinos o los babilonios (que optaron por otras fórmulas religiosas)? Además, Egipto, cuyo Dios o dioses también recompensaban la virtud con la vida eterna, no tenía apenas divisiones étnicas. Eso hace pensar que la evolución de Dios no fue tan sencilla como la plantea Wright: no se trataba tan solo de que un gran imperio exigiera una doctrina unificadora de los pueblos.

  Tampoco parece acertada la visión acerca del pacifismo cristiano.

Pablo no es el primero en darse cuenta del poder de ofrecer amistad a un enemigo como potente contraataque.  La mención a que su cara arderá de vergüenza  [mencionada por Pablo] viene del libro de los Proverbios 

  Pero el amor al enemigo tiene un componente psicológico más profundo que está presente en el mundo afectivo (incluso femenil) del Nuevo Testamento. No es tanto “potente contraataque” como un despliegue de virtud dirigido a la misma comunidad de creyentes: si amo al enemigo, ¡cuánto más amaré al amigo!

  Ni es acertado decir

La cristiandad reemplazó un tipo de particularismo por otro, en el que la nacionalidad se había cambiado por la fe

  Porque la fe no es un particularismo equivalente a la nacionalidad. No puedes elegir tu nacionalidad, pero sí puedes elegir tu fe, más aún cuando se trata de una religión que tanto airea la capacidad para la conversión, el perdón y la reconciliación.

    Finalmente, sorprende que en este libro no se mencione siquiera la evolución del Dios del cristianismo, desde sus orígenes judaicos, hasta la espiritualidad sutil y profundamente psicológica del cristianismo reformado. Quizá pone demasiado énfasis en cómo los políticos, en base a sus intereses, favorecieron a unas doctrinas sobre otras, olvidando que tales doctrinas, aunque encontraran utilidad política, eran sobre todo doctrinas morales, espirituales, psicológicas.

    En ese sentido, más acertada es esta otra estimación sobre el triunfo del cristianismo que no incide tanto en los intereses de los gobernantes…

El siglo siguiente a la crucifixión es un periodo de dislocación en el Imperio romano. Se produce un éxodo rural y muchos de esos nuevos ciudadanos tienen que enfrentarse a culturas y pueblos extranjeros, lejos del entorno y la familia con la que se habían criado. (…) En el Imperio romano (…) florecen todo tipo de asociaciones voluntarias, como los gremios profesionales, estructuras que podríamos considerar clubes o cultos religiosos. (…) Lo que proponen (…) es la creación de familias ficticias para aquellos que han tenido que dejar a sus verdaderos núcleos familiares. Estas estructuras ofrecen  a sus miembros garantías materiales (por ejemplo, se encargan del enterramiento de los fallecidos) y psicológicas (ayudan a generar un sentimiento de pertenencia). Las primeras iglesias cristianas también cubren esas necesidades vitales desde su fundación. (…) El amor fraternal propugnado por Pablo es producto de los tiempos. 

  Aunque hay que volver a recordar que Roma no fue el primer Imperio ni sus ciudades las primeras grandes ciudades de la civilización. Lo que sucede es que precediendo a Roma y al cristianismo estaba la progresiva confluencia, en el Mediterráneo Oriental, de las civilizaciones que llevaban siglos desarrollando doctrinas religiosas en busca de una virtud que permitiera la coexistencia ("el amor fraternal propugnado por Pablo es producto de los tiempos"). El cristianismo hemos de verlo como una conclusión final de estas doctrinas de la Antigüedad: se crea una religión de masas con un ideal ético absolutamente prosocial que permitiría incluso la erradicación de toda forma de agresión e ignorancia con la garantía del amor fraternal constante y a toda prueba. Semejante cambio exige profundas transformaciones psicológicas en el creyente. Transformaciones muy exigentes en la conducta que llevarán incluso a una minoría de jóvenes a la vida monástica pero que en mayor o menor medida influirán a toda la población para cambiar su comportamiento moral (el primer monasticismo, en todo caso, fue invención de los budistas e hindúes antes que de los cristianos o incluso los pitagóricos).

   Algunos ejemplos de estos cambios en el comportamiento para toda la sociedad son especialmente notorios, como una preocupación por el bienestar general (caridad y benevolencia), la mejora en la condición de la mujer, la desaparición gradual de la esclavitud o de los espectáculos de gladiadores y la sumisión de los mismos gobernantes a una justicia imparcial.

¿Hasta qué punto ha recorrido la humanidad  el camino de la evolución espiritual?

  ¿Qué es lo “espiritual”? Consideremos que la evolución espiritual se refiere a la mejora moral y al afrontamiento de las inquietudes existenciales. Para el hombre y mujer comunes, las pautas de la vida espiritual son el sustrato último de su comportamiento social. Sabemos que una vida intelectual más rica (por ejemplo, el que incluso un campesino analfabeto se haga preguntas acerca de cuál es la mejor religión) contribuye a desarrollar en general las habilidades sociales. El campesino pide consejo al hombre letrado. El hombre letrado lo pide al maestro. El maestro lee a los grandes sabios. Y el rey da su aprobación a tal encadenamiento de enseñanzas y aprendizaje protegiendo al sabio. Y el rey no haría esto si no fuese consciente de que dar tal protección le proporciona prestigio.

  La evolución espiritual no debe de haber terminado, puesto que nuestra moralidad aún no es perfecta, y los avances que hemos vivido hasta hoy hacen pensar que haríamos bien en tener en cuenta la pasada evolución de Dios, la evolución religiosa.