viernes, 25 de octubre de 2013

“El porvenir de una ilusión”, 1927. Sigmund Freud

  Panfleto ateísta o desahogo personal del genial Doctor con respecto a la religiosidad de su época y entorno, las reflexiones de Sigmund Freud en su breve ensayo “El porvenir de una ilusión” son no sólo representativas de las creencias de los intelectuales de entonces, sino que aún hoy nos aportan muchas respuestas y preguntas.

La principal tarea de la cultura, su genuina razón de existir, es protegernos de la naturaleza.

Toda cultura descansa en la compulsión al trabajo y en la renuncia de lo pulsional, y por eso inevitablemente provoca oposición en los afectados por tales requerimientos

Deseos pulsionales son los del incesto, el canibalismo y el gusto de matar. Suena extraño reunir estos deseos, en cuya reprobación todos los hombres parecen estar de acuerdo, con aquellos otros en torno de cuyo permiso o denegación se lucha tan vivamente en nuestra cultura; pero desde el punto de vista psicológico es lícito hacerlo.

Llamaremos «frustración» al hecho de que una pulsión no pueda ser satisfecha.

Se creería posible una regulación nueva de los vínculos entre los hombres, que cegara las fuentes del descontento con respecto a la cultura renunciando a la compulsión y a la sofocación de lo pulsional, de suerte que los seres humanos, libres de toda discordia interior, pudieran consagrarse a producir bienes y gozarlos. Sería la Edad de Oro; pero es dudoso que ese estado sea realizable. Parece, más bien, que toda cultura debe edificarse sobre una compulsión y una renuncia de lo pulsional. 

   Y esto se explica fácilmente: el deseo pulsional es exclusivamente para nosotros, para cada uno de nosotros, y se goza ya, en el momento, ahora mismo, mientras que el fruto de los bienes producidos en común gracias a una óptima vinculación entre los hombres… nadie nos garantiza que vaya a suponernos una compensación suficiente por la renuncia a nuestro propio bien inmediato. Más vale pájaro en mano que ciento volando…

   De modo que…

Es  imprescindible el gobierno de la masa por parte de una minoría, pues las masas son indolentes y faltas de inteligencia, no aman la renuncia de lo pulsional, es imposible convencerlas de su inevitabilidad mediante argumentos y sus individuos se corroboran unos a otros en la tolerancia de su desenfreno.

  Y entonces…

Sólo mediante el influjo de individuos arquetípicos que las masas admitan como sus conductores es posible moverlas a las prestaciones de trabajo y las abstinencias que la pervivencia de la cultura exige. Todo anda bien si esos conductores son personas de visión superior en cuanto a las necesidades objetivas de la vida y que se han elevado hasta el control de sus propios deseos pulsionales.

   ¿Podemos salvarnos de esta situación?

Nuevas generaciones, educadas en el amor y en el respeto por el pensamiento, que experimentarán desde temprano los beneficios de la cultura, mantendrían también otra relación con ella, la sentirían como su posesión más genuina, estarían dispuestas a ofrendarle el sacrificio de trabajo y de satisfacción pulsional que requiere para subsistir. Podrían prescindir de la compulsión y diferenciarse apenas de sus conductores. Si hasta hoy en ninguna cultura han existido masas de esa cualidad, ello se debe a que ninguna acertó a darse las normas que pudieran ejercer esa influencia sobre los seres humanos, desde su infancia misma.

  Bueno, esto nos da alguna esperanza…

Es probable que nos aguarden desarrollos culturales en que satisfacciones de deseo hoy totalmente posibles parezcan tan inaceptables como ahora lo es el canibalismo. (…) Infinito es el número de hombres cultos que retrocederían espantados ante el asesinato o el incesto, mas no se deniegan la satisfacción de su avaricia, de su gusto de agredir, de sus apetitos sexuales; no se privan de dañar a los otros mediante la mentira, el fraude, la calumnia toda vez que se encuentran a salvo del castigo; y esto siempre fue así, a lo largo de muchas épocas culturales.

   Ciertamente. El mundo civilizado sólo lo está en términos relativos, e incluso podemos vislumbrar la utopía futura, al menos, en lo que NO será.

   Entre los factores de civilización que nos han llevado un poco por delante del salvajismo “pulsional” más desenfrenado, parece que se encontraría, entre los más importantes, la religión, que Freud identifica con la “ilusión

Las representaciones religiosas ejercieron el más intenso influjo sobre la humanidad, a pesar de su indiscutible falta de evidencia. (…) Es preciso preguntar: ¿en dónde radica la fuerza interna de estas doctrinas, a qué circunstancias deben su eficacia independiente de la aceptación racional? (…) Son ilusiones, cumplimientos de los deseos más antiguos, más intensos, más urgentes de la humanidad; el secreto de su fuerza es la fuerza de estos deseos. Sabemos que la impresión terrorífica que provoca al niño su desvalimiento ha despertado la necesidad de protección -protección por amor-, proveída por el padre; y el conocimiento de que ese desamparo duraría toda la vida causó la creencia en que existía un padre, pero uno mucho más poderoso. 

Llamamos ilusión a una creencia cuando en su motivación prima sobre todo el cumplimiento del deseo (…) Lo característico de la ilusión es que siempre deriva de deseos humanos; en este aspecto se aproxima a la idea delirante de la psiquiatría

En las épocas de su ignorancia y su endeblez intelectual, las renuncias de lo pulsional indispensables para la convivencia humana sólo podían obtenerse a través de unas fuerzas puramente afectivas. (…) La religión sería la neurosis obsesiva humana universal; como la del niño, provendría del complejo de Edipo, del vínculo con el padre.

   Pero si la religión –la ilusión- pudo tener algún valor positivo en otros tiempos, ahora parece que queda ya superada.

Sería una indudable ventaja dejar en paz a Dios y admitir honradamente el origen sólo humano de todas las normas y todos los preceptos de la cultura. Con la pretendida sacralidad desaparecería también el carácter rígido e inmutable de tales mandamientos y leyes. Los hombres podrían comprender que fueron creados no tanto para gobernarlos como para servir a sus intereses; los mirarían de manera más amistosa, y en vez de su abolición se propondrían como meta su mejoramiento. Significaría ello un importante progreso por el camino que lleva a reconciliarse con la presión de la cultura.

   En la parte final de su ensayo, para agilizarlo, Freud se inventa a un “antagonista” que le mostraría, de forma un tanto cínica, la necesidad de la religión habida cuenta de lo improbable que parece el advenimiento del reino de la razón científica para las masas.

Si pretende eliminar la religión de nuestra cultura europea, sólo podrá conseguirlo mediante otro sistema de doctrinas, que, desde el comienzo mismo, cobraría todos los caracteres psicológicos de la religión, su misma sacralidad, rigidez, intolerancia, y que para preservarse dictaría la misma prohibición de pensar. (…) Nos vemos precisados a imponer a la criatura en crecimiento algún sistema de doctrinas destinado a obrar sobre ésta como una premisa sustraída a la crítica; y el sistema religioso me parece con mucho el más apto para ello, desde luego, justamente por su virtud consoladora y cumplidora del deseo

Creo que ahora hemos trocado los papeles; usted se muestra como el visionario que se deja arrebatar por ilusiones, y yo defiendo la causa de la razón, el derecho al escepticismo. Lo que usted ha presentado paréceme edificado sobre errores que, siguiendo su mismo proceder, me es lícito llamar ilusiones, porque dejan traslucir sobradamente el influjo de sus deseos. Usted pone su esperanza en que generaciones que no hayan experimentado en su primera infancia el influjo de las doctrinas religiosas habrán de alcanzar con facilidad el anhelado primado de la inteligencia sobre la vida pulsional. Es sin duda una ilusión; la naturaleza humana difícilmente cambiará en este punto decisivo.

   A esto, Freud contesta (se contesta a sí mismo):

Mis ilusiones no son incorregibles, como las religiosas, no poseen el carácter delirante. Si la experiencia llegara a enseñar -no a mí, sino a otros que vengan después y piensen como yo- que nos hemos equivocado, renunciaremos a nuestras expectativas.

El primado del intelecto se sitúa por cierto en épocas futuras muy, pero muy distantes, aunque quizá no infinitamente remotas. Y como es posible que se proponga las mismas metas cuya realización espera usted de su Dios a la medida humana, desde luego, hasta donde lo permita la realidad exterior, el amor entre los seres humanos y la limitación del padecimiento, tenemos derecho a decir que nuestro enfrentamiento es sólo provisional, no es inconciliable.

A la larga nada puede oponerse a la razón y a la experiencia, y la contradicción en que la religión se encuentra con ambas es demasiado palpable. Tampoco las ideas religiosas purificadas podrán sustraerse de ese destino mientras pretendan salvar algo del contenido consolador de la religión. 

  Pero Freud probablemente se equivocaba en algunas cosas. Para empezar, no está tan claro que el poder consolador de la religión descanse exclusivamente en las invenciones de Dioses (alucinaciones para las personas intelectualmente desfavorecidas, fraudes para los más intelectualmente preparados). El poder consolador de la religión proviene de la construcción de doctrinas éticas simbólicamente expresadas que conmueven afectivamente a los individuos en comunidad, y esto no requiere de creencias irracionales, sin que por eso sean lo mismo que la política ni la educación (antes al contrario, la política y la educación suelen utilizar a la religión para sus propios fines, lo cual ha sido una calamidad recurrente a lo largo de la evolución social).

 La fe no es sólo “creer sin ver”, sino una necesaria convicción para actuar cuando nos resulta imposible conocer las consecuencias finales de nuestros actos, y sin la cual ninguna acción efectiva sería posible pues la certidumbre es inalcanzable. Un estudiante universitario de primer año necesita fe en que su capacidad intelectual estará a la altura de sus esperanzas a fin de esforzarse, aunque carezca de evidencia alguna sobre su capacidad real. Esta fe no supone sólo una expectativa a nivel cognitivo: es un efecto emocional que nos permite desarrollar una vida plenamente humana.

   La fe en esta acepción es, por tanto, una necesidad racional, y la necesidad de organizar el consuelo y mecanismos comunitarios de afectos es igualmente racional. Y para eso no hacen falta Dioses. Las religiones llevan milenios evolucionando y a lo largo de esa evolución (por ejemplo, desde el politeísmo brutal que exigía sacrificios humanos hasta el bondadoso Dios único de los cristianos reformados) se ha ido desarrollando también la racionalidad humana y se han alcanzado grandes mejoras sociales.

   Probablemente se equivocaba Freud también en considerar la “razón” como una fuerza moral irresistible e incompatible con la religión. La razón de su tiempo –y del nuestro- no era aún esa razón que estaría detrás de una sociedad futura en la que

satisfacciones de deseo hoy totalmente posibles parezcan tan inaceptables como ahora lo es el canibalismo

  Y no llegaremos a ella sin comprender previamente el auténtico significado del consuelo y posibilidades de acción que nos presentan las religiones. No es impensable que en un futuro se cree una forma de ideología simbólica, compatible con la razón, que sea capaz de conmover emocionalmente al individuo y que pueda promover un comportamiento prosocial, empático y altruista, capaz de dinamizar una vida armoniosa en comunidad.

  El mismo Freud hará en este ensayo la siguiente observación  acerca de las posibilidades de una cultura totalmente racional, alejada de la religiosidad (estamos, recuérdese, en 1927…):

Quiero asegurar expresamente que está lejos de mí el propósito de formular juicios sobre el gran experimento cultural que se desarrolla hoy en el vasto país situado entre Europa y Asia. No tengo el conocimiento ni la capacidad para decidir si es o no realizable, ni para examinar si los métodos empleados son adecuados al fin

    En cualquier caso, millones de hombres y mujeres pusieron su fe en aquel “gran experimento cultural”, cuya ideología y doctrina racionales se difundieron mediante escritos sagrados y símbolos reverenciados capaces de conmover y esperanzar a sociedades enteras. El experimento, como todos sabemos, fracasó rotundamente, pero de su fracaso, como del de las religiones teístas, algo podemos aprender hoy, tanto como también podemos aprender de los errores y aciertos de Sigmund Freud en su “El porvenir de una ilusión”.

lunes, 21 de octubre de 2013

“Estructura y función en la sociedad primitiva”, 1952. A.R. Radcliffe-Brown

Lo que el antropólogo social ha de estudiar es el proceso de la vida social, y no una entidad concreta, como “sociedad” o “cultura”. El objeto de estudio ha de ser una inmensa multitud de acciones e interacciones entre los seres humanos. En estas se dan ciertas regularidades y rasgos generales en un área determinada. Esto puede denominarse una “forma de vida social” o “cultura”.

Podemos aceptar provisionalmente la teoría de la evolución social de Herbert Spencer en el sentido de que ha habido un desarrollo de formas sociales más complejas a partir de otras más simples a partir de un proceso de diversificación. La adaptación cultural consiste en el proceso social mediante el cual el individuo adquiere hábitos y características mentales que le adaptan a un lugar en la vida social y le capacitan para participar en sus actividades. 

  El planteamiento de A.R. Radcliffe-Brown acepta, pues, una idea de progreso social, pero se centra en el estudio de cómo y por qué mecanismos el ser humano participa en el cambio de las estructuras colectivas cuyo estudio a lo largo del tiempo nos revelaría –o no- cómo llega a darse tal progreso.

Cualquier vida social humana requiere el establecimiento de una estructura social consistente en una red de relaciones entre individuos y grupos de individuos, relaciones que implican derechos y deberes que han de ser definidos. Esto se satisface mediante sistemas de justicia e instituciones legales. 

Una relación social existe entre dos o más personas cuando existe una cierta armonización de sus intereses particulares por convergencia y ajuste de intereses comunes. 

   El origen de las relaciones humanas siempre estará en la familia, pero la idea de familia no debemos entenderla en el sentido convencional de "familia nuclear" consanguínea.

Los miembros de un clan se consideran parientes aunque sea imposible demostrar su procedencia mutua de un antepasado común. Ésa es la diferencia entre un clan y un linaje. 

Una horda puede definirse como un grupo de parientes cercanos por línea masculina y exógamo (los cónyuges provienen de diferentes grupos de parientes).

   Los grupos de parientes masculinos en torno a los cuales se forma la "Horda" suponen una característica especial de los humanos y de otros pocos mamíferos, pues en la mayoría de los animales son las hembras las que forman el núcleo de la manada, de modo que los machos deben buscar las hembras en grupos extraños. Los grupos humanos "matrilineales" (formados en torno a un núcleo de parientes femeninas más sus cónyuges de grupos externos) son minoritarios con respecto al total (aproximadamente un diez por ciento), y cuentan además con peculiaridades de comportamiento propias.

  E incluso siendo familia, clan o linaje, hay que aprender a vivir juntos y con los vecinos. Cada día.

Se pueden considerar cuatro tipos de alianzas entre los pueblos primitivos: intermatrimonio, intercambio de bienes y servicios, fraternidad de sangre mediante ritos sagrados y relación burlesca. 

   Lo de la relación burlesca puede parecer a primera vista un poco intrascendente pero se trata de una pauta de conducta que, por su utilidad social, se repite en la mayor parte de las sociedades primitivas.

En la relación burlesca se da el privilegio de desacato y libertad, y se impone la obligación de no ofenderse. (Algo parecido sucede en las relaciones sociales de evitación.)

Entre algunos pueblos de diferente lengua hay relaciones de amistad a pesar de que se prohíbe el intermatrimonio. La relación de amistad se sustenta por prohibición solemne de agresión, intercambio de bienes y servicios, y algunos casos de relación burlesca que funcionan como “alianza catártica”, en la que se intercambian insultos. 

   Visto así, la vida aldeana parece relajada y apacible. Nuestros antepasados no carecían de recursos para hacerse la vida llevadera a pesar de la división en grupos...

El rasgo característico de la vida social es que las actividades de ciertas personas proporcionan gratificaciones a otras personas.

  Pero, a pesar de todo, las relaciones sociales resultan conflictivas, y los recursos más próximos no siempre sirven a nivel de grupo.

Las instituciones son las normas de conducta establecidas de una forma particular de vida social. Se trata de una pauta de conducta reconocida por un grupo o clase distinguible, del cual es institución. (…)  La estructura social, la familia, por ejemplo, para sus relaciones constitutivas necesita normas, que emanan de las instituciones. (...) Las instituciones sociales son modos regularizados de la conducta que constituyen la maquinaria mediante la cual una estructura social mantiene su existencia y continuidad. 

Una sociedad puede quedar sumergida en una situación de desunión o inconsistencia funcional, que sería el equivalente a enfermedad, aunque sería muy raro que muriera. Existe inconsistencia funcional cuando dos aspectos del sistema social dan lugar a un conflicto que sólo puede ser resuelto mediante un cambio en el propio sistema. La consistencia es algo relativo. Ningún sistema social consigue una perfecta consistencia, por lo cual todo sistema está cambiando continuamente. A veces este cambio se produce mediante el reconocimiento consciente de la insuficiencia por parte de los miembros de la sociedad y la búsqueda consciente de la solución. 

    Si ningún sistema social consigue una perfecta consistencia, es obvio que siempre habrá insatisfacción. Resolver ésta tal vez acabe promoviendo, a la larga, algún progreso futuro. Lo que pasa es que el cambio y el progreso requieren de cierta visión del mundo:

Para el primitivo no existe la ley y el orden naturales, toda la naturaleza forma parte del orden social y moral. Este concepto es fundamental para comprender la mentalidad primitiva y la religión. 

    Más sobre la religión:

La religión desempeña la parte más importante en el mantenimiento de la cohesión y equilibrio sociales. La religión es parte intrínseca de la constitución de la sociedad. 

La diferenciación entre magia y religión para Malinowski es que la magia es un ritual con un fin comprensible, mientras que la religión es un fin en sí mismo. 

La aparición de nuevas religiones puede interpretarse como intentos de superar un fallo funcional. De todas formas, una sociedad puede ser funcionalmente estable (unidad funcional y consistencia) practicando la brujería, el canibalismo y la poligamia, más que otra que nos parezca más avanzada.

   E incluso más allá de la religión:

Ley, moralidad y religión son tres modos de controlar la conducta humana que en las diferentes civilizaciones se mezclan y combinan. Para el mismo acto incorrecto puede haber sanciones legales, de opinión pública y religiosas. 

   Un gran descubrimiento tuvo lugar hace dos mil años, y muy lejos de Occidente:

En China, Mo Ti, después de Confucio, llegó a decir que los rituales eran inútiles y estorbaban a los propósitos altruistas verdaderamente útiles. Los seguidores de Confucio replicaron que los ritos cumplen una función social al ser una expresión embellecida de emociones altruistas y respetuosas.(…) Puede decirse que la religión desarrolla el sentido de dependencia hacia los antepasados y hacia sus sucesores, generando una obligación moral a nivel social. Los filósofos chinos ya racionalizaron esto hace dos mil años.

   Al aceptar el valor del ritual por el ritual, da la impresión de que los sabios chinos cayeron en una especie de utilitarismo cínico: no importa lo que signifiquen los rituales, lo que vale es que unen a la gente. Eso está a un nivel intelectual digno de la modernidad occidental… pero el problema es que se conformaron con eso, nadie creía en nada y así estaban bien mientras cumplieran los ritos y mostraran respeto, lo cual acabó convirtiéndose en un obstáculo al progreso social. Se podrá opinar que los romanos del Imperio pensaban de forma parecida, pero no es cierto: el ritualismo político de la religión romana no satisfacía a los sabios de Occidente y cuando los cristianos (y otras religiones trascendentes que compitieron con él) arremetieron contra la religión oficial, surgió el caos… y el progreso. En cambio, la civilización china, siempre respetuosa del ritualismo político-religioso, se estancó.

   Por otra parte, esto de la religión como ritual que une, ya viene de las religiones ancestrales.

Para comprender el totemismo es preciso comprender en general la actitud ritual, pues el totemismo consiste en la imposición social de una actitud ritual respecto a ciertos objetos. Se sobreentiende que la actitud ritual con respecto a los objetos es representativa del orden social. Podría tratarse de la expresión colectiva del respeto al orden social.(…) Se puede comparar con los santos de la Iglesia católica, que son sagrados para todos los católicos pero que algunos son especialmente reconocidos por determinados grupos, como “patrones”. 

   Pero una cosa es hacer las cosas, y otra saber lo que estás haciendo y por qué…

En ciertas circunstancias el ser humano está inquieto respecto al resultado de ciertos hechos o actividad que depende de circunstancias que no puede controlar, por eso tiende a construir un rito que le tranquilice en alguna medida, como el caso de quien toma una mascota o amuleto.

Para comprender una religión es más importante fijarse en los ritos que en las creencias, puesto que los ritos son el elemento más estable y duradero. El cristianismo, en teoría, es diferente, pues pone el énfasis en la fe, la asunción de la creencia, y no en los ritos que la exteriorizan. (…)  Las instituciones religiosas son más antiguas que las doctrinas religiosas. 

   Una definición de “progreso”:

El progreso es el proceso mediante el cual los seres humanos logran un mayor control sobre el medio físico mediante el incremento del conocimiento y el avance técnico. La evolución sería el proceso de aparición de nuevas formas de estructura. 

   Esto es “estructura social”:

Una relación social puede darse entre particulares como hecho aislado, pero toda relación social puede interpretarse en tanto que forma parte de una red general de relaciones sociales entre particulares, y esto sería la estructura, dentro de la cual se dan las relaciones sociales. Tampoco hemos de relacionar “estructura social” con las relaciones entre grupos sociales, las relaciones de persona a persona pueden también darse como vinculadas a estructuras sociales.

   ¿Y qué es del pobre individuo, perdido entre relaciones y estructuras?

La conciencia es el reflejo en el individuo de las sanciones de la sociedad. 

Las obligaciones morales son reglas de conducta que si no se observan provocan una censura que conlleva sanción. En occidente se suele considerar que el pecado siempre es voluntario, pero en otras sociedades hay pecados involuntarios. 

Ley es el control social mediante la aplicación sistemática de la fuerza de la sociedad políticamente organizada. 

  Pero los mismos individuos son parte de este mundo que impone normas y represiones, ya que, al obrar sobre la persona, el mundo también crea, hasta cierto punto, al mismo individuo.

En el derecho nativo africano no se considera que un juez ha resuelto apropiadamente hasta que todas las partes afectadas están satisfechas con la sentencia. (…) Se considera impropio que la persona ofendida conserve resentimiento después de haber sido satisfecha su reclamación según la costumbre. En el derecho moderno los actos que caen dentro de la esfera del Derecho Civil son los que causan un perjuicio, pero no son motivo de reprobación. 

   ¿En qué mundo querríamos vivir?, ¿seríamos capaces de decidirlo por nosotros mismos?

lunes, 14 de octubre de 2013

“Los ángeles que llevamos dentro”, 2011. Steven Pinker

  El principal problema humano es, sin duda, la violencia. Sin las actitudes violentas, la capacidad humana para una cooperación inteligente por el bien común alcanzaría metas prácticamente inimaginables, así que el libro de Steven Pinker se centra en este primordial asunto, haciéndose notar en cada página la trascendencia del hallazgo de posibles soluciones. Trata de mostrarnos qué es lo que sabemos hasta ahora y, además, nos alienta con la constatación estadística de que en los últimos tiempos se han dado espectaculares progresos.

La mente es un sistema complejo de facultades emocionales y cognitivas. Algunas de estas facultades nos predisponen a cierta clase de violencia. Otras nos predisponen a la cooperación y la paz.  

Las sociedades más pacíficas también suelen ser más ricas, sanas y cultas. 

La agresividad no es un impulso único, es el resultado de varios sistemas psicológicos. Hay una violencia instrumental para obtener una serie de objetivos, y hay un deseo de dominio o autoridad. Hay también venganza, ideología y sadismo.

Los seres humanos vienen provistos de impulsos que pueden alejarnos de la violencia: empatía, autocontrol, sentido moral y razón.

   En cualquier caso, aquí tenemos datos creíbles que nos muestran que, al contrario de lo que deja ver la demagogia catastrofista supuestamente bien intencionada, la situación actual de la humanidad es comparativamente mejor de lo que nunca ha sido.

El cambio a las primeras civilizaciones fue acompañado por una disminución en las incursiones y las contiendas. (…) Entre finales de la Edad Media y el siglo XX los países europeos asistieron a una disminución entre diez y quince  veces en el número de homicidios. (…) Norbert Elias atribuía este descenso a la consolidación de un entramado de territorios feudales en grandes reinos con una autoridad centralizada. (…) En la Era de la razón, la Ilustración, se producen los primeros movimientos organizados para abolir formas de violencia hasta entonces socialmente toleradas. Algunos denominan a esto una “revolución humanitaria”.

El índice de muertes violentas en los yacimientos arqueológicos desde hace 14,000 años hasta el siglo XVIII da un porcentaje promedio del 15 %. (…) En las sociedades de caza y recolección que sobreviven, el porcentaje es muy parecido.

En el imperio precolombino de Mexico se llegaba a la cifra del 5 %, la más alta en las civilizaciones avanzadas. (...)  El índice anual medio de mortalidad violenta en las sociedades sin estado es de 524 por 100.000. En el Imperio azteca era aproximadamente la mitad. 

Un pueblo primitivo como los semai, que hacen lo posible por evitar la guerra, tiene todavía un índice de homicidio de 30 por 100,000 (el cuádruple del promedio mundial, incluyéndose en el cálculo las naciones civilizadas más violentas). (...)  Vivir en una civilización reduce la probabilidad de tener una muerte violenta.

  Tanto peor para la leyenda del "buen salvaje"

  Y yendo a datos más actuales…

En las últimas cuatro décadas del siglo XX, el porcentaje de muertes violentas en Estados Unidos, incluyendo los muertos en guerras, es inferior al 1%.(…) En general, puede ser estimado que durante el siglo XX murió de forma violenta el 0.7% de la población.

Entre 1970 y 1980 el índice de homicidios anual de Estados Unidos fue de 10 por 100,000 habitantes. (…) Si el índice llegara al 1000 por 100,000 tendríamos una probabilidad mayor del 50 % de morir asesinados.(..) El índice anual de homicidios de Estados Unidos pasó de 10,2 en 1980 a 4,8 en 2010.
  
El índice actual de homicidios en los países europeos occidentales está por debajo del 1 por 100,000. 

   Estados Unidos, aunque ha mejorado mucho desde 1980, sigue manteniendo un índice que es más del triple no sólo del de los estados europeos occidentales, sino también mucho más alto que el de Canadá, en la misma región cultural y geográfica. Dentro de los Estados Unidos, son los estados del sudeste los que cuentan con los índices más altos. Algunos estados en la frontera con Canadá tienen índices semejantes a los de Europa occidental.

  Si queremos llegar hasta el final, es decir, hasta el mayor índice posible de no-violencia social, tenemos que averiguar cuáles han sido los factores que han llevado a ese cambio y trabajar a partir de ahí. Steven Pinker refleja en su libro una asombrosa lista de teorías y reflexiones sobre el particular, pero, de todas ellas, la más convincente (aunque no lo explica todo) es la que parte de la teoría del "el Proceso de civilización", del ya mencionado Norbert Elías.

Norbert Elias atribuye el descenso de la violencia a un cambio psicológico. Los europeos inhibieron cada vez más sus impulsos, previeron las consecuencias a largo plazo de sus acciones y tuvieron en cuenta los pensamientos y sentimientos de otras personas. Una cultura del honor dio paso a una cultura de la dignidad (la disposición a controlar las propias emociones). Estos ideales tuvieron origen en instrucciones explícitas que ciertos árbitros dieron a los nobles y aristócratas.

  Norbert Elías se fija sobre todo en el cambio de la Edad Media, desde el feudalismo, que implicaba constantes luchas por el dominio de la tierra, hasta los estados absolutos, donde el poder político cada vez más concentrado en manos de los reyes permitió la imposición de un mayor orden. Pero está claro que los señores feudales jamás hubieran cedido su poder de no haberse dado la convicción de que el bien común podía justificar ciertas cesiones en la "cultura del honor".

  Veamos qué sería esta “cultura del honor” a la que Steven Pinker hace numerosas referencias (y a la que atribuye también la relativa alta tasa de homicidios en Estados Unidos, particularmente en los estados del sudeste del país):

La clave de la política de disuasión es la credibilidad de la amenaza a la que vamos a responder. Si nuestro adversario cree que puede eliminarnos al primer golpe, no tiene motivos para temer represalias.(…) Hay que refutar cualquier sospecha de debilidad. Puede actuarse por pequeñeces, como un signo de menosprecio. Hobbes, el autor de “Leviatan”, lo llamaba “gloria”, puede ser también “honor”, o, más funcionalmente, “credibilidad”.

   A propósito de Hobbes, la idea de la “trampa hobbesiana” es la de una escalada de intimidaciones preventivas a fin de alcanzar una disuasión creíble: has de atacar para disuadir que te ataquen, y lo mismo se espera que haga el otro… El circuito de ataques preventivos y consecuentes venganzas es lo que lleva al altísimo porcentaje de muertes violentas entre los pueblos de cazadores-recolectores.

    Sin embargo, una aproximación lúcida a la psicología humana nos demuestra cómo esta actitud ancestral puede ser contrarrestada para beneficio de la gran mayoría.

La disminución de la violencia acaso se deba en parte a una expansión de la empatía, pero también debe mucho a facultades de cocción más lenta, como la prudencia, la razón, la ecuanimidad, el autocontrol, las normas, los tabúes y las concepciones sobre los derechos humanos.

Las reformas humanitarias se producen por una mayor sensibilidad hacia las experiencias de los seres vivos y a un deseo genuino de aliviar su sufrimiento. El proceso cognitivo de la adopción de perspectivas y la emoción de la solidaridad deben figurar en la explicación de numerosas disminuciones de violencia.

Una cultura del honor. en la que se respetaba a los hombres por arremeter contra los insultos, se convirtió en una cultura de la dignidad, en la que se respetaba a los hombres por controlar sus impulsos.

  ¿Cómo pudo producirse este cambio?  Steven Pinker, como hemos visto arriba, ha llamado la atención acerca de la existencia de “ciertos árbitros” que dieron “instrucciones explícitas a nobles y aristócratas”, y que se hicieron notar en el mundo de la Edad Media al influir en el sentido de que se promoviera el apaciguamiento.

Lancelot tenía la costumbre de no matar nunca a un caballero que le pidiera clemencia.

La Europa medieval se calma un poco cuando los caballeros quedan bajo el control del rey.

El descenso europeo de la violencia estuvo acompañado por un descenso de la violencia entre la élite.

Había códigos militares de honor que intentaban inútilmente prohibir las matanzas de civiles en la guerra, y ocasionales protestas de pensadores de la modernidad temprana como Erasmus y Grotius.
  
Inglaterra fue el primer país en pacificarse.

  Las reformas humanitarias de la Ilustración tuvieron lugar bastante después de Erasmus y Grotius, y antes de ellos tuvo lugar el proceso de disminución de la violencia en la sociedad feudal a la que Norbert Elías hace referencia y que fue promovida por los “árbitros” mencionados. El cambio tuvo que comenzar antes y, sorprendentemente, en su largo libro, Steven Pinker no dedica mucho espacio a ello.

   ¿Quiénes eran, pues, los “árbitros” a los que Steven Pinker hace referencia y que actuaron antes de la Ilustración?, ¿cómo lograron ser escuchados?, ¿por qué Lancelot es clemente mientras que Aquiles es colérico e implacable?

  ¿Y antes de la Edad Media? Al fin y al cabo, esos "árbitros" no pudieron surgir de la nada...

En los siglos recientes, la Biblia ha sido reinterpretada, metaforizada y sustituida por textos menos violentos, como el Nuevo Testamento y el Talmud.

Los israelitas alardeaban de que su dios era moralmente superior al de las tribus vecinas porque exigía que se le sacrificaran vacas y ovejas, no niños

El profeta Isaías expresó la esperanza de que con las espadas se forjaran arados.

La prohibición del infanticidio quedó más clara en el Talmud y en el cristianismo, de donde pasó al Imperio Romano tardío; la prohibición provenía de una ideología según la cual la vida pertenece a Dios. 

  Lo que nos sitúa en la época romana e incluso un poco antes. ¿Se trata de la aparición del cristianismo? Steven Pinker no dice cosas muy amables sobre esta religión, ni sobre las religiones ni las ideologías en general…

Los martirólogos cristianos describen los tormentos de los mártires con un deleite pornográfico.

El voyeurismo de los martirologios no fue suscitado para suscitar indignación ante la tortura sino para inspirar respeto por la valentía de los mártires.

La costumbre de los sacrificios humanos cayó en desuso entre los judíos, si bien sobrevivió como ideal en una de sus sectas disidentes, según la cual Dios aceptaba el sacrificio-tortura de un hombre inocente a cambio de no infligir un destino peor al resto de la humanidad. La secta se llamaba cristianismo.

Es la ideología lo que ha desencadenado  las peores cosas que los individuos se han hecho unos a otros.

La teoría de que la religión es una fuerza de paz no cuadra con los hechos históricos.

   Y sin embargo, todo apunta a que fueron invenciones cognitivas (ideas) las que marcaron la diferencia en cuanto a la actitud del individuo frente a la violencia a lo largo del proceso histórico.

Las creencias y las prácticas religiosas responden a las corrientes intelectuales y sociales. Cuando las corrientes se mueven en direcciones ilustradas, las religiones suelen adaptarse a ellas.

  ¿”Corrientes intelectuales y sociales”?, ¿cómo se originan?, ¿cómo se expanden? Si logramos averiguar esto, tal vez tendríamos la clave para alcanzar niveles de apaciguamiento aún mayores.

El sentido moral humano, en las ocasiones en que se desarrolló adecuadamente,  puede reivindicar algunos progresos monumentales, incluidas las reformas humanitarias de la Ilustración.

    Pero, una vez más, volvamos al tiempo anterior a la Ilustración, que nos resulta imprescindible para conocer cómo la Ilustración misma tuvo lugar: ¿qué “corrientes intelectuales y sociales” llevaron a la necesaria situación previa? Según Pinker, no pudo ser la religión cristiana que se profesaba en la Europa pre-Ilustrada.

Se pasó de valorar almas a valorar vidas. La doctrina del carácter sagrado del alma suena vagamente a elevación del espíritu, pero en realidad es algo muy maligno. Reduce la vida en la Tierra a una fase temporal. (…) A la gradual sustitución de almas por vidas ayudó el ascenso del escepticismo y la razón. Las creencias debían estar justificadas por la experiencia y la lógica. (…) Las creencias deben fundarse en la razón.

  ¿Escepticismo y razón?, ¿creencias fundadas en la razón? ¿Eran los mencionados “árbitros” de la Edad Media predicadores del escepticismo y la razón? ¿Cómo es posible que nunca hayamos oído hablar de ellos? Veamos de nuevo:

Norbert Elias atribuye el descenso de la violencia a un cambio psicológico. Los europeos inhibieron cada vez más sus impulsos, previeron las consecuencias a largo plazo de sus acciones y tuvieron en cuenta los pensamientos y sentimientos de otras personas. Una cultura del honor dio paso a una cultura de la dignidad (la disposición a controlar las propias emociones). Estos ideales tuvieron origen en instrucciones explícitas que ciertos árbitros dieron a los nobles y aristócratas.

  Mucho nos tememos que Steven Pinker se hace un lío llevado por sus prejuicios personales contra religiones e ideologías en particular (Steven Pinker se ha definido públicamente a sí mismo como “ateo y judío”)… porque no existían escépticos en la Edad Media europea (y, desde luego, si había alguno, no era en absoluto influyente) y los únicos pensadores racionalistas de la Antigüedad clásica (muy lejos también, en cualquier caso, de la Edad Media) apenas si tuvieron un mínimo eco entre las élites durante un breve período. Lo que sí existió fue una evolución del pensamiento religioso y de la correspondiente ideología. Erasmus y Grotius  procedían de la Reforma (si bien Erasmus no se posicionó públicamente contra la Iglesia católica). La misma Reforma que dio lugar al desencadenamiento de terribles guerras de religión… pero que no sólo dio lugar al desencadenamiento de terribles guerras de religión.

La ideología surge de muchas de las facultades cognitivas que nos hacen inteligentes: prevemos largas y abstractas cadenas de causalidad; adquirimos conocimientos de otras personas y utilizamos abstracciones.

   En realidad, para que el escepticismo y la razón lleguen a tener alguna influencia, sólo pueden conseguirlo a través de las ideologías de masas, que antes del siglo XVIII sólo podían tener forma religiosa. El cristianismo era una versión del judaísmo fuertemente influida por el racionalismo de la filosofía griega, y los “árbitros” de la Edad Media que Steven Pinker y Norbert Elías mencionan, de forma un tanto vergonzante (no atreviéndose a señalarlos por su nombre), eran eclesiásticos que instigaron a las élites aristocráticas y guerreras la adopción parcial de las técnicas de autocontrol del comportamiento que se practicaban en los monasterios: la reglamentada caballerosidad medieval resultaba ser una versión atenuada de las reglas monásticas, de la misma forma que el amor cortés del caballero por su dama estaba inspirado en el culto a la Virgen María.

  Estas innovaciones, por supuesto, no equivalían aún al gran cambio de la Ilustración que tendría lugar después

Para que la actitud de rechazo a la guerra no dependa de la decisión de cada uno de ser virtuoso, debe estar cimentada en instituciones y políticas. Fue en la era de la Razón y la Ilustración cuando el pacifismo evolucionó desde un sentimiento piadoso pero inútil a un movimiento con una agenda factible. (…) En el siglo XVIII se produjo la aparición de teorías  según las cuales la guerra era irracional y evitable.

  Pero hasta el siglo XVIII era precisamente la voluntad de “ser virtuoso” la única forma en que los deseos de apaciguamiento podían realizarse en alguna medida. El “sentimiento piadoso” no era inútil, como el mismo Steven Pinker ha señalado veladamente al referirse al “proceso de civilización” que tuvo lugar al final de la Edad Media. Lo que sucede en el siglo XVIII es un gran avance al producirse el reconocimiento de los derechos individuales por las instituciones políticas, ahora ya independientemente de los ideales religiosos, pero este avance se dio en el mismo sentido ya marcado por las tendencias pacifistas que inspiraron la aparición del cristianismo, dos mil años antes de la “revolución humanitaria" (el pacifismo cristiano no surge de la nada: es la versión popular de los ideales elevados de la virtud de los filósofos).

  Otra teoría, sin embargo, habla de que el origen de todos estos cambios estuvo no en la mera expansión de ideas humanitarias (al principio religiosas, luego políticas), sino en el beneficio económico que comportarían:

Los individuos mostraron más autocontrol y desarrollaron mayor empatía. No lo hicieron como ejercicio de mejora moral, sino para afinar su capacidad de introducirse en la cabeza de burócratas y comerciantes y prosperar en una sociedad que dependía cada vez más de las redes de intercambio.

  A esto se puede responder que todo sistema económico es perfecto para las costumbres de su época y que las riquezas materiales no son siempre las más valoradas. El deseo de prestigio social, por ejemplo, puede favorecer que se busquen las riquezas mediante el saqueo a los enemigos, y no tanto mediante la cooperación. El guerrero, de fortuna variable, durante muchos siglos ha recibido mucho más reconocimiento que el acaudalado mercader.

Se dice que las personas se vuelven más compasivas a medida que su vida mejora. (…) Sin embargo, muchos de los estados más ricos de la época, como el Imperio Romano, eran un hervidero de sadismo. (…) De hecho, entre 1200 y 1800, ciertos patrones de bienestar económico, como los ingresos, calorías per capita, no revelaban una tendencia ascendente en ningún país europeo. 

La tesis del “doux commerce” (dulce comercio) consiste en que el comercio es una forma de altruismo recíproco que ofrece beneficios de suma positiva a ambas partes. (…) A los escépticos les gusta remarcar que en los años anteriores a la primera guerra mundial se alcanzaron niveles sin precedentes de mutua dependencia financiera entre Inglaterra y Alemania.

    Otro ejemplo de que el origen de la revolución humanitaria estuvo en el idealismo y no en la búsqueda de beneficios económicos es el mantenimiento de la institución de la esclavitud.

Los historiadores llevan tiempo discutiendo hasta qué punto la abolición de la esclavitud fue impulsada por la economía o las preocupaciones humanitarias.(…) La esclavitud del sur de los Estados Unidos no dio paso gradualmente a técnicas de producción más rentable, sino que fue abolida por una guerra. (…) La decisión británica de abolir la esclavitud fue por motivos humanitarios.

    Y Pinker se olvida de mencionar que, aún en el siglo XX, Hitler y Stalin demostraron que la esclavitud podía seguir siendo económicamente rentable. Eso no niega, por supuesto, el que tampoco nadie desaprovechara las oportunidades económicas que el proceso civilizatorio ofrecía.

A lo largo de la historia, las personas han ampliado  el abanico de semejantes cuyos intereses valoran como propios. Una cuestión interesante es saber qué amplió el círculo empático. Y una buena hipótesis es la expansión de la cultura. 

Cuando una comunidad lo bastante grande de agentes libres y racionales discute sobre cómo una sociedad debe llevar sus asuntos, guiándose por la coherencia lógica y el feedback del mundo, su consenso virará en ciertas direcciones.

Parte del mérito de la revolución humanitaria corresponde al incremento del cosmopolitismo de los siglos XVII y XVIII.

A finales del siglo XVIII aumentó el consumo de libros y aparecieron las bibliotecas de donde se podían sacar libros en préstamo. (…) Durante el siglo XVII se duplicó en Inglaterra la alfabetización. 

La moral es una consecuencia  del carácter intercambiable de las perspectivas.

  En resumen: el origen del humanitarismo está, muy anteriormente a la consolidación política de éste en el siglo XVIII, en el cambio psicológico que implica la gradual comprensión del “carácter intercambiable de las perspectivas”, y este cambio tuvo lugar, y siempre muy paulatinamente, primero en determinados entornos de la Antigüedad, como las islas griegas, con sus abundantes intercambios comerciales, con sus primeros viajeros y su constante mezcla de religiones, que llevaron a la aparición de los primeros filósofos, dramaturgos y teóricos políticos, y también en la India, donde surgirían religiones psicológicas que buscaban el apaciguamiento de la violencia individual.  Es en Grecia donde surgen el escepticismo y la razón modernos, y aquí se reciben, en la época helenística, las primeras noticias de religiones compasivas y pacifistas en tierras lejanas, como el budismo, originado en la India unos pocos siglos antes. Estas corrientes de pensamiento influirán en el judaísmo (judíos y griegos coexistían en el Mediterráneo oriental) para dar origen a una religión pacifista de masas, el cristianismo, que, con todas sus imperfecciones desde el punto de vista actual, seguirá promoviendo un proceso de autocontrol de la violencia individual (proceso de control que llevaría a las experiencias monásticas, donde se reglamentaba el comportamiento a niveles minimalistas con el objeto de obtener resultados radicales).

  Pero el deseo de vincular a los diferentes individuos, en la medida de lo posible, en torno a un sentimiento común de identificación (que en alguna medida debe excluir las luchas mutuas también entre los no emparentados consanguíneamente), se encuentra en la raíz de la misma idea religiosa.

La teoría de progreso moral explica que la selección natural dotaba a los seres humanos de un núcleo de empatía hacia parientes y aliados, que ha ido expandiéndose gradualmente a círculos cada vez más amplios de seres vivos.

   Si, una vez alcanzada la “revolución humanitaria” a partir del escepticismo y la razón ya ha finalizado la necesidad de ideologías y religiones, en tal caso, habría que ver qué métodos nos permitirían seguir avanzando hacia un control de la violencia mayor aún”
  
El desencadenante exógeno de solidaridad más poderoso es la adopción de perspectivas que realizan los individuos cuando consumen obras de ficción, biografías y reportajes.(…) Las reformas humanitarias se deben en parte a una mayor sensibilidad hacia las experiencias de los seres vivos y a un deseo genuino de aliviar su sufrimiento. El proceso cognitivo de la adopción de perspectivas y la emoción de la solidaridad deben figurar en la explicación de numerosas disminuciones de violencia.
 
  En cuanto al futuro, el libro de Steven Pinker es convencionalmente escéptico, y nos recuerda algunos supuestos inconvenientes de una expansión indefinida de los sentimientos humanitarios.

La empatía puede subvertir el sentido de la justicia: por ejemplo sentir empatía por un doliente próximo y perjudicar al mismo tiempo a otros muchos que están demasiado alejados para afectarnos.
    
Hace falta la argumentación moral abstracta para superar las restricciones intrínsecas de la empatía. Los objetivos fundamentales deben ser políticas y normas que lleguen a ser connaturales y que consigan que la empatía sea innecesaria.

  Ahora bien, otra posibilidad es seguir expandiendo la capacidad del autocontrol individual, que puede prescindir de los inconvenientes y superficialidades de las políticas y normas.

Aparte de la inteligencia, ningún otro rasgo presagia con tanta precisión una vida sana y próspera como el autocontrol.(…) El autocontrol guarda una correlación parcial con la inteligencia.

El autocontrol supone la contención de algunos de nuestros instintos básicos al servicio de motivos que somos más capaces de justificar.

En el caso de la violencia, una estrategia de autocontrol puede ser la reelaboración cognitiva de una ofensa.
  
Puede ser que las personas que aprendan estrategias de autocontrol disfruten de la sensación de dominar sus impulsos y transfieran  sus recién descubiertos trucos de disciplina desde una parte de su repertorio conductual a otro.

En una sociedad en las que los otros controlan su agresividad, una persona tiene menos necesidad de estar constantemente alerta ante posibles represalias, lo que a su vez elimina presión de los demás, y así sucesivamente.
  
  Incluso no son descartables nuevas ideologías que incidan más agudamente en el autocontrol de la violencia.

Según Martin Luther King, un tabú sobre la violencia impide que un movimiento se vea corrompido por matones y agitadores atraídos por la aventura y el caos; y preserva la moral y los objetivos entre los seguidores cuando el movimiento sufre las primeras derrotas. Al eliminar cualquier pretexto de represalia legítima por parte del enemigo, se mantiene en el lado positivo del libro de contabilidad moral a ojos de terceros.

  Ante estas posibilidades, el escepticismo convencional propio de quien favorece el statu quo de la época en que el autor escribe, parece un planteamiento pobre.

Siempre será necesario un grado moderado de violencia, aunque sólo se mantenga como reserva, en forma de fuerzas militares y policiales para impedir la depredación o neutralizar a quienes no pueden ser disuadidos.

  Cuando mucho más racional es pensar que

si los miembros de la especie tienen la facultad de razonar entre sí, así como suficientes oportunidades para ejercer esa facultad, tarde o temprano se encontrarán con los beneficios mutuos de la no violencia. (…) ¿Por qué necesitó la racionalidad humana miles de años para llegar a la conclusión de que quizás había algo malo en la esclavitud?

Uno de los medios en virtud de los cuales las personas pueden reconsiderar sus responsabilidades morales es entrar en un mundo hipotético y explorar sus consecuencias. (…) El tipo de razonamiento pertinente al progreso moral no es la inteligencia general en el sentido de capacidad intelectual en bruto, sino el cultivo del razonamiento abstracto. (…) La clase de razón que expande las sensibilidades morales no procede de grandes sistemas intelectuales, sino del ejercicio de la lógica, la claridad, la objetividad y la proporcionalidad. (…) A medida que la gente es más inteligente, hay menos violencia.

De vez en cuando el poder blando de terceros influyentes o la amenaza de la vergüenza y el ostracismo acaso tengan el mismo efecto que la policía o los ejércitos que amenazan con el uso de la fuerza.

La empatía es un círculo que se puede ensanchar, pero su elasticidad está limitada por el parentesco, la semejanza y el atractivo. (…) Es la razón la que nos enseña los trucos para ampliar la empatía. 

lunes, 7 de octubre de 2013

“Las estructuras elementales de parentesco”, 1949. Claude Lévi-Strauss

  Este libro es el que se considera que dio lugar a la llamada escuela de la “antropología estructural”. Para el lector no especializado, el asunto se vuelve complejo a medida que tratamos de comprender lo que para el científico social venía a ser una eficaz sistematización, es decir, ir de lo complejo a lo simple.

Entendemos por estructuras elementales del parentesco los sistemas cuya nomenclatura permiten determinar en forma inmediata el círculo de los parientes y los allegados. (…) Hay dos categorías: cónyuges prohibidos y cónyuges permitidos. (…) Estructuras elementales podría equivaler a lo que otros denominan habitualmente “matrimonio preferencial”.

  ¿Por qué es tan importante para el hombre primitivo determinar con quién y cómo puede uno casarse?

La exogamia es el único medio que permite mantener el grupo como grupo, evitar el fraccionamiento y el aprisionamiento indefinidos que acarrearía la práctica de los matrimonios consanguíneos: estos matrimonios podrían hacer estallar el grupo social en una multitud de familias. El vínculo de alianza con una familia diferente asegura la primacía de lo social sobre lo biológico, de lo cultural sobre lo natural. La exogamia es un esfuerzo permanente por lograr una mayor cohesión, una solidaridad más eficaz y una articulación más ágil.

 El estructuralismo va más allá de describir la necesidad de la organización matrimonial como base de la vida social: se trata de un método de estudio de la condición humana a través de determinadas funciones en la vida comunitaria. Estas funciones, cuyos patrones estarían presentes en toda forma social, reflejarían una naturaleza humana común.

La estructura consiste en un conjunto simbólico que puede expresar significaciones diferentes sin que se pueda negar por ello que existe siempre una correlación funcional entre el significante y el significado. El paso del estado de naturaleza al del estado de cultura se define por la aptitud, por parte del hombre, de pensar en las relaciones biológicas bajo la forma de sistemas de oposiciones: hombres propietarios/mujeres apropiadas, mujeres adquiridas/mujeres cedidas, vínculos por alianza/vínculos de parentesco. (…) La dualidad, la alternación, la oposición y la simetría constituyen datos fundamentales e inmediatos de la realidad mental y social. El papel primordial de la cultura es asegurar la existencia del grupo, sustituyendo el azar por la organización.

   La pluralidad de formas sociales no supone, para el estudioso, un obstáculo al hallazgo de fórmulas estructurales.

La supervivencia de una costumbre o creencia puede explicarse de dos maneras: es un vestigio sin otra significación que la de un residuo histórico o sobrevivió porque, a través de los siglos, continúa desempeñando un papel que no difiere, en esencia, de aquel que explica su aparición inicial. Los intercambios matrimoniales y los intercambios económicos forman, en la mente indígena, parte integrante de un sistema fundamental de reciprocidad.

   Las alianzas de cooperación que suponen una consecuencia de las estructuras fundamentales de parentesco también se reflejan en los conflictos.

Existe una vinculación, una continuidad, entre las relaciones hostiles y el abastecimiento de prestaciones recíprocas: los intercambios son guerras resueltas en forma pacífica; las guerras son el resultado de transacciones desafortunadas.

  Se ha dicho que la dependencia del “sujeto” frente a un sistema de sentido social que siempre existe antes que él es la aportación más perdurable del estructuralismo de Lévi-Strauss. La prohibición del incesto tendría su origen en los instintos y a la vez se determinaría por el carácter coercitivo de las leyes sociales, de modo que supondría una especie de bisagra entre el mundo natural y el cultural (ciertos instintos habrían surgido, a la larga, como consecuencia de una necesidad social). Pero su función sería claramente de tipo social: permitir el establecimiento de alianzas más allá del vínculo de parentesco.

Hay una regla de reciprocidad en el incesto: a partir del momento en que me prohíbo el uso de una mujer, que así queda disponible para otro hombre, hay, en alguna parte, un hombre que renuncia a una mujer que por este hecho se hace disponible para mí. En las sociedades primitivas el intercambio se presenta no tanto en forma de transacciones como de donaciones recíprocas.(…) Este principio impregna todas las operaciones rituales o profanas, durante las cuales se dan objetos o productos. 

   Claude Lévi-Strauss ha prestado atención al comportamiento infantil para intentar demostrar que las actitudes de apropiación y reciprocidad son innatas.

El pensamiento infantil proporciona a todas las culturas un fondo común e indiferenciado de estructuras mentales y de esquemas de sociabilidad. (…) Hay un deseo, común a todos los niños, de tener posesión exclusiva de todo objeto que les interese, así como una amarga tristeza al comprobar que otros tienen más. (…) Entre los niños sólo se desea el arbitraje después de realizar la experiencia de la imposibilidad práctica de alcanzar sus fines por propia voluntad. 

Los niños oscilan de modo perpetuo entre el amor sin límites y el odio descarnado. (...)  La relación de amistad sólo comienza con la instauración de un odio estable hacia algún otro. La hostilidad siempre permanece como la actitud primitiva y fundamental.

    Pueden parecer exageradas algunas de estas afirmaciones, pues hoy sabemos que los comportamientos afectivos unilaterales se basan en principios biológicos bastante firmes relacionados con la maternidad (el amor madre-hijo como la fuente de toda forma de amor posterior). Lo que parece más artificioso, más “cultural”, es la amistad entre iguales, basada en el intercambio recíproco. Que uno necesite de los demás no quiere decir que sienta afecto por estos. En cualquier caso, el interés particular exige algún entendimiento con el extraño por la seguridad común.

No hay contradicción entre propiedad y comunidad sino diferentes modalidades de una única necesidad primitiva de seguridad.

   En esencia, lo que encontramos en esta teoría estructural es un principio económico de la existencia humana: se desea poseer, esa posesión exclusiva se ve frustrada por la hostilidad de otros aspirantes a poseedores, de modo que el resultado de este deseo-frustración es una actitud de reciprocidad basada en “principios estructurales” como donaciones recíprocas, dualismo y prohibiciones. El libro de Lévi-Strauss está lleno de esquemas que muestran las complicadas combinaciones matrimoniales en diversos pueblos a partir de los diferentes grados de parentesco, clases sociales o subdivisiones arbitrarias. Los mismos hombres primitivos comprenden racionalmente la necesidad de estas complejidades para cimentar sus relaciones de alianza que para ellos garantizarían la seguridad de su supervivencia en medio de un entorno hostil.

Un sistema complejo de clases matrimoniales puede tomarse en préstamo de una tribu a otra.(…) La tribu puede considerar a uno de sus miembros más inteligentes como experto, y éste viaja a tribus extranjeras donde se lo instruye con paciencia. (…) Los nativos llegan a hacer diagramas de relaciones matrimoniales posibles.(…) Los primitivos son capaces de llevar a cabo un pensamiento abstracto de un grado muy elevado. El matrimonio de cada uno de los hombres constituye una ganancia, y el matrimonio de cada mujer supone una pérdida y abre un periodo de compensación.

   Un factor muy importante es el del dualismo:

La regla de exogamia no es suficiente para descartar del todo el peligro de división dentro de la tribu en base a intereses familiares enfrentados, pero con la organización dualista el riesgo de ver a una familia biológica erigirse en sistema cerrado está definitivamente eliminado. La expresión “organización dualista” define un sistema en el que los miembros de la comunidad –tribu o aldea- se reparten en dos divisiones, las cuales mantienen entre sí relaciones complejas que van desde la hostilidad declarada hasta una intimidad muy estrecha y donde, en general, se encuentran asociadas diversas formas de rivalidad y de cooperación.

Las organizaciones dualistas no se encuentran en todos los pueblos, pero sí en todas las partes del mundo, y en general están asociadas con los niveles culturales más primitivos.  El matrimonio entre primos cruzados (hijo de hermana con hija de hermano) ocupa un lugar único entre las instituciones matrimoniales. (…) Este tipo de matrimonio establece una conexión entre la prohibición del incesto y la organización dualista.

  En “Las estructuras fundamentales de parentesco” se dedica muchísimo espacio a la descripción de sistemas matrimoniales en sociedades primitivas del mundo entero, y buena parte de esta prolija exposición está dedicada a los diferentes tipos de matrimonios "de primos cruzados".

La unión preferencial entre los pueblos primitivos es el matrimonio con la hija del hermano de la madre. El matrimonio entre hija de hermana e hijo de hermano suele constituir un riesgo siempre presente, pero también la tentación irresistible de un “incesto social” que es, para el grupo, más peligroso que el incesto biológico. El matrimonio entre primos cruzados ocupa un lugar único entre las instituciones matrimoniales. (…) Este tipo de matrimonio establece una conexión entre la prohibición del incesto y la organización dualista. (…) Se trata de una categoría de parientes que descarta que las prohibiciones matrimoniales tengan un origen biológico. 

  Claude Lévi-Strauss critica, pues, que el incesto sea por completo una regla de origen  biológico, instintiva. Los partidarios de la postura contraria al "incesto biológico" dan especial importancia a la prohibición del incesto concebida como una institución social que prohíbe relaciones sexuales entre un vasto número de personas con o sin relación de consanguinidad, o al menos con relaciones de parentesco muy lejanas, pero hoy está sobradamente comprobado que los matrimonios entre personas de distinto sexo que han compartido la infancia (exista entre ellos cualquier tipo de vínculo consanguíneo o no, y aunque vivan en cualquier tipo de entorno cultural favorecedor de la costumbre contraria) resultan psicológicamente indeseables. Las pruebas son abrumadoras, desde los matrimonios entre hermanos adoptivos de hecho que se practican en algunas sociedades arcaicas, que suelen acabar en conflictos psicológicos, hasta los casos de niños criados juntos en los kibbutzim israelíes. A esto se le llama “el efecto Westermarck": el rechazo instintivo a mantener relaciones sexuales entre aquellos que conviven con nosotros durante los primeros tres o cuatro años de vida.
 
Si el horror al incesto resultase de tendencias psicológicas o fisiológicas congénitas, ¿por qué se expresaría con la forma de una prohibición que es al mismo tiempo tan solemne y esencial? No habría necesidad. (…) Es cierto que se ha hecho la comparación con el suicidio. Pero la analogía no es correcta. En el caso del incesto se trata de un fenómeno natural que se realiza habitualmente entre animales, en el del suicidio es un fenómeno extraño por completo a la vida animal. (…) La sociedad no prohíbe más que lo que ella misma suscita. (…) Toda sociedad prohíbe el incesto, no hay ninguna que no haga lugar al suicidio. 

   Obsérvese el error de considerar que el incesto se da habitualmente entre animales, lo que sólo sucede en animales en cautividad (también la homosexualidad permanente es muy rara en los animales). Por lo demás, sí existen sociedades que no toleran el suicidio, y éstas suelen ser precisamente las más evolucionadas. Hay otras prohibiciones por el estilo, como la de mantener relaciones sexuales con animales.

  Para Lévi-Strauss la prohibición del incesto constituye el movimiento fundamental gracias al cual se cumple el pasaje de la naturaleza a la cultura. En un sentido pertenece a la naturaleza por tener su mismo carácter formal, que es la universalidad, pero también en cierto sentido es ya cultura, porque actúa e impone su regla pública y solemnemente. Freud se equivocaba por completo al hablar de una tendencia instintiva al incesto.

   Pero el libro de Lévi-Strauss sí nos expone que numerosas perversiones obedecen a necesidades subordinadas a intereses sociales más amplios

Al reconocer el privilegio de la poligamia del jefe, el grupo cambió los elementos de seguridad individual relacionados con la regla monogámica por una seguridad colectiva que deriva de la organización política. Las implicaciones sexuales de la poligamia son secundarias. La sociedad primitiva dispone, aun más que la nuestra, de múltiples recursos para resolver ese aspecto del problema, como la homosexualidad, la poliandria, el préstamo de mujeres. (…) La importancia del matrimonio no es erótica, sino económica. (…) La satisfacción de las necesidades económicas descansa totalmente sobre la sociedad conyugal. Una alimentación completa depende de una cooperativa de producción de la pareja. 

   ¿Nos da la perspectiva teórica del estructuralismo algún tipo de información valiosa en cuanto a la naturaleza humana y su futuro?

   Para empezar, hemos de precavernos ante cierta exageración en lo referente a la relevancia de las relaciones económicas, puesto que se remarcan los problemas psicológicos que determinadas estructuras suponen. Por ejemplo:

Una sociedad matrilineal ha de tener una exogamia de aldea, la mujer se irá a la casa del marido, donde seguirá siendo una extranjera. Si la sociedad es matrilineal y matrilocal el marido será siempre despreciado como aquel que está allí por derecho de matrimonio.

  (Matrilineal: uno se considera descendiente de la estirpe de su madre, no de la de su padre; matrilocal: las hermanas permanecen en la aldea, donde contraen matrimonio con extraños, los hermanos han de buscar novia fuera, y allí se convierte en el extraño casado con una mujer local)

   Es un error la visión de las sociedades ancestrales como estables y armoniosas. En realidad, se producen numerosas tensiones internas, y traumáticos cambios cíclicos. Las estructuras no son soluciones permanentes y parece claro que algunas acaban siendo superadas en cualquier sociedad, con el paso del tiempo.

En sociedades en que el poder político toma la delantera sobre otras formas de organización, no puede dejarse subsistir la dualidad que resultaría del carácter masculino de la autoridad política y del carácter matrilineal de la filiación. El estudio de una sociedad matrilineal representa la promesa de una organización social complicada, rica en instituciones singulares e impregnada totalmente de una atmósfera dramática, diferente de una sociedad patrilineal. 

  De esa forma, la sociedad matrilineal sería más propia de culturas primitivas, e, igualmente, la monogamia sería más propia de culturas modernas. Esto nos demuestra que hay ciertos cambios que muestran una evolución de las estructuras. La creación y elaboración de estos sistemas estructurales supondría una primera aproximación consciente de los individuos a la resolución de problemas sociales al diseñar sistemas de alianzas. Pero estos sistemas nunca serían estables del todo, evolucionarían, y de esto se nos dan numerosos ejemplos en este libro: de matrilineal a patrilineal, de intercambio restringido a intercambio generalizado, de poligamia a monogamia…

 El objetivo siempre es el mismo: facilitar fórmulas más eficientes de cooperación social. Y a la vista de la evolución de las culturas a lo largo de cientos de generaciones, todo indica que la desaparición de los vínculos familiares y la gradual irrelevancia de las relaciones de parentesco están relacionadas con sociedades más avanzadas, es decir, con las más cooperativas.